La Obra de Arte del mes

Retablo de la Virgen con el Niño, de Jerónimo Vicente Vallejo Cósida

Por José Antonio Val y Daniel Pérez Artigas

 Antecedentes artísticos: Aragón en el siglo XVI fue un territorio muy atractivo para que escultores y pintores foráneos se establecieran por aquí. Procedían tanto de diferentes zonas peninsulares, como de Flandes, Italia y Francia. Estos maestros y los aragoneses formados fuera, marcarán las pautas en la evolución de las formas artísticas. El patrocinio de las grandes empresas figurativas corrió a cargo de diferentes comitentes: reyes como Fernando el Católico, Carlos V, los arzobispos pertenecientes a la Casa Real de Aragón, funcionarios pertenecientes a la administración real y algunas personalidades pertenecientes a la burguesía. Zaragoza, en el siglo XVI, continúa siendo el centro artístico más importante y aquí se establecieron el mayor número de los talleres, si bien hay otros focos en Aragón dignos de mención: Barbastro, Calatayud, Huesca, Tarazona y Teruel-Albarracín. En torno al año 1500 no se da un cambio radical en Aragón del Gótico al Renacimiento ni en escultura ni en pintura, incluso coexisten los dos sistemas. Como suele suceder en otras épocas, un nuevo estilo no se implanta de repente, hace falta tiempo para asimilarlo. No podemos olvidar que todavía viven algunos de los maestros más representativos  y activos  de la corriente hispanoflamenca (Jaime Serrat, Miguel Ximénez y Martín Bernat, o el escultor del rey Fernando, Gil  Morlanes, el Viejo). La renovación de los modelos en las primeras décadas del Quinientos en Aragón, llegaron vía Castilla y Valencia: Maestro del retablo de Bolea, Maestro de Sijena, o en escultura, Damián Forment. Entre tanto, los talleres pictóricos de Zaragoza más activos y que también trabajaban para el resto de Aragón, fueron los de Pedro de Aponte, Antonio de Aniano y Martin García, que diversificaban su actividad en la realización de pintura de caballete, mural y policromía de talla. En la década de 1530, la renovación y asimilación del lenguaje artístico italiano en pintura, vendrá no sólo por el conocimiento y el uso de grabados de Agostino Veneciano o Giangiacomo Caraglio, sino de manera particular a través del zaragozano Jerónimo Vicente Vallejo Cósida y del italiano Tomás Peliguet. Ambos fueron excelentes dibujantes y proporcionaron excelentes diseños en campos artísticos distintos a los de su profesión.

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Detalle del cuerpo principal del retablo. Foto. Miguel Hermoso Cuesta

El estilo Cósida se identifica por la delicadeza de los detalles, belleza y dulzura de los rostros femeninos, con figuras pequeñas, de canon esbelto y elegantes movimientos, con un sentido estético propio de miniaturista, actividad que también practicó. Fue considerado entre los pintores más hábiles y aventajados del reino de Aragón, cualidades que todavía eran recordadas por la historiografía aragonesa del siglo XVII. Sus primeras obras conservadas, pinturas sobre sarga hoy en Bulbuente (Zaragoza) y el retablo de San Juan Bautista de la catedral de Tarazona, denotan que su formación se debió completar fuera de Aragón. El triunfo de Cósida es imparable y continuará hasta el óbito del Arzobispo de Zaragoza, D. Herrnando de Aragón. A lo largo de la dilatada vida del artista, no permanece anclado en el lenguaje figurativo de sus primeras obras y hace un cambio en la década de 1550, entonces pintaba la tabla de Nuestra Señora de la Esperanza, destinada al altar colocado delante de su sepultura, en la iglesia de San Pablo de Zaragoza, que se le había concedido en el año 1541. El artista está directamente relacionado con el proceso de renovación del arte mueble de este templo. Como todos nuestros artistas, el pintor empleó en sus obras como fuente iconográfica los grabados de Durero, Luca de Leyden o de Raimondi y Veneziano, y en las últimas obras estampas de Cornelis Cort. Trata siempre de adaptarlas a sus estilemas propios, con un tono decididamente renacentista y con preferencia por lo rafaelesco. 1

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Detalle de la tabla derecha, dedicada a Santa Engracia. Foto. J. Garrido Lapeña

