La obra de arte del mes

Alegoría del baile. Ramón Acín.

                                                               José Antonio Val Lisa y Daniel Pérez Artigas

Antecedentes artísticos: Frente al costumbrismo, convertido para algunos en folklorismo, que arraigó a finales del siglo XIX y continuó produciéndose a comienzos del XX, el regionalismo pictórico se convirtió en un asunto inherente a la búsqueda de una autoafirmación cultural que rebasaba el marco del arte para desembocar en el de la identidad nacional. La pintura regionalista se sumó a la configuración de las diversas identidades nacionales, coadyuvando incluso a modelar los factores diferenciales entre unas y otras regiones españolas, basados en su propia historia y en sus distintos hábitats culturales. Llevó implícito además un fuerte contenido político, generalmente reivindicativo, que alternaba entre los movimientos nacionalistas y regeneracionistas. En segundo lugar, el regionalismo fue aprovechado en muchos casos como un modo para implantar la renovación artística y formal frente al vocabulario plástico trasnochado que tanto gustaba al academicismo imperante a comienzos del siglo XX. Las nuevas generaciones modernizaron algo más su lenguaje. Emplearon fondos pictóricos concebidos como meros artificios -construidos, muchas veces, a base de grandes superficies de colores planos-, volúmenes y perspectivas casi inexistentes, dibujos menos preciosistas, gamas cromáticas enfatizadas expresivamente perdiendo realismo, etc. Es decir, que la figuración, empleada como tendencia básica y casi única, prescindía de los recursos empleados hasta el momento para ir progresivamente incorporándose a los realismos de nuevo cuño que poblaban la pintura moderna española. Todos ellos recrearon una temática bastante común, como responde al concepto regionalista que estamos barajando. Las más habituales fueron las representaciones de hombres y mujeres de la tierra, a veces ataviados con los trajes típicos, interpretadas de manera individual o en grupo. 1 El fenómeno conocido como regeneracionismo surgió de las clases medias como reacción ante las imperfecciones de un sistema en el que  una élite monopoliza el poder poniéndolo al servicio de los propios intereses. El regeneracionismo había sentado sus bases intelectuales  muy pronto, en 1876, con la Institución Libre de Enseñanza, un proyecto educativo que buscó fuera de la universidad la libertad que el régimen había estrangulado dentro, y, llegó a convertirse, durante décadas, en faro de la intelectualidad crítica, laica y republicana (…) Institucionista, pequeño propietario y candidato republicano, Joaquín Costa representa mejor que ningún otro la experiencia histórica en la que fue forjando su espíritu el regeneracionismo. En 1901, en el Ateneo de Madrid, defendió su programa con las líneas  de actuación que deberían servir al país para salir de la crisis: apuesta por la educación, fomento de la producción, protagonismo de los municipios, inversión en obras hidráulicas y colonización interior, apoyo a la pequeña propiedad, investigación científica, desarrollo de infraestructuras de comunicación. Todo un conjunto de medidas cuyo objetivo era alcanzar la “europeización de España”.2 Pero al final, Costa había fracasado en casi todo: el “regeneracionismo” que predicó se había convertido  en un flatus vocis y su fervor de “europeización” no resultaba atractivo a quienes vivirían experiencias europeas intelectualmente más sustanciosas; había elegido muy mal al protagonista colectivo  del presunto cambio (las que llamó “clases productoras”) y todo lo mucho que había escrito envejeció en poco tiempo”.3 En nuestro territorio, la crisis de fin de siglo, había provocado una profunda reacción, que sería evidente en la primera década del siglo XX, en dónde la pujanza de la burguesía aragonesa de estos años se vio reflejada en los actos de conmemoración del centenario de los Sitios de Zaragoza en 1908, entre los que destacó la Exposición Hispano-Francesa, que se rodeó de multitud de otros eventos que convirtieron a la ciudad, durante unos meses, en el centro del país. No obstante, la ocasión puso de manifiesto que esa burguesía afrontaba el momento desde dos posiciones bien distintas: la progresista de liberales y republicanos, bien representada por la figura del industrial Basilio Paraíso, y la conservadora y religiosa, cuyo principal exponente era el omnipresente deán del cabildo, Florencio Jardiel. Sí los primeros concentraron su energía en hacer de la ocasión un hito modernizador de la región aragonesa, los segundos centrarían buena parte de sus esfuerzos en releer los Sitios en clave aristocrática y de cruzada. 4

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Boceto para el tríptico de Alegoría del baile. 1915-16. Lápiz/cartón. Museo de Huesca.

