OBRA DE ARTE DEL MES

Santa Isabel de Portugal. Roma, 1910. Óleo. Excma. Diputación Provincial de Zaragoza. Foto. Javier Romero.

Santa Isabel de Portugal, de Marín Bagüés

José Antonio Val Lisa y Daniel Pérez Artigas

Marín Bagüés destacó por su temprana formulación del regionalismo plástico, concretada al mismo tiempo en que el lenguaje se definía entre otros autores del contexto nacional. El crítico Valenzuela la Rosa pronto vio en él a la principal promesa del arte aragonés, capaz de incorporar a sus obras inspiradas  en la realidad local procedimientos que calificó de “modernistas” por las novedades que ofrecían. Sin embargo, un carácter extremadamente reservado y los problemas psicológicos con los que tuvo que lidiar, impidieron que se convirtiera en la cabeza visible que demandaba la plástica aragonesa del momento. Desvinculado tempranamente del medio madrileño, no obtuvo el reconocimiento oficial al que aspiró durante sus primeros años 1.

Su temprana orfandad, las estrecheces económicas, la permanente soltería y los embates de la enfermedad no pudieron  contra la voluntad y la vocación por el arte de este hombre modesto e introvertido, que fue conocido, respetado y honrado en su tierra mientras vivió y tras su muerte.

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Estudio de media figura de Santa Isabel. h 1909. Lápiz y pastel sobre papel.  Excma Diputación Provincial de Zaragoza. Foto. Andrés Ferrer.

La Exposición Hispano-Francesa de 1908: Fue un año admirable para los intereses e imagen de la ciudad de Zaragoza. La exposición fue un escaparate del pujante poder económico, del esplendor urbano y de la expresión del regionalismo. Estuvo abierta desde primeros de mayo a finales de octubre. Con la sección de Arte Retrospectivo se inauguró el nuevo museo. 1908 fue también el año del reconocimiento de Marín Bagüés. A punto de cumplir veintinueve años, tenía la necesidad de consolidad su fama en Zaragoza, pero sobre todo de ampliar su formación en el extranjero. En cuanto a la representación de los pintores aragoneses, fue incompleta y bastante desigual. Al recuerdo y homenaje a los artistas fallecidos (Montañés, González, Larraz y Unceta), se sumaron unas propuestas muy desiguales de los artistas activos,  en cuanto a temas y estilo personal. Faltó una idea o proyecto que ordenara la presencia de la pintura aragonesa, que hubiera habido una selección con criterio, o probablemente porque los pintores no estuvieron suficientemente motivados. En cualquier caso, el joven Marín Bagüés expuso seis lienzos, la mayoría terminados el año anterior. Tres escenas de costumbres aragonesas; dos, retratos; y otro, una media figura con mantilla negra identificada como La mujer del abanico, de formato algo más pequeño. Estuvo clarividente y certero el joven escritor García Mercadal al dedicarle a Marín Bagüés la más amplia crítica en el número extraordinario de la Revista Aragonesa, arropada por las opiniones de otros entendidos, como José Ramón Mélida.

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Estudio de desnudo para la figura de Santa Isabel.1909. Lápiz sobre papel verjurado de marca “France Ingres 1865”. Colección particular, Sevilla. Foto. Andrés Ferrer.