Vallejo Cósida, y el mecenazgo artístico de Don Hernando de Aragón: Don Hernando de Aragón fue el último arzobispo de Zaragoza de la Casa Real, y durante mucho tiempo el último aragonés. Los arzobispos de la Casa Real respondían todos a un modelo bien definido. Su mérito principal y, en ocasiones único, era la condición de hijos o nietos de reyes. Elevados en la categoría de cabezas de la Iglesia aragonesa por su estirpe, su actuación fue también semejante. Pero ellos se comportaban más como príncipes de este mundo que como ministros de Dios. Don Hernando cerró la saga, pero él fue una excepción  dentro del modelo apuntado. A diferencia de sus antecesores, era un hombre de vocación y como tal, vivió enteramente dedicado  a las obligaciones que le imponía su alta condición eclesiástica. 2 El primer testimonio  de la estrecha relación entre el prelado y quien fuera uno de sus principales consejeros en materia artística, nos traslada a la lejana fecha de 1540, momento en el que D. Hernando, todavía abad del monasterio, acuerda con el artista, la realización del nuevo retablo mayor de Veruela (Zaragoza). El pintor requirió el concurso de mazoneros Nicolás de Lobato y a los imagineros Miguel Peñaranda y Juan Vizcaíno, reservándose el pintor las labores de policromía y confección de las  puertas de sarga, que en la actualidad se conservan en la parroquia de Bulbuente. Una de las principales preocupaciones manifestadas por Hernando de Aragón a comienzos de su pontificado fue la puesta en marcha de un ambicioso plan de mejora de edificios de la mitra. El arte mueble ocupa un lugar de importancia más modesta en este apartado, en dónde  debemos destacar el colosal retablo mayor de Valderrobres (Teruel),  confiado por el  ya arzobispo, a nuestro artista, aunque su terminación  previa era de tres años, en las puertas figuraba como data el año 1550. En este mismo año, Cósida, se encargará de dirigir el equipamiento artístico de las capillas de San Bernardo y San Benito en la Seo de Zaragoza, obra capital del Renacimiento aragonés,  financiado por su arzobispo; para la primera debió de preparar también las trazas de retablos y sepulturas de alabastro, y en la segunda pintó su desaparecido retablo. Esta fórmula, en la que el mecenas  delega la concepción y supervisión de sus proyectos en manos de un artista, es propia de las principales cortes  del Renacimiento italiano y sería adoptado de manera eventual en diferentes lugares de Europa a lo largo del Quinientos. Hacia los años 1565-1570, Vallejo Cósida, realizará un nuevo retablo para el monasterio de Nuestra Señora de la Caridad de Tulebras, municipio emplazado en los territorios navarros del obispado de Tarazona. En 1562 el arzobispo de Zaragoza le encomendaba el desaparecido retablo mayor del monasterio cisterciense de Cambrón (Zaragoza). Los libros de cuentas del arzobispo indican que el febrero de 1563 Jerónimo Vallejo cobró ciertas sumas de dinero por pintar una galería de obispos y arzobispos de Zaragoza en el coro de Santa Lucía, cuyas características técnicas debieron ser similares  a los de Cambrón. A partir de 1565 incorpora a su nombre el nuevo apellido de Cósida y comienza a usar el título de infanzón, figurando en 1589 en el estamento de caballeros e hidalgos de Zaragoza, este privilegio y el ejercicio de la profesión le permitieron disfrutar de una posición muy desahogada. En 1566, Fray Antonio García, obispo de Utica, contrató el retablo mayor de Nuestra Señora de la Asunción de Trasobares (Zaragoza), de calidad desigual, algunas de sus pinturas, como la Epifanía o la Adoración de los pastores, son espléndidas y figuran entre lo más granado de su producción. Sin duda, don Hernando seguía apostando por el pintor zaragozano que estaba en disposición de ofrecerle un trabajo de calidad. Pero la principal empresa de mecenazgo promovida por el arzobispo, en la recta final de su pontificado, va a ser la edificación de la cartuja de Aula Dei. Don Hernando vivió lo suficiente para conseguir que el retablo mayor de la iglesia se encargara a Jerónimo Vallejo, a comienzos de 1574. El proyecto era muy ambicioso y su precio se fijó en 30.000 sueldos, el más alto pagado  nunca al pintor. El plazo de ejecución se estableció en año y medio, pero con la muerte  del arzobispo, a finales de enero de 1575, la empresa entró en vía muerta. El retablo no se concluyó hasta el año 1585, y el pintor falleció en 1592, sin terminar de cobrar el trabajo. En 1594, a instancias de los cartujos, el retablo fue reconocido por los pintores Jerónimo Mora y Domingo Martínez y un año después la comunidad religiosa llegaba a un acuerdo para la zanjar la deuda, en este caso con la heredera del artista. A partir de la muerte de su protector el arzobispo de Zaragoza, se advierte una progresiva decadencia del pintor y se le acaban los contratos de grandes retablos. El último encargo documentado de Jerónimo Cósida es de 1587 cuando a edad muy avanzada facilitaba trazas para bordados. 3

