EXPOSICIÓN

Homenaje a la ciudad de  Zaragoza

José Antonio Val Lisa y Daniel Pérez Artigas

La Zaragoza que ha cumplido, desde su fundación por Augusto, más de dos mil años de historia, ha dado a la ciudad un denso patrimonio que no está ni en piedra, ni en  ladrillo ni en metal. Ese patrimonio  que antes de ser Caesaraugusta romana fue Salduie ibérica y más tarde Saraqusta árabe, son sus cuatro sílabas, que en los últimos cinco siglos cantan a quién está dispuesto a escuchar, y sobre todo  a entender, el espíritu de  esta ciudad milenaria.  Como cualquier otra ciudad, Zaragoza, es producto del devenir de la historia, que la conforman unas gentes que lo habitaron y lo habitan. Cada época ha dejado su huella, como las hojas de un libro, que se han mantenido en una sucesión de etapas dispuestas irregularmente debido a las transformaciones económicas y sociales que, desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, manifestaron un crecimiento desmesurado de su población.  El legado que Zaragoza guarda, es el recuerdo de capítulos especiales de su abigarrada biografía. Como llaves preciosas, para rincones de esta alma antigua que es la ciudad, así se muestran las piezas de la exposición Pasión por Zaragoza. El reino de los sentidos. La muestra, por la que han pasado más de 15.000 personas, ha sido prorrogada hasta el próximo 29 de enero, festividad de San Valero, en Ibercaja Patio de la Infanta. Pasión por Zaragoza se compone de un centenar de piezas que destacan por ser referentes en el campo del patrimonio histórico, artístico, bibliográfico, arqueológico archivístico e incluso textil y numismático. Su discurso expositivo tiene como hilo conductor  la celebración de un conjunto de momentos histórico clave: la creación del Reino de la Taifa en el 1018, la conquista cristiana de Alfonso I, en 1118, la Fundación de la Casa de Granaderos, en 1218 y la creación del Arzobispado, en 1318, momentos muy importantes en la historia de la construcción  de la identidad de la capital de Aragón.

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Anónimo. Nuestra Señora de San Gil. s. XII. Madera policromada. Iglesia parroquial de San Gil Abad de Zaragoza. Foto de Daniel Pérez Artigas

El reino de los sentidos: Comisariada por los historiadores Domingo Buesa y Armando Serrano, la exposición comienza su visita con un escudo de Zaragoza, que se expone por primera vez fuera del Ayuntamiento atribuido a Martín García, da paso a una zona que recuerda el legado romano de Caesaraugusta, única ciudad que tuvo el privilegio de ostentar el nombre completo de su fundador, la primera sorpresa con la que se encontrará el visitante, será en el suelo, un vinilo recrea las losas romanas, que darán paso a la piedra medieval, con una recreación de la capilla visigótica, en la que destaca la Mitra de San Ramón, datada en el siglo XII, bordada en seda y oropel, y la sede del Obispo de Roda de Isabena, también del siglo XII, tallada en madera de pino con restos de pintura al temple. Tras un paseo por el Medievo, la primera de las salas principales, está dedicada a la creación del Reino de Taifa, un gran vinilo ocupa la pared frontal con la recreación de una imagen de la ciudad de Saraqusta en el siglo XI, que reproduce los edificios más emblemáticos y su ubicación, realizado por el grupo de investigación de arquitectura GIA, de la Universidad de Zaragoza. En este espacio, el visitante encontrará unas piezas de cerámica, no exhibidas hasta la fecha. La representación de un arco romano, da paso al siguiente espacio que conmemora la conquista cristiana de Alfonso I, en donde destaca un fragmento de cerámica, del siglo XIV, que representa por primera vez el escudo de Zaragoza. La zona protagonizada por la Fundación de la Casa de Granaderos, nos hace avanzar un siglo en la historia de la ciudad, de esta manera,  el arco románico, pasa a convertirse en gótico. En esta zona, destaca la única bandera que se conserva de Jaime I, del siglo XIII, y el privilegio documental de la creación de la Casa de Granaderos.

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 Pedro Morages (punzón). 1384-1386. Custoria relicario de los Sagrados Corporales. Iglesia parroquial de los Sagrados Corporales de Daroca (Zaragoza). Foto de Daniel Pérez Artigas

A todo esto hay que recordar que, cada espacio ofrece al visitante un paisaje sonoro, que reproduce olores y perfumes y pone a disposición materiales que se pueden tocar, a través de cajas cerradas en las que intuirán su verdadera naturaleza. Son nuevas sensaciones vinculadas con el periodo histórico que evoca cada sala, y que se suman a la tradicional forma de mirar una exposición.

 La cuarta sala, está centrada en la creación del arzobispado, está presidida por siete bustos-relicarios de los siglos XIII- XVIII, que representan a Santa Ursula de Logroño, San Lorenzo de Huesca, Santa Osoria de Jaca, Santa Engracia de Zaragoza, Santa Emerenciana de Teruel, San Ramón de Barbastro y San Atilano de Tarazona, representan las principales devociones que conformaba la archidiócesis de Zaragoza, en el año 1318. Se trata de bustos originales, que procesionan en cada uno de los lugares de origen, y que jamás se habían exhibido conjuntamente. En esta misma sala puede contemplarse la Custodia-relicario de los Sagrados Corporales de Daroca, el cáliz del Compromiso de Caspe, el protocolo notarial del milagro de Calanda y una tabla gótica que, según los últimos estudios, representa al Papa Luna, bajo la alegoría de San Pedro. Ya en la zona del pasillo, una moneda de oro, del siglo XVI, recuerda al visitante, el paso por la capital del Ebro, de Carlos I de España, para ser coronado en la Catedral de la Seo, en el año 1518. También hay un espacio que recuerda los 300 años de la construcción de la Basílica del Pilar, exhibiendo una imagen de la Virgen del Pilar, del año 1818, que fue regalo del Cabildo metropolitano al canónico que salvó el archivo durante los Sitios, que se expone por primera vez. La muestra finaliza con un guiño a la contemporaneidad a través del clasicismo que impregna la obra del pintor aragonés, Eduardo Laborda, con su obra Alegoría de Zaragoza, en la que también evoca un friso del Patio de la Infanta en su iconografía.

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Eduardo Laborda. Alegoría de Zaragoza. 2002. Acrílico/lienzo. Colección particular. Foto de Daniel Pérez Artigas

¿Qué queda hoy del alma zaragozana?. Algunos de estos objetos histórico-artísticas, nos darán las claves de cómo vivieron quienes estuvieron aquí, antes que nosotros. También, estos sucesos históricos que han sido celebrados en su conjunto, deben de servir al espectador para mirarse así mismo, recortando la silueta de lo que fuimos, lo que somos y de lo que queremos ser.

 Pasión por Zaragoza. El reino de los sentidos. Ibercaja Patio de la Infanta.  Hasta el 29 de enero.

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