EXPOSICIÓN

Salvador Dalí. Leda atómica. 1949. Óleo/tela. Fundación Gala-Salvaldor Dalí. Figueres. Fotografía de Daniel Pérez Artigas

El idioma de Dalí 

José Antonio Val y Daniel Pérez Artigas

Dalí es por derecho propio un creador total que removió, durante toda su vida, las conciencias y miradas de sus contemporáneos, su obra se revela inabarcable y transciende el campo mismo del arte, de las exposiciones y de los museos. Su universo nos fascina, los símbolos que aparecen en sus lienzos se han incorporado a nuestra sensibilidad, y sus ideas sobre el arte y la ciencia atraen a especialistas de distintos ámbitos. Cada nueva exposición o estudio sobre su trabajo desvela nuevas y apasionantes facetas del complejo discurso que fue forjando a lo largo de su vida.

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Momento de la visita guiada por la comisaria de la exposición. Fotografía de Daniel Pérez Artigas

A lo largo de los años, la actividad de Dalí se diversificó y se tornó poliédrica. En 1940, Salvador Dalí y Gala residen en los Estados Unidos, huyendo de la Segunda Guerra Mundial. La  América de los años cuarenta estaba hecha para Dalí y sus peculiares talentos, nos encontramos a un Dalí muy activo, que entra en contacto con las grandes personalidades del mundo de la cultura. Aunque ya había aparecido en su obra con anterioridad, la ciencia no se convirtió en un elemento central de su arte hasta los años cuarenta, cuando su pasión por la relatividad se apago, dejando atrás los experimentos juveniles y la militancia surrealista, para dirigir su interés hacia la energía atómica. Es en esta época, en la que ahonda la exposición Dalí atómico, fruto de la colaboración entre “la Caixa” y la Fundación Gala-Salvador Dalí, con el objeto de conocer en profundidad, una de las obras maestras de Salvador Dalí, Leda atómica, que excepcionalmente, abandona  su ubicación habitual en la Sala del Tesoro del Teatro-Museo Dalí para viajar hasta CaixaForum Zaragoza.

La obra, proyecta la preocupación del artista por los acontecimientos de su época y, al mismo tiempo, condensa muchos de sus intereses particulares: la ciencia, el paisaje, la mitología y Gala.  En el conjunto de su trayectoria, esta pintura representa la transición entre las llamadas “época atómica” y “etapa mística nuclear”, en que, sin abandonar el método paranoico-crítico de interpretación de la realidad, abraza la física atómica, mientras vuelve su mirada hacia el Renacimiento.

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Triple aparición del rostro de Gala. Fotografía de Daniel Pérez Artigas

Cuando Salvador Dalí presenta por primera vez Leda atómica en la Bignou Gallery de Nueva York, el 25 de noviembre de 1947, declara que dicha pintura va a ser su primera obra maestra. Tras un minucioso proceso creativo consistente en croquis, esbozos, fotografías, calcos, estudios y dibujos previos, que pueden verse a lo largo de la muestra, y que constituirán la pintura final. Dalí es un dibujante excepcional, realiza un laborioso proceso de trabajo preparatorio, en el que prima la pureza del trazo de las figuras, siguiendo de cerca las líneas trazadas  por las obras maestras clásicas

Dalí, muestra su respeto por la técnica y el oficio, al añadir un ingrediente importante, a la composición de la obra,  que  es la proporción aúrea. Esta proporción, descubierta en el Antigüedad clásica y desarrollada en el Renacimiento por el matemático Luca Pacioli, se aplicó al arte y a la arquitectura con el fin de acercar las obras a la perfección divina y a otorgarles una carga mística.

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Dibujo preparatorio para Leda atómica en el que Dalí nos muestra la circunferencia y el pentágono donde se inscriben los elementos principales de la composición, y la fórmula de la proporción áurea. Fotografía de Daniel Pérez Artigas

Junto a Leda atómica, Dalí expone en la Bignou Gallery dos óleos sobre tabla Triple aparición del rostro de Gala, que presenta el rostro de Gala más o menos definido emergiendo de tres rocas sobre un fondo ocre de playa y Leda atómica (inacabada).  Como obra maestro que es Leda atómica, el artista comunicó que, al finalizar la exposición del año 1947, la trasladaría con sumo cuidado a Europa junto con La cesta de pan (1945), conservará para si ambos óleos, cuando se inaugura el Teatro-Museo los hará colgar en un lugar preeminente, la Sala del Tesoro, y los realzará con un marco holandés del siglo XVII.

Dalí dialogó toda su vida con el pasado, a su predilección por la ciencia, que se convierte para él en un elemento inspirador, fértil y productivo, tanto en el terreno artístico como en el filosófico, se unió su interés por la religión y por la pintura de los maestros antiguos. Leda atómica es un ejemplo excelente, pues el artista vincula su pintura a las teorías sobre la estructura atómica.  En esta obra todo flota, todo se halla en suspensión, nada se toca, igual que los electrones alrededor del núcleo de un átomo.

Dalí atómico. CaixaForum Zaragoza. Hasta el 9 de junio de 2019

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