Pepe Cerdá: Pasión vital por los pequeños detalles

Foto. Juan Carlos Ajenjo

José Antonio Val Lisa & Daniel Pérez Artigas

“Un pintor no elige su oficio, un pintor lo es desde que nace. En realidad no es un oficio, es más bien una actividad común a todos los seres humanos que suelen practicar de niños de un modo natural. De adultos lo normal es que se deje de hacerlo, los que no lo hacen terminan por ser pintores, aunque no está muy claro que los pintores sean personas adultas. Pero está es otra cuestión. Lo que elige el pintor es el qué pintar. Casi siempre  equivocadamente pero para  su suerte el modo de ser de la pintura siempre transciende lo representado”. Esta reflexión del artista Pepe Cerdá nos da una visión de su talante de “artista ilustrado”, un pintor que reflexiona sobre su oficio, y que además sabe de lo que escribe. Pero esta no es ninguna novedad, pues  la conocen muy bien los estudiosos y admiradores de su obra. 

Pepe Cerdá es un narrador y como vemos en su más amplio sentido de la palabra. Pinta realismo social e ilustración proletaria, quizás rememorando tiempos mejores en los que ayudaba a su padre en la tarea de rotular furgonetas  y decoraba aparatos de feria. También realiza retratos al natural, muchos y por lo general muy buenos. Probablemente ninguno de los retratos realizados hasta ahora por el artista haya tenido una significancia tan especial como los catorce que realizó en el año 2020 del personal sanitario que ha estado en primera línea frente a la pandemia.  Que junto a los paisajes diurnos y nocturnos de los Monegros, y alguna sorpresa más, conforman la exposición Semejanzas, que proviene del poema de Quevedo El Pincel (1645). La muestra está organizada por la Fundación Ibercaja, en el Museo Goya se Zaragoza.

María Estiragués Cerdá, 2020. Óleo sobre lienzo. Foto. Juan Carlos Ajenjo.

Paisajes exuberantes y preciosistas:

 Al comienzo de la sala  pueden verse dos obras que Pepe Cerdá realizó en 2018 en una experiencia vivida en los jardines del Museo Sorolla junto a otros artistas; se trata de las obras Lirio del jardín de la casa de Sorolla, obra emocionante y conmovedora a partes iguales, por lo que tiene de sentido homenaje a un artista de la talla de Sorolla. Le acompaña la obra Fauno del jardín de la casa de Sorolla, un tableautin  sobre el fauno romano en bronce, que reina en solitario en el jardín del madrileño Museo Sorolla. Ambos cuadros fueron pintados y luego expuestos in situ, en la colectiva Un día en casa de Sorolla: Pintores en el jardín. Y forman parte  del nutrido museo imaginario español de Cerdá.

En la primera sala se exhiben once nuevos paisajes, que tienen mucho de homenaje a su admirado Francisco Marín Bagües, destacan murales impresionantes como: Bosque y Chopera, y el tríptico Nogalera monegrina. Hay  una mezcla difícil de desentrañar de melancolía y sentimiento, de belleza y serenidad en estos paisajes crepusculares. Pepe Cerdá propone en estas obras un enlace al placer del testimonio vital de lo que nos rodea, asumiendo que podemos tener una relación poética con las cosas.

José Antonio Abuelo, 2020. Óleo sobre lienzo. Foto. Juan Carlos Ajenjo.

Retratos vocacionales:

“El 22 de abril de 2020, en pleno confinamiento, me sumé a una iniciativa nacida en Londres entre pintores retratistas. La iniciativa, que a mí me llegó a través del muro de Facebook de mi gran amiga ( y mejor pintora) Irene Cuadrado, consistía en retratar al primer sanitario  que nos hiciese llegar una foto. Tras publicar el anuncio en Facebook recibí ese mismo día decenas de fotos y cumpliendo lo anunciado pinté al primero que envió las fotos: Rubén García Gabo, médico estomatólogo en el  Hospital de Alcañiz. Desde un modo natural, con la misma laboriosa y mecánica naturalidad con la que los gusanos segregan  seda, pinté una tras otro hasta llegar a los catorce expuestos”. Así recuerda esta experiencia vital el artista en el catálogo de la exposición. En los retratos de los sanitarios encontramos emoción, cansancio, incertidumbre, miedo y sobre todo, vocación de curar, de servir y de cuidar. Pepe Cerdá los ha efigiado frontalmente, con su ropa e instrumental de trabajo. En casi todos los casos ostentan el símbolo del año que acaba de quedar atrás, la mascarilla. Vienen a sumar a los anteriores  seis retratos de trabajadores: un pescadero, un carnicero, una frutera o un panadero. En esas obras son importantes todos los detalles, desde una caja vacía en la frutería hasta el calendario en la pared de la pescadería, del suculento aspecto de la pieza de carne hasta las cosas revueltas en el suelo de la herrería. En el conjunto de los retratos observamos verdad, una verdad ruda y conmovedora a partes iguales.

Pepe Cerdá demuestra ejemplarmente que el arte no ha renunciado en absoluto a la belleza, pintando a sus dos perros; Bola, es un guiño a Goya y su Perro semihundido (1819-23), mientras que Lourbu, recuerda más al mastín que descansa en el cuadro Las Meninas de Velázquez. Goya y Velázquez, dos artistas que también  aparecen en  ese  museo imaginario español de Cerdá.

Pepe Cerdá pinta  con verdadera pasión. Su obra nos invita a volver a tocar el mundo, a sentir el aura de lo real, contemplando personas, deteniendo nuestra mirada en paisajes, en definitiva, a reconocer la pasión vital de las pequeñas cosas.

Pepe Cerdá. Semejanzas. Museo Goya Colección Ibercaja-Museo Camón Aznar. Del 18 de febrero al 17 de junio del 2021.

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