Obra de Arte del Mes

Los Compromisarios de Caspe, de Marín Bagües

José Antonio Val Lisa & Daniel Pérez Artigas

La pintura de historia fue un género bastante frecuente  que se consagró durante la segunda mitad del siglo XIX en todo el ámbito internacional, y que se prolongó incluso hasta los primeros años del siglo XX. En Aragón, fue muy solicitado por las instituciones públicas, que no dudaron en efectuar encargos a los pintores más afamados. Sabemos que los primeros formalizados por la Diputación Provincial de Zaragoza y el Casino Principal para crear galerías de retratos datan ya de mediados de la centuria decimonónica, y que en 1878, el Ayuntamiento de Zaragoza encargó a Francisco Pradilla que comenzase una galería de retratos históricos de los principales reyes aragoneses pintando a Alfonso I  el Batallador y Alfonso V el Magnífico.

Su peculiaridad reside, no obstante, en los asuntos recreados, claramente relacionados con la historia y la literatura del reino de Aragón. Los más habituales se inspiraban en la exaltación nacionalista del antiguo reino desde prácticamente su formación, en los albores del siglo XII, hasta su disolución, y con aquellos personajes que la protagonizaron (los Sitios de Zaragoza, el general Palafox y Agustina de Aragón). Y naturalmente los relacionados con la mitología y la literatura generada por la historia regional, (la leyenda de los Amantes de Teruel o la Campana de Huesca).

San Vicente Ferrer (estudio de los compromisarios). ca. 1911-12. Lápiz conte y pastel sobre papel. Colección Artística Municipal del Ayuntamiento de Zaragoza. Foto. Andrés Ferrer.  

Hubo una segunda generación de artistas, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, que siguieron abordando el tema, pero con un factor distintivo que conviene tener en cuenta: la primacía de asuntos claramente relacionados con el regionalismo aragonés frente al centralismo del que hasta ese momento se hacía gala (Compromiso de Caspe, la muerte del Justicia de Aragón, Juan de Lanuza). Estos mismos pintores fueron quienes en los albores del siglo XX, e incluso con anterioridad abandonaron el género histórico y optaron, en líneas generales, por el costumbrismo y por la práctica del paisaje en consonancia con las tendencias españolas y romanas mayoritarias. 1

No es de extrañar que el tema del Compromiso de Caspe,  atrajera  por igual tanto a historiadores como a artistas especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Este episodio  de la Historia de Aragón, siempre marcado por la defensa del Derecho y del contexto jurídico-institucional propios del Reino, ofrece a la democracia parlamentaria decimonónica un precedente y un ejemplo que fue, en gran medida, iniciativa aragonesa (la Concordia de Alcañiz) y responsabilidad de aragoneses ilustres puesto que, junto al santo valenciano Vicente Ferrer, jugaron un papel muy importante en el éxito del Compromiso dos aragoneses ejemplares: el jurista Berenguer de Bardaxí y el Papa Benedicto XIII.

Anciano (estudio de los compromisarios). ca. 1911-12. Carboncillo sobre papel. Colección Artística Municipal del Ayuntamiento de Zaragoza. Foto. Andrés Ferrer.

-Un precedente medieval de las ventajas del parlamentarismo pacífico sobre los enfrentamientos bélicos: La historia del Compromiso comienza con la muerte sin sucesión legítima del rey Martín el Humano en 1410. Varios aspirantes al trono exhibían diversos grados de parentesco con él. Benedicto XIII, el Papa Luna, vio entonces la ocasión de asegurarse la fidelidad de la Corona de Aragón a la silla de Aviñón que él ocupaba, en contra de Roma. Utilizó la ascendencia que tenía sobre sus paisanos aragoneses para hacer prosperar la propuesta de una elección del sucesor en manos de personas conocidas por su moralidad y conocimientos legales. Y, por supuesto, se encargó de excluir a los candidatos del Papa de Roma, mientras se mostraba particularmente favorable al aspirante castellano Fernando de Trastámara. Los aragoneses, por lo demás, compartían con él esta preferencia, puesto que la elección del otro candidato  principal, que era el conde Jaime de Urgel, consagraría la continuidad del protagonismo catalán en la Corona de Aragón.

