Miguel Fleta. Entre luces y sombras

José Antonio Val Lisa y Daniel Pérez Artigas

Entre mayo y octubre del año 2018, la Dirección General de Cultura del Gobierno de Aragón, organizó una exposición que tuvo lugar en el IAACC “Pablo Serrano” de Zaragoza, con motivo del 80 aniversario del fallecimiento del tenor aragonés. La muestra llevó por título Miguel Fleta, El hombre y el mito, y estaba comisariada por los miembros de la Asociación Aragonesa de la Ópera Miguel Fleta, Sergio Castillo y Alejandro Martínez. Siguiendo la estela de aquella exhibición, esta biografía de Miguel Fleta nace al calor de la exposición. Dividida en cinco capítulos, los autores, retratan al  hombre de carne y hueso que había  bajo la piel del gran tenor, con un trabajo riguroso, veraz y estricto, plagado de datos curiosos y  fotografías, algunas inéditas, que ven la luz por primera vez.

La biografía de Miguel Fleta es digna del mejor de los guiones cinematográficos; en la que el mito de Fleta y el hombre Fleta se eclipsaron uno al otro.  De cantar jotas por la ribera del río Gállego a triunfar de la noche a la mañana en los escenarios europeos y americanos, llegando a ser el mejor tenor de su tiempo y una figura popular de alcance mediático. Los comienzos fueron difíciles, tras un par de fracasos en certámenes de jota en Zaragoza, sería en Barcelona, donde nacería artísticamente hablando, en la ciudad condal conocería a su mentora y posteriormente compañera sentimental: Marie  Louise Pierre-Clerc, conocida artísticamente como Luisa Pierrick, soprano de fama y, después, una excelente profesora en los aspectos técnicos,  mujer de singular perspicacia , abarcó en el primer golpe de vista todo el ancho y luminoso porvenir que a Miguel Fleta le prometía su laringe privilegiada. Luisa y Miguel estuvieron juntos en las primeras adversidades; juntos convivieron en los años de aprendizaje y conocieron, inseparables, las penurias y zozobras, pero también contemplaron los primeros éxitos y la conversión de aquel muchacho de Albalate de Cinca en el ídolo de masas en el que se convirtió. La voz de Fleta era por entonces un diamante, ya pulido, pero no por ello menos brutal. Voz broncínea, grande y sonora, de un aire varonil inconfundible y seductor: el cálido instrumento de Fleta lo tenía todo, terciopelo y metal a partes iguales, en manos de un fraseo que irradiaba poesía y teatralidad. A pesar de sus éxitos en Italia, que apenas habían transcendido, Fleta era entonces un completo desconocido en España. El tenor de Albalate se había impuesto como un nuevo ídolo local verdadero paladín  de la lírica en una España ansiosa, que quería revivir los días de Gayarre.  Conquistado ya el Teatro Real de Madrid y el Metropolitan de Nueva York, a Fleta tan solo le quedaba pendiente una plaza, el mítico Teatro alla Scala de Milán, verdadero templo de la lírica en Italia. Su Turandot, bajo la batuta del insigne Arturo Toscanini, se habría de estrenar en la Scala de Milán la noche del 25 de abril de 1926. El tenor aragonés Miguel Fleta tuvo el honor de ser el primer Calaf  de la historia; su voz fue la primera en entonar las míticas notas del hoy popularísimo “Nessun dorma”. Bien podría decirse que con el estreno de Turandot confirmó Fleta su gloria de manera definitiva, escribiendo su nombre en los anales de la historia de la lírica.

Foto 1
Miguel Fleta y su Packard a su llegada a Albalate de Cinca, abril  de 1923. Colección particular.

El ocaso del mito, nace el ciudadano Fleta.

