Fernando VII: Entre la voluntad y la posibilidad

Francisco de Goya. Retrato de Fernando VII. 1814-15. Óleo/lienzo. ©  Museo Nacional Thyssen- Bornemisza. Madrid

José Antonio Val Lisa y Daniel Pérez Artigas

Dentro de la política cultural de la Fundación Ibercaja de préstamos temporales de obra de Goya, la cesión del Retrato de Fernando VII con manto real, procedente del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid, ha supuesto el eje central de la exposición El viaje del rey. Fernando VII desde Valençay a Madrid. Marzo-mayo 1814. La muestra reconstruye el viaje de un personaje clave en la Historia de España,  en medio de una Europa en guerra.

El viaje ofrecía al rey la oportunidad de formarse por sí mismo una opinión sobre el estado del país, testar el espíritu público reinante y, lo que era para él mucho más importante, calibrar los apoyos con los que contar para reconstruir su posición en el trono de España. De ahí que la historia del viaje que llevó a Fernando VII desde Valençay hasta Madrid durante la primavera de 1814 sea mucho más que una siempre aventura del desplazamiento de la comitiva real entre aquel lejano lugar de destierro y la Corte. Los príncipes tenían que recorrer, en principio, más de 1500 kilómetros, sin apenas escolta militar ni preparativos a la altura de su dignidad política, acompañados de su séquito, de las personas de su servicio y de un convoy que transportaba muchos de los objetos que habían convivido con los príncipes en el castillo. El  análisis de los actos del monarca, nos permite agruparlos en cinco aspectos: su dimensión religiosa como devoto católico; su evocación de los triunfos y las resistencias numantinas de sus súbditos contra las tropas napoleónicas; su menosprecio hacia aquellos que colaboraron de alguna u otra forma con el ocupante; su proximidad  con las gentes a las que saluda e intercambia gestos y palabras; su activa participación en los rituales festivos tradicionales y una actitud distante y ambigua con nimia simbología festiva liberal.

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Francisco de Goya. El dos de mayo de 1808 en Madrid o La carga de los mamelucos (boceto). 1814. Oleo sobre panel pegado a tabla. Fundación Ibercaja, Zaragoza

De esta manera Fernando VII se convierte en la víctima de Napoleón, que regresa de su cautiverio y transmite una idea de vuelta al orden, de recomposición del mundo trastornado durante los seis años de guerra precedente. En Zaragoza el monarca permanecerá cinco días, desde el Jueves Santo al Lunes de Pascua, y dedicaría los dos primeros días a las solemnidades religiosas y los dos últimos recorrería la ciudad para conocer “aquellos gloriosos monumentos ennoblecidos con la sangre de nuestros hermanos, nuestro gloriosos defensores que sacrificaron su vida por la Religión y por su rey”. Zaragoza había servido para reforzar la identificación entre pueblo y monarca: entre unos vasallos que habían reaccionado heroicamente en defensa de un mundo y que ahora regresaba a restaurar el equilibrio. En Valencia permanecerá veinte días, desde el 16 de abril hasta el 5 de mayo,  que será el broche de toda su  estrategia. Se encargaron a pintores relevantes retratos del rey y lienzos destinados a inmortalizar los recibimientos dispensados por el pueblo a su soberano desde su entrada a España. Un discípulo de Vicente López, Miguel Parra, recibió el encargo de evocar las triunfales entradas reales en un ambicioso programa pictórico que pretendía abarcar el paso del río Fluviá y las llegadas del rey a Zaragoza, Valencia, San Felipe (Játiva), Chinchilla y Madrid. Estas obras, que solo quedaron finalizadas las tres primeras, carecían de alegorías o simbolismo. La entrevista que mantuvieron  entre el duque de San Carlos y Henry Wellesley, se cerró con una importante confidencia de San Carlos: el rey iría a Madrid tan pronto dispusiera de tropas suficientes para garantizar su seguridad, disolvería las Cortes, por la fuerza si fuera necesario, convocaría otras para redactar una nueva Constitución y crearía un segundo cuerpo legislativo constituido por la nobleza y el  alto clero. Y así sucedió. El general Eguía recibió el encargo de efectuar el golpe de Estado en dos fases: En la primera, el 10 de mayo,  procedió a la ocupación militar de la sede de las Cortes y la detención en la noche de ese día de los liberales más destacados, cuyos nombres figuraban en una lista que le fue entregada por el rey. Estas actuaciones fueron acompañadas de un levantamiento popular. El 13 de mayo, exactamente dos meses después de haber salido de Valençay y tras haber recorrido casi 1900 kilómetros, arropado por el ambiente triunfalista, entró Fernando VII en Madrid como rey absoluto.

Retrato de un monarca absolutista: Goya es el gran genio en este oscuro periodo de la historia  de España, su obra transciende,  porque nos ayuda a entender la situación política y cultura de aquella época, desde el impacto y la inmediatez del arte. El pintor de Fuendetodos, es  el colofón perfecto para descifrar de un modo intuitivo y directo la personalidad del protagonista  de este viaje. Hasta el regreso de Fernando VII, Goya, era  el artista preferido por los “Reyes viejos” solo había retratado dos veces al todavía príncipe de Asturias: primero en 1800, cuando el heredero tenía 16 años, de medio cuerpo, en un lienzo conservado en el Metropolitan Museum de Nueva York, y en el mismo año, el titulado La familia de Carlos IV, que se puede admirar en el Museo del Prado. El lienzo del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza guarda similitud, en cuanto al modelo, con el retrato de cuerpo entero del Prado, de 1814-15. No obstante, la versión del Thyssen-Bornemisza resulta más simplificada en todos los detalles, especialmente en la indumentaria y en la técnica. Con la misma disposición para la cabeza, que se enmarca con el cuello alto de la camisa, el rey viste con sus atributos de poder y luce el toisón de oro que cuelga en la pintura del  Museo de un collar más sencillo; así mismo se aprecia en él una factura menos pictórica y más lineal, que queda en evidencia en el tratamiento del cabello.

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Francisco de Goya. Retrato del duque de San Carlos. 1815.Óleo/lienzo. Museo de Zaragoza. Foto .José Antonio, Arte-Paisaje

Recorrido de la exposición: La muestra está llena de atractivos didácticos, organizada por la Fundación Ibercaja, y comisariada por el historiador Pedro Rújula, está compuesta por 70 piezas que se articulan en 2 salas. El visitante podrá disfrutar de lienzos y obra gráfica de Francisco de Goya, entre ellos el Retrato del duque de San Carlos, así como ocho de sus grabados de la serie Los desastres de la Guerra. También podrá contemplar la magnífica serie dedicada por el pintor Miguel Parra a los episodios del viaje que tuvieron lugar en el río Fluviá, Zaragoza y Valencia, procedentes de las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional. Se expone además el Retrato del infante Antonio Pascual  de Borbón, de Vicente López, que proviene del Prado, y colecciones de dibujos emblemáticos de Girona y Zaragoza, de la mano de Valentín Carderera,  y estampas del primer sitio de Zaragoza, de Fernando Brambila y Juan Gálvez. Todo ello completado con un audiovisual que explica la vida en la corte en Valençay y la edición de un libro-catálogo, redactado por los mejores especialistas del periodo.

El viaje del rey. Fernando VII desde Valençay a Madrid. Marzo-mayo 1814. Museo Goya. Colección Ibercaja-Museo Camón Aznar. Hasta el 27 de octubre del 2019

 

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