OBRA DE ARTE DEL MES

La hora del ordeño, de Mariano Barbasán

José Antonio Val Lisa y Daniel Pérez Artigas

 

Poseer un Barbasán es un placer visual y una auténtica fortuna.  Se trata de  obras pequeñas, trabajadas de una manera detallista y graciosa; muy apuradas de dibujo y de un colorido jugoso y brillante.

Antecedentes artísticos: A la mayoría de los pintores de la generación de Barbasán, se les puede considerar desde Aragón como la Escuela de Roma, sobre todo por el ascendiente y magisterio que Pradilla ejerció sobre sus paisanos, pero entendida en el sentido amplio de un parecido modo de pintar, con temas comunes en bastantes de ellos, una orientación por los paisajes habitados por figuras y escenas populares, de mayor aceptación en el comercio internacional que el paisaje puro, y una técnica de pinceladas menudas para aplicar colores de efectos realistas pero brillantes 1.

Foto 1
El sueño de San José. 1888. Óleo/lienzo. Museo de Zaragoza. Foto. J. Garrido Lapeña

Una vida dedicada a la pintura: Nacido en Zaragoza, en el año 1864,  en el año 1880  Barbasán se matriculó en la Academia de San Carlos de Valencia, donde permaneció hasta el año 1887, en el viejo caserón, coincidió  con los pintores Joaquín Sorolla y Salvador Abril. Ese mismo año, anunció la Diputación Provincial de Zaragoza las oposiciones para conceder la plaza de pensionado de pintura en Roma, que venía costeando desde hacía varios años. Barbasán vio llegado el momento de buscar un éxito que le despejara el porvenir, y se presentó a ellas. Los ejercicios comenzaron el 15 de marzo de 1888, presentándose nueve aspirantes, y acabaron el 2 de julio del mismo año, saliendo elegido Mariano Barbasán tras pintar el último ejercicio titulado José, hijo de Jacob, en la cárcel (actualmente en el Museo de Zaragoza) la composición es austera, cosa nada típica del género histórico: llama la atención la falta de movimientos de conexión entre los personajes, que pudiera deberse al peso asfixiante del estudio académico del natural ( Barbasán fotografió a sus hermanos posando para este cuadro). En cambio, los colores son fuertes y cálidos (túnica roja, manta verde, dorados, azules claros…), nada faltos de vigor ni de pasta. Barbasán era un buen colorista, y aunque aquí todavía anda por lo general muy ceñido al dibujo, su pincelada corta, casi impresionista, mezclando directamente gamas de colores, aparece por ejemplo en los pies y ropa de José, y sobre todo en las piedras de suelo, escaleras y paredes. Una vez en Roma, Barbasán cumplimentó su primer envío en 1891 mandando el lienzo Don Pedro III el Grande en el collado de las Panizas. Esta obra causó honda impresión por su calidad artística y narrativa a los profesores de la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza, quienes redactaron un elogioso dictamen que llegó a publicarse en el Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza. Quedó así la Diputación satisfecha con el primer envío, pero el segundo nunca llegó a realizarse 2.

Foto 2
Plaza de Anticoli Corrado. 1922. Óleo/lienzo. Museo de Zaragoza. Foto. J. Garrido Lapeña

Durante más de treinta años, Barbasán permaneció en Roma, en Anticoli Corrado y en Saracinesco, lugares muy próximos entre sí del valle del río Aniene, a unos 70 kilómetros al este de Roma, ubicados en una región muy escabrosa de  las estribaciones de los montes Simbruini. En ambas poblaciones pasó algunas temporadas Barbasán, aunque su lugar predilecto y más frecuente fue Anticoli Corrado. Se halla en una escarpada colina a 512 m de altitud con un pintoresco caserío de sugestivo interés urbanístico y arquitectónico popular. En la época en que vivía Barbasán contaba con uno 1.300 habitantes.  Su producción pictórica debió de ser abundante o, al menos y a juzgar por la continuidad cronológica de los cuadros, constante y sin altibajos; lo mismo que su temática y estilo. Su prolongada estancia en Italia no significa en un principio un distanciamiento físico de su país que justifique por sí solo el desconocimiento que rodeó gran parte de su vida, pues Barbasán se había alejado espiritualmente, si no antes, al menos al mismo tiempo, del ambiente artístico español. Tampoco parece que hiciera o pudiera hacer mucho por cultivar y divulgar su imagen de artista en España; bien porque debía ser reacio a los certámenes colectivos o porque no los necesitaba, ya que su pintura tenía  cómoda salida a través de los marchantes extranjeros. O tal vez, porque Barbasán concebía la pintura más como un oficio que le permitiera vivir sin ostentaciones superfluas, que como actividad mundana y competitiva o intelectual.