Geometría de un hombre sin aristas: Cuando en 1936 Ramón Acín fue asesinado, una espesa niebla se cernió sobre él. Su voz y su trabajo fueron silenciados. Hubo que esperar hasta la década de los 80, del pasado siglo XX, para que se conociera una recuperación vigorosa del personaje. Recordemos la primera entrada que firmaría Manuel García Guatas, para la Gran Enciclopedia Aragonesa,  la retrospectiva que le dedicó el Instituto de Estudios Altoaragoneses en 1982, la antología de 1988 en el Palacio de Sástago, dirigida por Manuel García Guatas, la comisariada por Concha Lomba, en el Museo de Zaragoza, hace dieciséis años o la última muestra hasta ahora conocida, realizada en el año 2013, en el Museo de Huesca. ¿Cómo hubiera sido el escritor, pintor, escultor, crítico de política, militante de la Confederación Nacional del Trabajo, humorista burlesco, cronista, poeta y panfletario, tras la contienda bélica, de haberla sobrevivido?, ¿cómo hubiera sido la evolución de  su arte?. Son preguntas, cuyas respuestas no tenemos. Lo único que nos queda es su figura y sobre todo, su obra, tan dispersa como considerable y valiente, constituyendo una fuente de pasión, sensibilidad e intensidad. La sensibilidad de un hombre, Ramón Arsenio Acín Aquilué, que fue arrebatada un caluroso seis de agosto de 1936.

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Variación sobre Alegoría del baile. 1915-16. Lápiz/papel. Museo de Huesca.

La obra de Acín, ciertamente influenciada por su ideología política, se enmarca  en cierta estilización cubista. Sin embargo, provoca cierta desazón entre los historiadores del arte, no sólo por la diversidad de corrientes artísticas ensayadas en un breve periodo de tiempo, el que media entre 1926 y 1936. Sus obras de los primeros años tienen un perfecto acomodo entre el regionalismo propiciado por la ideología regeneracionista aragonesa, de manera que tanto los personajes como los parajes urbanos y naturales oscenses constituyeron sus principales fuentes de inspiración. Cocina de Loarre de 1908, Haciendo chorizos o Calle con veladores son algunas de las obras más notables de esta etapa formativa, durante la cual también recurrió frecuentemente a los estilemos modernistas. Durante todo este tiempo, el ideario regionalista reaparecerá una y otra vez, sólo que variando el lenguaje artístico empleado;  lo que no obsta para que nos haya legado algunas dignas de mención como esa Alegoría del baile,  fechada hacia 1916, o su Feria de Ayerbe datada entre 1918 y 1922. Ambas mantienen en común su alejamiento del academicismo más en boga, sus pinceladas cada vez más empastadas, los trazos enérgicos y un cierto carácter expresionista. Inmerso en semejantes novedades parecía lógico que su pintura desembocarse en el arte nuevo, esa corriente que estalló en 1925 con motivo de la celebración de la Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos en Madrid, y luego en los lenguajes de vanguardia. 5 En lo que respecta a la escultura, en torno a los años veinte, del pasado siglo, Acín, realizará un novedoso conjunto de esculturas, considerada por la crítica del momento como “una de las expresiones artísticas más logradas”. Piezas realizadas en metal, en chapa de hierro recortada o doblada. Hay que recordar, que por esas fechas, la escultura en hierro, estaba alcanzando cotas de alta calidad. Sobre todo las creaciones de Gargallo, Julio González o Blasco Ferrer. Entre estas piezas, podemos destacar Bailarina, Bañista, Cristo o Las pajaritas, esta última, se convirtió en símbolo de la ciudad oscense.