Pero las alegrías para aquel pletórico joven pintor, no acababan más que de comenzar, pues recibió el refrendo definitivo de su formación al concursar y ganar brillantemente la plaza  de pensionado de pintura promovida por la Diputación Provincial de Zaragoza, convocada por primera vez después de diecisiete años. Se establecía expresamente que la plaza para perfeccionamiento de los estudios de pintura era en Roma y por un periodo de tres años. El ganador estaba obligado a presentar dos cuadros, uno al promediar el segundo año de pensión y otro al concluirla. De los cinco aspirantes, Marín Bagüés, con 28 años, era el mayor. Le seguía Santiago Pelegrín, de 23, que tendrían una proyección bastante destacada en la recepción del neocubismo tras su marcha a Madrid. Casto Pérez, que no tuvo trayectoria artística conocida. Un poco más notorio fue Justino Gil Bergasa. Y por último Julio García Condoy, con 19 años, que será el sucesor en la plaza de pensionado en Roma cuando la termine Marín Bagüés. Los ejercicios empezaron a mediados de septiembre y concluyeron el 19 de noviembre. Baturros pulseando en una posada, fue el título de la obra con el que Marín obtuvo la pensión o beca a Roma. El 28 de enero de 1909 llegó en ansioso pensionado a Roma.

Roma, años felices en Italia:   Un joven artista aragonés en Roma, de entrada, no debía de sentirse un extraño. La presencia de pintores paisanos aún se dejaba notar. Desde Pradilla, que había pasado allí muchos años y fue director unos meses de la Academia Española, hasta Hermenegildo Estévan, que fue secretario de la Academia desde 1886 hasta más de cincuenta años después. No sabemos qué estudios de pintores, círculos o academias frecuentó para poder dibujar con modelo vivo. Marín Bagüés, hombre de hábitos austeros y sin más recursos que los de una pensión escasa y recibida a plazos, siempre con retraso, debió de llevar una vida de pensionado similar a la de la mayoría de los colegas españoles. En el verano y otoño del primer año en Roma recorrió Italia de norte a sur. A mediados de julio viajó a Antícoli Corrado y se hospedó en la Pensione Amato con la intención de pasar mes y medio. Realizó desde Antícoli algún viaje a otros pueblecitos de tan atractiva región para los pintores decimonónicos. El segundo año de Marín en Roma, estuvo regido por la pintura de su primer envío a la Diputación. Eligió como protagonista de la historia a una singular mujer, reina, santa y patrona de la Diputación Provincial de Zaragoza. Santa Isabel de Portugal (Zaragoza, 1270-Estremoz, 1336), infanta de Aragón como hija de Pedro III, y esposa del monarca Dionís de Portugal. Por eso, el primer título que dio al cuadro fue La hija de Pedro III. Escogió de la biografía de tan venerada reina el popular suceso milagroso de ejercitar la caridad con los encarcelados a los que llevaba alimentos. Al ser sorprendida por su esposo, los panes que disimulaba en el delantal se convirtieron en rosa en pleno invierno 2.

Síntesis simbolista: Concibió Marín Bagüés esta composición alegórica-milagrosa con una puesta en escena en tres partes: el grupo central de Isabel, quien con gesto sumiso descubre las flores de su delantal, acompañada por tres sorprendidas mujeres, mientas que a cada lado representó al rey, mirando escrutador a su esposa, y a un joven mendigo, que dirige la mirada cautelosa hacia la escena central, mientras sostiene unos panes junto al pecho. Para esta representación eligió un montaje en forma de tríptico, de moda en la pintura de comienzos de siglo y en algunos grandes cuadros que se exhibían en las Exposiciones Nacionales. Estéticamente, hace en este cuadro Marín Bagüés una evocación parcial de la pintura inglesa prerrafaelita y concretamente del pintor William Hunt por el efecto de los colores granates y púrpura del manto y túnica del rey, que se integra muy bien con el sentido poético modernista de las formas y de los colores de medios tonos, dan decorativos, de las túnicas de las mujeres y con el evocador paisaje. El paisaje elegido por Marín Bagüés para fondo de esta escena es una síntesis entre la naturaleza idealizada de la pradera, como una alfombra tachonada de flores blancas, y el sentido ornamental del mismo. Las masas de los frondosos árboles y los grandes cúmulos de nubes anaranjadas combinan con las suaves formas curvilíneas de las túnicas de las figuras y con los colores pastel de las mismas. Para la presentación del cuadro, el más grande que hasta entonces había pintado Marín Bagüés, realizó al menos doce estudios parciales, al pastel y al óleo o temple. Se puede destacar de este conjunto de obras preparatorias dos aspectos: el alto grado de acabado artístico de las mismas, como la de Santa Isabel (Zaragoza, colección particular), y comprobar que Marín Bagüés tenía desde el primer momento bastante fija la iconografía de las figuras y bien establecida la idea o composición del cuadro, sobre todo del grupo central de las mujeres en un paisaje ideal modernista 3.