La regularización del procedimiento a seguir se estableció en la Concordia de Alcañiz, en febrero de 1412. Nueve jueces- tres por Aragón, tres por Valencia y tres por Cataluña- con plenos poderes  se reunían en Caspe para decidir quién había de ser  rey. Para que la decisión fuera válida bastaba que la hubiesen votado seis de ellos como mínimo, siempre que hubiese al menos uno de cada reino. Domingo Ram (obispo de Huesca), Francisco de Aranda (enviado de Benedicto XIII) y el jurista Berenguer de Bardaxí fueron los compromisarios designados por los parlamentarios aragoneses, los cuales, ante la indecisión del parlamento catalán y la división de los valencianos, les propusieron también los nombres de los suyos –aceptados sin apenas reparos-, que fueron , por Valencia, Bonifacio y Vicente Ferrer (amigos del candidato castellano) y Giner Rabasa (sustituido luego por Pedro Bertrán), y por Cataluña, Pedro de Sagarriga (arzobispo de Tarragona), Guillén de Vallseca y Bernardo de Gualbes. Fernando de Trastámara tenía los  votos de los tres aragoneses y de los valencianos hermanos Ferrer; el voto por Cataluña le llegó en la sesión del 24 de junio de 1412 de la mano de Bernardo de  Gualbes. Cuatro días después, tras una misa solemne en la iglesia mayor de la villa, Vicente Ferrer hizo público el nombre del nuevo rey. 2

Uniendo pasado con presente: Tras la consagración definitiva que supuso su participación en la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza, en 1908, Marín Bagües se presentó en una reñida oposición, para la obtención de una beca de la Diputación Provincial de Zaragoza para completar su formación en Roma. Se establecía expresamente que la plaza para el perfeccionamiento de los estudios de pintura era  por un periodo de tres años. El ganador estaba obligado a presentar dos cuadros, uno al promediar el segundo año de pensión y el otro al concluirla. Lo más chocante era que seguía manteniendo el antiguo criterio de que ambas pinturas debían ser de asuntos de la historia de Aragón, lo que suponía una pervivencia decimonónica de este género de la pintura de historia, ya en declive. 3 

En el otoño de 1911 Marín Bagües volvió a Zaragoza, tras haber pasado por ciudades como: Francia, Roma o Turín, para empezar a preparar el asunto del cuadro que debía entregar a la Diputación al año siguiente como último envío de pensionado. El tema le venía dado de antemano, porque al año siguiente se conmemoraba el V centenario del Compromiso de Caspe, cuya celebración ya se anunciaba para junio de 1912. Para empezar a recabar información para la iconografía del nuevo cuadro, Marín Bagües se dirigió a su amigo José María López Landa, que luego fue diputado provincial y director de la Biblioteca Gracián de Calatayud. Este le envió una carta con la explicación de quienes eran los nueve compromisarios, juristas o eclesiásticos de gran prestigio. A esta carta con el diminuto dibujo del monje, siguieron otras, escritas parcialmente en italiano como ejercicio, en las que se completaban diversos aspectos iconográficos y de ambientación histórica.

El cartujo Bonifacio Ferrer (estudio de los compromisarios). ca. 1911-12. Lápiz conte y pastel sobre papel. Colección Artística Municipal del Ayuntamiento de Zaragoza. Foto. Andrés Ferrer.

La elaboración del cuadro de los Compromisarios lo tuvo ocupado unos cinco meses, desde finales de febrero hasta pasado junio. Podemos rehacer su trayectoria a través de las noticias que le cuenta a su madre y hermanas. El 1 de marzo les dice que está impaciente por no saber de ellas y que está comenzado a pintar el lienzo y el 21 de abril les confesaba: “Yo sigo trabajando y aunque hago lo que puedo, lo llevo bastante retrasao”. Poco antes de su viaje a Venecia para ver la Exposición Internacional le escribía a su hermana Antonia: “El cuadro sino no lo tengo acabado le falta poco, de no ser que a la vuelta de Venencia lo encuentre tan mal que lo vuelva a hacer de nuevo. Ahora lo dejo unos días, pues ya no veía lo que hacía y así después  veré mejor lo que me falta de hacer”.  Por fin, el 15 de julio enviaba a su madre una fotografía de la pintura terminada.