Si bien es cierto que Fleta dominó desde 1922 hasta 1930 el panorama lírico mundial, lo cierto es que existe un consenso en considerar el cambio de década, como un punto de inflexión en la trayectoria profesional de Fleta. Durante 1932 y 1933 la agenda de Fleta se volcó ya, definitivamente en España. Lejos quedaban ya para entonces los días de esplendor por Europa y Sudamérica. Lo cierto es que la carrera profesional de Miguel Fleta progresivamente se fue reduciendo a una sombra siquiera de lo que había sido. Muy pronto empiezan a aparecer los primeros síntomas de un cierto declive, indicios de fatiga vocal y cansancio personal. Esto unido a la maltrecha salud y también a su insatisfactoria vida sentimental, la agitada vida política del  país …etc.. Todo un cúmulo de circunstancias que van ahondando la impresión de inestabilidad, contribuyendo a desgastar la imagen de gloria triunfal que había acompañado a Fleta durante los años veinte, para acabar asumiendo el papel de ciudadano de orden. La figura de Fleta no se puede aislar del devenir político en España, su carrera artística coincide con una etapa políticamente convulsa en la historia de España, porque en el breve periodo de tiempo que va desde el debut en Madrid en 1922 hasta su fallecimiento en La Coruña en mayo de 1938, se suceden en España una Monarquía constitucional, un Directorio Militar, una República y el inicio de una guerra fratricida que el artista  no llegó a ver finalizada. Miguel Fleta se va construyendo una identidad como ciudadano  en momentos históricos cruciales como en abril de 1931, momento en el que   acogió con entusiasmo el cambio de régimen político, cantando por las calles de Madrid “La Marsellesa”, grabando himnos patrióticos, como el de Riego, participando en un recital benéfico en el Teatro de la Zarzuela de Madrid para recaudar fondos para construir un monumento a los capitanes Fermín  Galán y García Hernández, también actuó en ese mismo año en las llamadas “Fiestas de la República” organizadas en el verano del 31 por el alcalde de Madrid Pedro Rico, gran aficionado a las artes escénicas. Su entusiasmo republicano queda reflejado en las entrevistas que le realizaron en los diarios La Libertad y El Pueblo, a lo largo de ese esperanzador año de 1931. “Usted sabe de mis ideas republicanas, Usted sabe que soy republicano, puesto que tuvo la bondad de acompañarme a la cárcel cuando fui a repetir mi adhesión a los firmantes del manifiesto revolucionario y comprenderá que no hay razón alguna que me mueva a ocultar, dentro ni fuera de España mis ideas”. Sin embargo en julio de 1936 Fleta  llevará a cabo un nuevo realineamiento político.

Foto 2
Alberto Gómez Ascaso. Busto del tenor Miguel Fleta. 1999. Cementerio municipal de Torrero, Zaragoza.

Fleta, el falangista.

   La ideología de Fleta siempre ha sido cuestionada, sobre todo porque iniciada la contienda civil se alineó con el bando rebelde. Miguel Fleta y su familia estaban veraneando en El Espinar (Segovia), cuando recibió la noticia del golpe de estado contra la República. Allí se ofreció al bando rebelde y junto a otros veraneantes participó en el Alto del León para parar la ofensiva de las columnas enviadas desde Madrid que tuvieron como misión controlar este puerto de Somosierra. La prensa republicana fue crítica con su posicionamiento a favor del bando rebelde. “Ahora ya sin voz para el gran acto, no hay dificultad alguna en llamarle Burro. Pues bien, Burro es fascista, y por ende faccioso. Y ya no recoge ovaciones de los escenarios de los grandes coliseos. Se contenta con que los guardias civiles y los curas y frailes que forman entre los sublevados le aplaudan al pasar por las calles de Valladolid, donde su agotada voz de tenor lanza vivas subversivos entre gallo y gallo.” Los autores del libro, plantean una posible explicación, al cambio radical de ideología: “Es un patriota y desde su óptica  del gran tenor que es, reivindica su devoción por su país y por la música. Políticamente es un hombre de orden y sus vinculaciones con el poder lo acercan a planteamientos conservadores (…) Es un divo. Hay una notable necesidad de presencia pública, fuera de los escenarios, de estar ahí, bien cantando en la Gran Vía madrileña, a las salidas de sus funciones líricas o enarbolando banderas-republicanas o falangistas- pero siempre arropado por una ciudadanía que lo siente como propio, como algo suyo. (…) No dudó en sumarse, desde postulados de derecha, al ámbito del falangismo pensando en nuevos aires renovados que la República no aportaba. Los cambios políticos, piensa, van a devenir en cambios culturales. No fue así”.

A partir de aquí, los últimos años en la vida de Miguel Fleta pasan a una velocidad de vértigo.  La vida de Fleta se apagó súbitamente, su leyenda, contribuyó a agrandar  el mito del tenor aragonés por la admiración y estima de que fue objeto  ya entre sus coetáneos, llegándose a confundir la realidad y la leyenda en no pocos pasajes de su biografía. Su legado, el engrandecimiento de la opera como arte para ponerla a disposición de todos los públicos.

Sergio Castillo y Alejandro Martínez. Miguel Fleta. El hombre y el mito. Dirección General de Cultura del Gobierno de Aragón y Fundación Ibercaja. 2019. 285pgs 

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