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Los compromisarios de Caspe (Boceto). h 1949-50. Óleo/tabla. Instituto Fernando el Católico de la Excma Diputación Provincial de Zaragoza.

El 12 de julio el artista comunicó a la Diputación que había enviado ya el cuadro. Una vez en Zaragoza, solicitó a finales de agosto permiso para presentarlo a la Exposición Nacional del mes de octubre del 1910. Llevó tres cuadros: su autorretrato y el retrato de su madre rezando el rosario, con el título Una del siglo pasado y La hija de Pedro III, que acababa de pintar en Roma. El gran lienzo o no interesó o pasó desapercibido, pues premiaron con medalla de tercera clase el retrato de la madre, de un realismo más afín a la tradición española y al gusto del jurado, lo que acabó por suponer una gran decepción para el artista. El segundo cuadro histórico de gran formato, lo enviará Marín Bagüés a la Diputación, en 1912 desde Florencia. Se trata de Los compromisarios de Caspe, escena que corresponde al momento de la salida de los nueve compromisarios de sus deliberaciones, con San Vicente Ferrer a la cabeza. En el extremo derecho, casi imperceptible, autorretrato del pintor. Hay efectos de derivación modernista como los juegos cromáticos de las vestiduras, la estilización general y el predominio de la línea ondulante, pero siguiendo una concepción general sintética y de figuras rotundas 4. Siguió idéntico modo de proceder que para el de Santa Isabel: numerosos estudios parciales al carbón y al pastel de cada una de las figuras, de medio cuerpo casi todas, de excelente calidad y acabado la mayoría de los dieciséis catalogados. El recibimiento que tuvo en la prensa por su cuadro Los compromisarios de Caspe fue favorable sin reserva alguna para abrirle las puertas de instituciones y particulares pudientes. Regresaba Marín de Italia con treinta y tres años, cargado de ilusiones, ideas y estímulos. Muchas cosas van a sucederle a Marín Bagüés en los diez años siguientes, inesperados y a veces dolorosos sucesos modificarán la conducta del pintor y también el discurrir de la vida ciudadana, artística y cultural de Zaragoza 5.

Ficha: Francisco Marín Bagüés. Santa Isabel de Portugal. Roma, 1910. Óleo/lienzo. 158 x 237 cm. Excma. Diputación Provincial de Zaragoza.

Citas:

1-Castán Chocarro, Alberto. Señas de identidad. Pintura y regionalismo en Aragón (1898-1939). Instituto Fernando el Católico de la Excma Diputación Provincial de Zaragoza. 2016. P.363

2- García Guatas, Manuel. Francisco Marín Bagüés. Su tiempo y su ciudad (1879-1961). Caja de Ahorros de la Inmaculada de Aragón. Colección “Mariano Pano y Ruata” Nº24. Zaragoza, 2004. P31-50

3-García Guatas, Manuel. Obras de Marín Bagüés dedicadas a Santa Isabel. En. Imágenes de la Reina Santa. Santa Isabel, Infanta de Aragón y Reina de Portugal. Excma. Diputación Provincial de Zaragoza, 1999. P. 109

4- Calvo Ruata, José Ignacio. Patrimonio cultural de la Diputación de Zaragoza. Tomo I. Pintura, escultura y retablos. Excma. Diputación Provincial de Zaragoza. 1991. P226

5- García Guatas, Manuel…..opus cite….2004. P. 64-67

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