Es interesante comprobar a través de las fechas de sus cuadros cómo Barbasán aumenta la actividad pictórica en 1921, en vísperas de venir a Zaragoza e incluso durante los meses de abril a noviembre de 1922, cuando ha regresado de Italia para hacer la mudanza definitiva de su estudio. A partir de su llegada a Zaragoza a finales de 1921 y de la exposición de 1923, la fama de Barbasán se dispara con el descubrimiento de su obra. Nada más pisar Zaragoza es designado académico de la Academia de San Luis, cubriendo significativamente la vacante de otro pintor tan prestigioso y distanciado de la ciudad como Francisco Pradilla, que acababa de fallecer el 1 de noviembre. Cuando la exposición que, recordemos, era la primera que realizaba en España con la nada despreciable cantidad de 54 cuadros, la crítica se desató en elogios. La exposición de Barbasán se inauguró el 11 de octubre de 1923, en el salón del segundo piso del Centro Mercantil, según la información de la prensa, no se habían adquirido más que cuatro de las cincuenta y cuatro obras expuestas; tres por un “amateur” madrileño y una, Plaza de Anticoli Corrado, por el Museo de Zaragoza, mediante suscripción popular, no dejaba de ser un desolador exponente del mezquino ambiente artístico zaragozano.

Tras la muerte del artista, en 1924, se organizaron cuatro exposiciones, para recordar al maestro. La primera en el año 1925, en Madrid, en el Museo de Arte Moderno; la segunda, en Zaragoza, en el Centro Mercantil, para exhibir lo que él no había presentado allí dos años antes de sus muerte; la tercera en octubre de 1927 en Ginebra, con cuarenta y tres obras, en la Galería Lador, y la cuarta en el año 1928 en Montevideo, ciudad que tan cordialmente había sabido recibirle y agasajarle 3.

Asuntos bucólico-rurales: Para que Barbasán llegara a conseguir ese reconocimiento internacional tuvo que beber antes de muchas fuentes y tantear en diversas direcciones hasta encontrar su estilo, que no abandonará en incluso reiterará, despreocupado, al parecer, de cualquier novedad o tendencia de vanguardia que pudiera cuestionar su pintura 4. Los asuntos de la campiña italiana, sirvieron de inspiración para sus obras, de temática costumbrista estas obras como si se tratara de instantáneas fotográficas, reproducen fielmente una realidad vivida muy intensamente por el pintor. Sin embargo, el momento artístico español y madrileño en concreto ya no era el más oportuno para encajar este concepto de  pintura de que nada tenía que ver , por ejemplo, con las nuevas tendencias del realismo social, de la simplificación figurativa neocubista o, llevando la comparación más lejos,  con los surrealismos 5. Nos encontramos con una obra de plena madurez, donde la luz lo invade todo, se representa una escena en la plaza del pueblo, en el que un rebaño de cabras es el auténtico protagonista. Un grupo de personajes al fondo parecen estar ajenos a lo que está aconteciendo. El vivo colorido y el juego de sombras configuran una composición armoniosa.

Ficha: Mariano Barbasán. La hora del ordeño. 1922. Óleo/lienzo. 71,50 x 103,50 cm. Museo de Zaragoza

Citas:

1-García Guatas, Manuel. Escuela de Roma. Pintores aragoneses en el cambio de siglo. Universidad de Zaragoza. 2013. P 11-14

2-Calvo Ruata, José Ignacio. Patrimonio cultural de la Diputación Provincial de Zaragoza. Tomo I. Pintura, Escultura, Retablos. Excma Diputación Provincial de Zaragoza. 1991. P. 132

3- Pantorba, Bernardino de. Mariano Barbasán. Ensayo biográfico y crítico. Madrid, 1939. Manuel García Guatas (ed.). Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y La Rioja. Zaragoza, 1984. P. 22-59

4- Pantorba, Bernardino de. Opus cite….. P. 53

5- Pantorba, Bernardino de. Opus cite…..P.24

 

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