Duelo de titanes

 José Antonio Val Lisa y Daniel Pérez Artigas

 Pintar es ante todo un proceso personal, íntimo e  intelectual, que alimenta a todas las ciencias y que puede incluso considerarse un acto sagrado para el autor. A lo largo de la historia del arte, se han producido casos de tensiones creativas, entre artistas. Sonados fueron los casos en el Renacimiento de Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, ya en el Barroco, se conocen los enfrentamientos entre Caravaggio y su rival Giovanni Baglioni, en época moderna, son recordados los casos de artistas que comenzaron siendo buenos amigos, y acabaron como el rosario de la aurora: Picasso y Matisse, o el de Monet contra Degás. En todos estos artistas, existe una mezcla entre admiración, envidia y ambición desmedida dando como resultado grandes avances estilísticos, que han sido disfrutados por la humanidad.

Probablemente la rivalidad artística, llevada al extremo de convertirse en épica, sea la de da Vinci y Miguel Ángel, bien conocida y estudiada desde el punto de vista de la historiografía, pero no ha sido narrada desde el punto de vista de una novela. El escritor zaragozano Alejandro Corral, ha asumido el reto de representar literariamente hablando a dos personalidades tan complejas. En  El desafío de Florencia, que así se titula la novela de Corral, tenemos la oportunidad de ser testigos de cómo  los temperamentos divergentes de estos artistas se entrecruzaron en la ciudad de Florencia entre los años 1501-06, por la  conquista de la supremacía artística.

Arte y ciencia

A finales del siglo XVI, Italia estaba dividida en una serie de ciudades-estado, reinos y ducados, que hicieron un pacto para dejar de luchar entre ellos. Hasta el Renacimiento, el arte respetó ciertas normas de representación dictadas por la religión: rostros pintados sin conocimientos anatómicos,  eran rígidos y codificados en actitud y rasgos, aparecían sobre un fondo generalmente cubierto de oro, sin perspectiva ni paisaje. En la Florencia del siglo XV y XVI, ciudad de la libertad y la creatividad, veían a la humanidad de una forma diferente, ya no eran almas religiosas que esperaban la muerte, no esperaban el cielo, no estaban abandonados en este mundo, por lo tanto el modo en el que representaban a la humanidad  era diferente.  Los pintores, considerados artesanos hasta ese momento, lograron una representación secular de la humanidad, en la que hay vida, movimiento y energía. Fue un momento clave,  importantísimo en la historia del arte, los pintores fueron incluidos en el rango de artistas, pues no sólo trabajaban con las manos, también con la mente por tanto,  la pintura no era sólo era un negocio, sino que se convertía en arte. En ese momento de esplendor, los dos genios toscanos  coincidieron en la misma ciudad, donde Leonardo está trabajando en el  cuadro más importante y relevante de la humanidad la Mona Lisa, y Miguel Ángel  vislumbra a su David, en el bloque de mármol de Duccio.

Gráfico y convincente en su labor documental, el autor, desgrana la psicología de ambos personajes: Leonardo era una leyenda en vida, el hombre del Renacimiento, Miguel Ángel, en cambio, era figura temperamental y atormentada. El tema de la homosexualidad, en ambos personajes, es recogida de manera muy diferente- recordemos que en aquella época, la práctica de la sodomía, era perseguida, con penas que podían llevar al denunciado incluso  a la muerte- En Leonardo, este tema, aparece en la novela abierta y cómodamente, mientras que en el Miguel Ángel, su profunda religiosidad, le hace sentir remordimientos. El consejo que le da Leonardo, en la novela, es quizás, la clave: “No te gustas, pero te admiras tanto que si abrieras tú corazón a otro ser humano temerías perder aquello que te hace excepcional: el don de la creación. Piénsalo de vez en cuando e inténtalo: abre tú corazón. El arte no lo es todo. Una vida sin amor no es una vida”.

La presencia en la novela, de un personaje esencial como Maquiavelo, ayuda por un lado, a contar al lector el ambiente político, tensiones y dramas que sufre la ciudad de Florencia. Por el contrario Maquiavelo, es la figura clave, para que se dé el desafío entre los dos artistas: “pintar  en la misma estancia dos murales por dos hombres  que veían cosas que los demás seres humanos eran incapaces de observar“. Representar  La batalla de Anghiari y La batalla  de  Cascina, para el  Salón de los Quinientos  del palacio de Vecchio. Un hecho insólito entre dos genios, que requirió una fe ciega en el trabajo de cada uno de los artistas. Como afirma Maquiavelo en la novela: “Aunque no os agrade, vais  a trabajar y a pintar en la misma sala, uno frente al otro, uno contra el otro. No es una competición. No se trata de saber quién se convertirá  en el gran maestro de este siglo. Pero vosotros sí lo tomaréis como tal, porque yo me he encargado  de materializar en la sombra la rivalidad que vosotros habéis fraguado. Os enfrentaréis a vuestros conflictos, temores y al talento contrario que en secreto tanto respetáis y envidiáis. Y cuando comprobéis que otro os aventaja en habilidades y talento, ¿qué haréis?. Trabajaréis en la misma sala, sí, y nos proporcionaréis dos grandes frescos”.

Una novela que recoge el espíritu de una época irrepetible

Alejandro Corral. El desafío de Florencia. Penguin Random House. Barcelona, 2019. 415pgs

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