 Siguió idéntico modo de proceder que para el de Santa Isabel: numerosos estudios parciales al carbón y al pastel de cada una de las figuras, de medio cuerpo casi todas, de excelente calidad y acabado la mayoría de los dieciséis catalogados. Con ello demuestra Marín dos cosas: la elaboración tan paciente y cuidadosa que siguió en los preparativos de este lienzo y la seguridad y solidez en el ensamblaje de los nueve personajes con los que formó la escena.

Agrupó sus figuras como en un friso monumental, de un modo simétrico en tres grupos de tres, tantos como los Compromisarios. Pero en modo alguno se puede entender como una escena ornamental o inerte, como lo era el cuadro de Santa Isabel. Sobre el fondo neutro oscuro del lienzo cobran volumen casi escultórico, profundidad espacial y expresión individual por el lenguaje discursivo de las manos que tantas veces ensayó en los dibujos.

Captó muy bien el momento en que, tomado ya el acuerdo después de la votación, salen del cónclave político, tras San Vicente Ferrer que lleva el texto del compromiso, acompañado del cartujo Bonifacio Ferrer, un joven de bello y expresivo rostro (nada más alejado de la poca agraciada fisonomía que le describió López Landa). Le siguen los demás compromisarios prolongando con sus gestos las largas discusiones habidas. Satisfecho y orgulloso de la obra, se autorretrató Marín al fondo, en el ángulo superior derecho como un miembro más de este cortejo.

La figura clave en cuanto al color y eje a la vez de toda la composición es la de  espaldas con bonete italiano y amplia capa, de intenso color bermellón. Resume en ella ecos de la pintura florentina del siglo XV y con más profundidad, de Masaccio y Boticcelli. Pero el realismo de los rostros pertenece a la tradición de la pintura española e incluso al Greco en el gesto de las manos de la figura circunspecta de Berenguer de Bardaxí, junto a la del manto rojo. Tras ella, el rostro de perfil de otro compromisario, para el que tomó Marín como modelo el de su hermano sacerdote.

Pero Los Compromisarios de Caspe no es una pintura de historia al modo como habían interpretado  este asunto a finales del siglo anterior artistas como: Dióscoro de la Puebla, Andrés Parladé, el aragonés Emilio Fortún o el valenciano Salvador Viniegra. Aquí Marín Bagües prescinde por completo de la ambientación escenográfica. Nada más ajeno, pues, a la austeridad de la escena del cuadro de Marín, en el que los nueve compromisarios son protagonistas por igual, y la grandilocuencia oratoria de San Vicente   ha sido sustituida por un rostro circunspecto y hasta cansado.

Ya a punto de concluir el cuadro, dos proyectos artísticos le quedaban pendientes a Marín Bagües antes de regresar a España: visitar Venecia y la décima Exposición Internacional y viajar a Múnich para visitar sus museos. 4

Al regreso de Italia Marín Bagües, sustituyó  a Juan José Gárate como Académico de San Luis y conservador en la sección de Bellas Artes del Museo  de Zaragoza. El puesto de conservador lo obtendrá en 1912 y el académico en 1913. 5 

Los Compromisarios de Caspe (Réplica). ca. 1949-50. Óleo/tabla. Institución “Fernando el Católico” de la Diputación Provincial de Zaragoza. 