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Detalle  de la parte inferior del retablo con la representación de las armas del Reino de Aragón

Retablo de la cárcel de Manifestación: Este es el sobrenombre por el que se conoce a esta obra maestra, por proceder de la capilla de la cárcel que la Diputación General del Reino y el Justicia de Aragón tenían para los procesados forales de manifestación, ubicada junto a la puerta de la Toledo, de la ciudad de Zaragoza, frente al mercado. El diseño de la traza del retablo también debe corresponder a Cósida, con la mazonería dorada y decorada con motivos platerescos y figurativos de ángeles, amorcillos sobre tritones y pequeños centauros.  La estructura es sencilla y poco innovadora,  está forma por un banco, de tres casas cuadrangulares, un cuerpo de un piso y tres calles, la central en medio punto es más ancho que las laterales, sobre las que hay dos medallones, y remata en un ático cuadrangular.  La casa central simula una hornacina, en dónde el artista trata de crear una talla fingida, para alojar a la Virgen con el Niño. En el basamento figuran los emblemas del Reino de Aragón: en el centro un escudo con la Señal Real y timbrado con corona real, mientras que  a los costados aparecen otros dos,  el de la izquierda con la cruz de Íñigo Arista y en el otro lado la de San Jorge con las cuatro cabezas de los reyes moros, representando al Reino. Esta composición está inspirada  en las piedras armeras de la Diputación del Reino, que también se conservan en el Museo de Zaragoza, pero convenientemente actualizadas al gusto del Renacimiento. A estos signos  de identidad  les acompañan  los símbolos religiosos, colocados flanqueando la hornacina principal: las pinturas de San Jorge, como patrón de Aragón y de San Engracia, mártir por excelencia de Zaragoza  y tan vinculada a su historia. Los modelos figurativos se identifican con Cósida, figuras femeninas, de formas elegantes  y refinados  rostros delicados.  La figura más exquisita de todo el retablo es Santa Engracia, la técnica del rostro denomina que el pintor hacía “miniaturas en aceite”. Va vestida al gusto de la corte, lo que denota que en el ambiente en el que se movía Cósida, estaba al tanto  de las novedades de la moda de su época, sin omitir el clavo en la frente como atributo a su martirio. En cuanto a la composición del San Jorge, el personaje va vestido con indumentaria de legionario romano, alancea al dragón, cuya cola se enrosca en la pata del caballo, para salvar a la princesa que está subida en un montículo. El resto de la iconografía cristiana también se puede justificar por venir de un recinto carcelario, de izquierda a derecha: Cristo se aparece a San Pedro, un Ecce Homo y Cristo con la mujer adúltera. Las fórmulas artísticas son inequívocas del pintor, en ellas caben resonancias italianas, que acaban fundiéndose con las nórdicas. De esta manera, la fórmula constructiva del Ecce Homo, debe estar inspirada en una xilografía del Alberto Duero. Para conformar  el eje vertical con las imágenes más relevantes, el retablo se inicia con el sacrificio del  Salvador, que culmina con el Calvario del ático. 3 En los fondos paisajes, definidos por tenues colores en los que se aprecia el uso de esfumaturas que evitan la rudeza de los volúmenes, en los que destacan precisos y minucioso detalles como es la princesa de la escena de San Jorge. En cuanto al color predominan los tonos ocres, asalmonados y violáceos creados con base en combinaciones y mezclas habituales en su paleta 4

Ficha: Jerónimo Vicente Vallejo Cósida. Retablo de la Virgen con el Niño. 1569-1572. Temple graso y óleo sobre tabla de pino. 304X177cm. Museo de Zaragoza

Bibliografía:

1-Morte García, Carmen. Los artistas de Aragón y sus patronos en el Renacimiento: Los proyectos figurativos. En el esplendor del Renacimiento en Aragón. Gobierno de Aragón, Zaragoza. 2009. P 54-59.

2- Colás Latorre, Gregorio. El Virrey de Aragón. En  Don Hernando de Aragón. Arzobispo de Zaragoza y Virrey de Aragón. Colección Mariano de Pano y Ruata Nº15. Caja de Ahorros de la Inmaculada. Zaragoza, 1998. P 18

3- Criado Mainar, Jesús. El mecenazgo artístico de Don Hernando de Aragón… opus cite…P135-186

3- Morte García, Carmen…opus cite…P234-236

4- Cancela Ramírez de Arellano, María Luisa. Gómez Dieste, Carmen. Guía del Museo de Zaragoza. El Renacimiento. Gobierno de Aragón, Departamento de Cultura y Turismo. Zaragoza, 2003. P280

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