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Boceto definitivo para el tríptico Alegoría del baile. 1915-16. Óleo/cartón. Museo de Huesca

El artista de las mil facetas: La libertad y la experimentación que caracterizan la obra de Ramón  Acín no contradicen los postulados del regionalismo. Como bien ilustra el tríptico Alegoría del baile (h. 1915-1916), donde aparecen reunidos algunos de los lugares comunes más propios del aragonesismo: 6 La representación del propio baile, en la distancia, viene acompañada de la personificación de la jota en forma de figura femenina desnuda que, dispuesta en lo alto de un montículo, domina la escena portando en sus manos una guitarra. Se subraya así la profunda dimensión simbólica del folclore, su vinculación con el pueblo retratado en segundo término y la unión con la tierra en que se le dio forma. El paisaje continúa en los dos cartones que completan el tríptico- en una adaptación a lo regional de un formato tan propio del simbolismo fin de siglo-, 7 Campos y canal de riego, un extenso campo amarillo surcado por un canal, que representaría el nacimiento, la mañana; el ya descrito Alegoría del baile,  que vendría a significar la juventud, la tarde; en tercer lugar Paisaje con un pueblo, representación de una pequeña localidad con su camposanto,  en alusión a la muerte, la noche. Antes de preparar la obra definitiva, el pintor realizó un boceto Estudio para alegoría, que también  se  encuentra en la Colección Ramón Acín del Museo de Huesca. En el tríptico predominan los colores primarios – amarillo y azul, con pequeños toques de rojo, que aviva las amapolas – y aparecen los colores secundarios – verdes y violetas, apenas el anaranjado. El cromatismo es fuerte, color que intensifica en sus obras durante el binomio 1915-1916, consiguiendo una gama casi expresionista. Alegoría del baile, supone una de las obras señeras del regionalismo aragonés, y  marca también el tono renovador con el que Acín resolverá, plásticamente, este tipo de asuntos. Una nueva visión, mucho más avanzada, de unos temas que empezaban a resultar demasiado trillados. 8

Ficha: Ramón Acín. Alegoría del baile. (Tríptico). 1915-16. Óleo/cartón. 460×515 cm. Museo de Huesca. 

Citas:

1-Lomba Serrano. Concha. Pintura regionalista en Aragón. (1900-1930). Artigrama, núm. 12,  Departamento de Historia del Arte Universidad de Zaragoza. 1996-97. P 503-11.

2- Rújula, Pedro. Historia Contemporánea.  Las críticas al sistema. En Historia de Aragón. La esfera de los libros. Madrid, 2008. P677

3- Mainer, José Carlos. De 1868 a 1911, pasando por el 98: Para una topografía costiana. En Joaquín Costa. El fabricante de ideas. Universidad de Zaragoza. 2011. P36

4-Rújula, Pedro. Historia Contemporánea Las críticas al sistema. En Historia de Aragón…opus cite…..P676

5-Lomba Serrano. Concha. La trayectoria artística de Ramón Acín. Entre el compromiso político y la vanguardia. En Ramón Acín. Gobierno de Aragón, Departamento de Educación, Cultura y Deporte. Zaragoza, 2003 P22,23

6-Castán Chocarro, Alberto. Tentativas de una imagen de Aragón en las artes plásticas. Ideal de Aragón. Regeneración e identidad en las artes plásticas (1898-1939). Prensas Universidad de Zaragoza. 2015. P48.

7- Castán Chocarro, Alberto. Señas de identidad. Pintura y regionalismo en Aragón (1898-1939). Instituto Fernando el Católico. Excma. Diputación Provincial de Zaragoza. 2016. P285-286

8- Castán Chocarro, Alberto. Señas de identidad… opus cite…P286

 

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