En 1915 Marín Bagües tiene una participación de “escasa entidad”, como afirman varios medios de comunicación,  en la Exposición Regional de Arte, a la que no llevó ni Los Compromisarios de Caspe, ni el Pan bendito (1914), dos obras que había presentado  a la Nacional de Bellas Artes. Marín vivió como un nuevo fracaso la segunda medalla que obtuvo  con Los Compromisarios de Caspe, en ese momento propiedad de la Diputación Provincial. El 24 de junio, las autoridades de Zaragoza y un grupo de periodistas y amigos le ofrecieron un banquete de homenaje, a él y al escultor José Bueno, que obtuvo una medalla de tercera clase, en los jardines de la torre Bruil. 6 Asistieron el alcalde y algunos concejales, el presidente de la Diputación Provincial, Dionisio Lasuén (director de la Escuela de Artes e Industrias), José Gascón y Marín (catedrático de la Universidad), los profesores de la Escuela de Comercio, los escritores  locales Alberto Casañal, “Melitón González” y “Mefisto”, los críticos José Valenzuela La Rosa (director del Heraldo de Aragón), Luis Torres y Emilio Ostalé, el director de la revista Paraninfo José Ollé, los oficiales del ejército Rafael Valenzuela y Rufino Ginés y los pintores Díaz Domínguez y Abel Bueno…etc.., a lo que se adhirieron Félix Lafuente desde Huesca y Julio García Condoy desde Madrid. 7

 Pese a todo, la profunda crisis  psicológica que vivió el artista en los años siguientes,  le obligó a abandonar durante un tiempo el ejercicio de la pintura, llegando a residir durante unos meses en un centro sanatorio en Reus.

Respecto al cuadro que nos ocupa, existe una réplica del original,  con un planteamiento muy similar, pero con un tratamiento  sumamente abocetado de pincelada suelta y pastosa pues se trata de un boceto o apunte bastantes años posterior al original. Fue donado por el autor a la Institución “Fernando el Católico” en agradecimiento por la exposición que esta entidad le hizo en 1956. 8

En el año 2012, se cumplía por un lado el VI Centenario del Compromiso de Caspe, y por otro, el centenario de la ejecución del cuadro Los Compromisarios de Caspe, por parte de Marín Bagües. Con tal motivo, la Diputación Provincial de Zaragoza, restauró el lienzo, e inauguró una exposición en el Palacio de Sástago: Los Compromisarios de Caspe. Un cuadro de Marín Bagües. En la muestra se exhibieron varios bocetos del cuadro, conservados en el Ayuntamiento de Zaragoza, así cómo las actas de los Parlamentos catalán y aragonés conservados en el Archivo de la Corporación Provincial.

Ficha: Francisco Marín Bagües. Los Compromisarios de Caspe. 1910. Óleo/lienzo. Diputación Provincial de Zaragoza.

-Citas:

1- Lomba Serrano, Concha. La plástica contemporánea en Aragón (1876- 2001). Ibercaja. Departamento de Obra Social y Cultural. Zaragoza, 2002. P.42-44

2- Azpeitia, Ángel. Lorente, Jesús Pedro. Aragón en la pintura de Historia. Diputación Provincial de Zaragoza. Zaragoza, 1992. P. 53-55.

3- García Guatas, Manuel. Francisco Marín Bagües. Su tiempo y su ciudad (1879-1969). Colección Marino Pano y Ruata Nº24. Caja de Ahorros de la Inmaculada de Aragón. Zaragoza, 2004. P. 39.

4- García Guatas, Manuel…opus cite…P. 61-64.

5- Val Lisa, José Antonio. Juan José Gárate. Tiempo y memoria. Prensas de la Universidad de Zaragoza. Zaragoza, 2019. P. 76

6-García Guatas, Manuel. Marín Bagües (1879-1969). En las colecciones privadas. Cat. expo. Cajalón. Del 21 de octubre al 3 de diciembre de 2010. P. 24.

7-  García Guatas, Manuel. (2004)… opus cite… P. 177

8- Calvo Ruata, José Ignacio. Patrimonio cultural de la Diputación Provincial de Zaragoza. Vol. 1. Pintura, Escultura,  Retablos. Diputación Provincial de Zaragoza. Zaragoza, 1991. P.227.

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