Dos siglos de pintura flamenca, en la colección Gerstenmaier

 Pedro Pablo Rubens. Virgen de Cumberland. Óleo/tabla.

José Antonio Val Lisa y Daniel Pérez Artigas

Hans Rudolf Gerstenmaier, empresario alemán afincado en España el tiempo más amplio de su vida. Durante todos estos años ha asumido el alma y la savia de esta tierra desde su juventud. Una de sus aficiones en la vida ha sido crear una colección de arte única. En cuarenta años, ha conseguido reunir más de doscientas pinturas europeas de diversas escuelas y procedencias, destacando principalmente la colección de pintura flamenca. Esa tenacidad y constancia le han hecho convertirse en uno de los coleccionistas más importantes en  nuestro país. Las distintas adquisiciones en casas de subastas, galerías y anticuarios han permitido que esta colección de alto nivel, permanezca en nuestro país y pueda ser contemplada en distintas ciudades del mundo como París, México o Santiago de Chile…etc…En esta ocasión, podemos disfrutar de una selección de obras que pertenecen a su colección de pintura flamenca en el Museo Goya Colección Ibercaja. La exposición, que lleva por título  De Rubens a Van Dyck. La Pintura flamenca en la Colección Gerstenmaier  reúne  42 piezas, entre pinturas y grabados,  realizadas desde el siglo XVI hasta principios del siglo XVII.

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Anónimo Hispano Flamenco. Tríptico de la Resurreción. Óleo/tabla.

Una colección privada de arte, es la expresión del gusto personal y el espacio ambiental donde se vive. La Colección Gerstenmaier, ha tomado conciencia del valor y deleite del arte, en su más amplio sentido de la palabra, sin especiales limitaciones a los estilos, escuelas o fechas. La colección que llega a Zaragoza, está formada por  pinturas religiosas, retratos,  bodegones, los temas mitológicos o los grabados. Esta mezcla en la colección, logra una armoniosa diversidad, que comienza con  varias pinturas sobre tabla. Catalogar como anónimo este Tríptico de la Resurrección, no supone una merma a su calificación, pues no se discute la gran calidad y valores técnicos y estéticos de esta pintura. En un tríptico para la meditación y la intimidad devocional, con un formato que permite su fácil transporte para acompañar al devoto propietario en sus desplazamientos. El grueso de la exposición corresponde a la pintura religiosa, donde destaca la tabla de La Adoración de los ángeles y los pastores de Martín de Vos: uno de los tres grandes artistas del bajo renacimiento en los Países Bajos. Impactante es La Adoración de los Magos, de Artus Wolffort, que estuvo antes por anónimo de la escuela de Rubens. Era un pintor olvidado hasta recientes estudios que lo han puesto en la escala merecida.  La composición la ocupan los Reyes Magos con sus pajes y el cortejo que les acompaña. El Niño es el centro de atención y todos fijan su mirada en él, salvo Gaspar, que vuelve el rostro al espectador como invitándole a participar en la escena. La iluminación más intensa en el lado izquierdo consigue atraer la atención hacia la Virgen y el Niño como idea principal. Detalles dignos de destacar son las vestimentas de los Magos y los presentes ricamente cincelados que portan, en contraste con la tradicional sencillez de la Sagrada Familia y el gracioso gesto del Niño al introducir su mano en el cofre con monedas  de oro que le ofrece el rey Melchor arrodillado. La pintura de paisaje está representada por una sola obra, titulada  Paisaje de montaña con mulas, realizado por los pinceles de Joost de Momper el Joven, en colaboración con Jan Brueghel el Viejo. El paisaje, como género independiente, sirvió como campo de experimentación para ensayar la capacidad de copiar del natural, la habilidad en la representación de texturas diferentes y, sobre todo, como escenario en el que jugar con los efectos lumínicos. La visita ordenada da paso a los bodegones, que  ocupan una parte destacable de la exposición. La composición de objetos, el juego de la luz y el claroscuro, la perfecta imitación de la naturaleza en busca de aparentar la realidad, el estudio de la materia y el alarde técnico son sólo algunas de las características de este tipo de piezas. Pero la joya de esta exposición, de gran belleza estética y técnica, es sin duda la Virgen de Cumberland de Rubens. Se trata de una obra devocional, que se caracteriza por el virtuosismo en el rojo y el azul que viste María, que  reverbera en la carnación blanca llena de luz del cuerpo del Niño y en las manos, rostro y pecho de la madre, con una viva visión de la luz y la sombra que es conquista del maestro flamenco. La fe cristiana es la fuente principal del artista en la representación de la inquietud de María, que  transciende a la visión de una madre que ayuda a caminar a su hijo, es la contemplación dramática de los designios. Por el contrario, la mirada absorta del Niño es la visión consciente de su futuro.

