Una crónica gráfica de la mujer de principios del siglo XX

José Antonio Val Lisa y Daniel Pérez Artigas

   El arte español de la primera mitad del siglo XX estaba soportando una chocante paradoja sobre su propia identidad. Mientras en el interior de la Península el arte atravesaba un duro camino de contradicciones y miserias. Debido a  un entramado cultural periférico, de condiciones históricas de todo tipo, que había hecho poco propicio el desarrollo del gran torbellino innovador, cuyos escenarios culturales, estaban situados al otro lado de los Pirineos. Personalidades como Picasso, Gris, Miró, Dalí o Julio González, estaban dando nombre a capítulos transcendentales en el devenir de las vanguardias  históricas. Mientras en el contexto español se iban produciendo figuras  como Gutiérrez Solana, Sunyer, Julio Antonio o Emilio Barral, por poner algunos ejemplos, gran parte de nuestro público se mostraban atentos a los triunfos obtenidos en el escenario internacional  de artistas como Sorolla o Zuloaga, cuyos lenguajes, no provocaban rupturas radicales con los gustos dominantes, más bien desplegaban una imagen tópica del “alma de España”, que establecía sintonía con el gusto moderno, transformándolos en verdaderas figuras de referencia del presente.

En ese contexto histórico en nuestro país, aparecerá la figura de Julio Romero de Torres, heredero de la tradición del siglo XIX, su obra se adelantó al nuevo siglo manteniendo estrechos vínculos con el pasado. Se fue nutriendo  de la pintura italiana del Renacimiento, del mundo flamenco del siglo XV y del XVI, del romanticismo alemán y los lenguajes visuales de los  prerrafaelistas. La pervivencia del simbolismo junto al modernismo y la visión del imaginario decimonónico de la mujer, todo ello adornado con elementos folclóricos y vernáculos.

Foto 1
Marta y María. 1916. Óleo/ temple sobre lienzo. Colección particular

La Fundación Ibercaja muestra el universo femenino en la obra de Julio Romero de Torres en la sala de temporales de Ibercaja Patio de la Infanta. De  los treinta cuadros que forman esta muestra singular, tres son propiedad de la Fundación Maxam, el resto pertenecen a colecciones privadas. La mujer en su obra nunca sonríe, no es la protagonista feliz. Es generalmente una figura dominada por los sentimientos y por las pasiones. La mujer no es dueña de su futuro, por ello un cierto fatalismo se cierne sobre ella. Muestran primero su alma, en un segundo plano aparecen los acontecimientos de las que van a ser víctimas. En general se trata de consecuencias que se vierten sobre sus protagonistas, teniendo a la ciudad como escenario silencioso. El eje central de la exposición es la mujer sola en el cuadro.  En las obras de Romero de Torres,  el poder de evocación es tal que libera a la mujer de las ataduras propias de esa época en España donde el catolicismo seguía teniendo las instituciones eclesiásticas un peso importantísimo  en la sociedad, y especialmente en la cultura andaluza llena de tradiciones religiosas. Estamos ante mujeres poderosas, fuertes, desafiantes, ante la femme fatale  que tanto fascinó a Europa en ese momento y que en España parecía imposible aceptar.

En el cuadro Señora de Taramona e hijo aparece representado el único personaje masculino en toda la exposición. Destaca el lienzo Jugando al monte,  por la modernidad de sus protagonistas y sus dimensiones. La muestra incluye retratos de mujeres icónicas como Fuensanta, una de sus modelos favoritas del pintor, icono del billete de 100 pesetas. También destacaremos retratos de mujeres de la burguesía, como María de la Concepción García-Escudero y Sainz de Robles; así como los retratos de mujeres virtuosas de expresión bondadosa como en el cuadro La Mantilla; mujeres sensuales como  La niña torera, La niña de los limones y La niña de los naranjos. En otros casos nos encontraremos con modelos publicitarias como Escopeta de caza.

Foto 2
Tristeza andaluza. 1927. Óleo/ temple sobre lienzo. Coleción particular

 Esta exposición recupera la poética visual de una figura como la de Romero de Torres, despreciada y recluida a ángulos muertos de la historia del arte contemporáneo durante  la oscura fase del Franquismo. Acusado, por relevantes sectores de la crítica de practicar un andalucismo ramplón, propio de la España de pandereta. La reciente modernización de la vida española, a principios de los años noventa, ha reincorporado a casi todos los niveles del imaginario colectivo contemporáneo, permitiendo que en tales afirmaciones hayan ido aflorando los reversos de algunos de esos términos. Las recientes actuaciones histórico-críticas, en torno a la figura del artista cordobés, han ido explorando diversos puntos de vista, que lo han ido enjuiciando semántica, profunda y complejamente.

Julio Romero de Torres. Pintor de almas. Ibercaja Patio de la Infanta. Hasta el 8 de septiembre del 2019

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