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Artus Wolffort. Adoración de los magos. Óleo/lienzo.

El Bodegón.   

El bodegón supone uno de los temas más recurrentes de la historia de la pintura occidental. Se denomina también “naturaleza muerta” y muchas veces se puede entender como un pretexto para poder demostrar el artista sus dominios técnicos en el tratamiento de las distintas calidades de la materia. A pesar de ser considerado un producto menor debido a su aparente falta de contenido ejemplar, su éxito fue en alza; el mercado que lo demandaba fue creciendo al ampliarse la población que solicitaba arte para su contemplación privada y a la  que no le importaba tanto el mensaje como el placer estético de las ilusiones lumínicas. Posteriormente el género no será abandonado y los movimientos pictóricos posteriores como la vanguardia, lo retomarán para realizar sus estudios de composición y color. En cuanto al significado podemos distinguir dos amplios grupos entre los que no hay una frontera clara: Aquellos bodegones en los que solamente se busca reproducir la naturaleza y, aquellos en los que un significado alegórico y místico se esconde en cada uno de los elementos que se muestran en el conjunto de la composición. La obra Naturaleza muerta de Jan van Kessel el Viejo, pertenece al primer grupo. Se trata de una de las piezas más importantes del corpus de la exposición, sus grandes dimensiones lo convierten en singular y además es una de las obras preferidas de Gersternmaier. No es de extrañar que este magnífico bodegón sea una de las piezas claves de la colección: reúne elementos como flores, frutas, verduras, jarrones, todo ello enmarcado por telas y con un magnífico paisaje crepuscular. Si algo se acerca a la belleza insuperable que la naturaleza regala a las flores es lo que sale de los pinceles de los maestros flamencos, buen ejemplo es este Jarrón de jardín con flores, de Gaspar Pedro Verbruggen el Joven. El punto de vista bajo y la espiral ascendente que forman las flores, contribuye a la monumentalidad y exuberancia de la composición. El fondo claro abierto al cielo sitúa al florero en un jardín a la italiana. Verbruggen se recrea en las pequeñas gotas de rocío que llenan de vida los pétalos y del frescor del ambiente, en un juego óptico que capta el instante. Este bodegón es un buen ejemplo de la capacidad creativa y habilidad técnica del artista.

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Gaspar Pedro Verbruggen el Joven. Jarrón de jardín con flores.Óleo/lienzo.

El retrato.

El poder de la imagen, es una experiencia reveladora en la que dos personas separadas en el tiempo y en el espacio se unen de un modo simbólico: No aparecerá vinculado a la pintura hasta el Renacimiento, momento en el que la pintura flamenca y la italiana llegarán a logros parecidos desde caminos distintos. En la colección Gerstenmaier una excelente muestra del acceso de un mayor número de grupos sociales al retrato, gracias a la mayor valoración del hombre por sus propios méritos y a la difusión de las técnicas calcográficas. Nos referimos a la serie Iconografía de hombres ilustres, de Anton van Dyck. En este tipo de galerías se representaban las glorias intelectuales, políticas o económicas de una sociedad, que nace de traspasar el concepto de las galerías regias del retrato a la nueva sociedad mercantil. Con esta colección, el artista, mostró sus altas condiciones para el dibujo y también para el dominio  del buril y el aguafuerte. Al parecer van Dyck realizó los retratos del natural, con lo que se resaltaría la pasión y el gusto del artista por este arte del grabado. Solamente intervendría en las primeras dieciocho planchas.

Una oportunidad única, para adentrarnos en una época pasada que, transcurridos los siglos, sigue reclamando nuestra atención, y apelando a nuestras emociones.

De Rubens a Van Dyck. La pintura flamenca en la colección Gerstenmaier. Museo Goya Colección Ibercaja.  Hasta el 16 de febrero del 2020  

 

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