OBRA DEL MES: Vista de Zaragoza, de Juan José Gárate

José Antonio Val Lisa y Daniel Pérez Artigas

Sin duda este armonioso y alegórico cuadro de Gárate, funde para la posteridad, los tres géneros pictóricos en los que el artista turolense destacó: el retrato, el paisaje y la pintura de género o costumbrista. La obra nos presenta un retrato en conversación contemplativa de nueve de los más célebres prohombres de la cultura, la industria y la ciencia de Aragón, entre ellos, los que habían hecho posible la Exposición Hispano-Francesa e impulsaron la transformación económica y  urbana de la ciudad.

Antecedentes Históricos

El tránsito del siglo XIX al XX en un momento especialmente crítico para la historia de España, – el glorioso ejército español había sido vencido. Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, perdidas. Y el país, sumido en una profunda depresión, una más en la larga historia de España, mitificada en exceso, por las consecuencias de la llamada generación del 98 en pos de una necesaria modernización-.

Igualmente complejo es el panorama de las artes plásticas del país. Un tiempo plagado de diferentes lenguajes artísticos que se van alterando, incluso solapando, hacia un llamado “arte nuevo”. Si esto se había dado en escenarios como París, Nueva York, Viena o Milán, ciudades donde se había desarrollado la propia vanguardia, en España la pintura de historia era la que triunfaba en las Exposiciones Nacionales, la pintura regionalista, para algunos folclorismos, se imponía como un asunto que rebasaba el plano artístico hacia la búsqueda de la identidad nacional.

No era difícil entender que el panorama artístico español vivía a espaldas de la realidad que asolaba en otros escenarios internacionales. El modernismo envolverá el arte en el paso del siglo XIX al XX, pero en las regiones sólo participarán de él algunos arquitectos y escultores, quedando los pintores, al margen de sus influencias, que lo practicarán en las artes gráficas en contadas excepciones.

            La falta de participación de nuestros pintores en el modernismo, antesala de la modernidad, retrasará la llegada de futuras vanguardias, lo que ni siquiera con la desaparición física de los grandes y encumbrados paletas ochocentistas se produjo.1

En Aragón era una encrucijada en sí misma, en el campo de las artes plásticas. Con unos horizontes profesionales muy limitados en Zaragoza y todavía más, en las demás capitales de Aragón.

La extinción de los gremios y de una formación tradicional ayudando en algún taller cercano, dio paso a la libre competencia individual y de una formación que ya no consistía en el aprendizaje empírico del oficio, sino que el futuro artista iba a estudiar a un centro oficial, marchando después por becas, premios, mecenazgo institucional o el mercado privado.

Esto produjo un doble efecto: por una parte, la concentración de obras y autores en Zaragoza, foco de la modesta oferta de docencia, exposiciones, mecenazgo y mercado que fue desarrollándose en la región y por otra, la emigración, a menudo sin retorno, de los mejores artistas, ya que las escuelas donde un arquitecto, escultor, o pintor, podía titularse al más alto nivel estaban en Madrid, las becas más codiciadas eran las que le llevarían a Roma, los premios más prestigiosos y el mercado más pujante estaban en las grandes capitales.2

Al tiempo, surgieron nuevas rotativas, en especial, diarios y revistas culturales, que contribuyeron a analizar, debatir y difundir las diferentes corrientes artísticas. Con la llegada del nuevo siglo, la ciudad de Zaragoza se transforma.

En 1900, las Artes Gráficas florecen en cabeceras de efímeras revistas ilustradas como Zaragoza, El Gancho y las dos publicaciones más importantes del momento: El Diario de Avisos de Zaragoza y Heraldo de Aragón, todos estos medios poseían una cabecera con tipografía modernista.

Luz entre tinieblas: La exposición Hispano-francesa de 1908

La Exposición estuvo abierta un inusual periodo de tiempos de siete meses, inaugurada el 1 de mayo, se clausuró el 5 de diciembre, y marco el transcurrir de la vida ciudadana durante el tiempo que estuvo abierta. Como es sabido, esta exposición surgió como un evento pacifista de conmemoración de los Sitios de Zaragoza.

Se accedía a ella a través de lo que parecía un arco triunfal de trazas modernistas, situado a la altura de lo que hoy es la calle Mariano Escar. De ahí se pasaba a la plaza central en donde se instalaron los pabellones franceses, de la maquinaria y de la alimentación. Junto a estos pabellones principales se instalaron otros de menor tamaño como el Mariano, el de la Veneciana o el Ilusiorama.

Ignacio Coyné. Exposición Hispano Francesa. Pabellón de la Alimentación, 1908.Proyecto GAZA (Gran Archivo Zaragoza Antigua)
Ignacio Coyné. Exposición Hispano Francesa. Pabellón de la Alimentación, 1908.Proyecto GAZA (Gran Archivo Zaragoza Antigua)

Aunque, si hubo un edificio que realmente colmó el gusto de los zaragozanos, fue el Casino proyectado por Ricardo Magdalena, el cual, a petición popular, se mantuvo para ocio y usos culturales hasta fines de los años veinte.

En el perímetro de la plaza se situaron los tres edificios construidos de manera permanente entre 1907 y 1908; el Museo Provincial de Bellas Artes, obra de Ricardo Magdalena y Julio Bravo, era un edificio de ladrillo, en el que las proporciones, la perfecta alternancia del macizo, el vano y la sabia remembranza de tradición aragonesa lo convertían en una obra maestra, “La Caridad”, con proyecto final de Ricardo Magdalena, era un edificio sobrio, de fachadas que se insertaban, pero que su difícil “unión” al edificio del Museo de Bellas Artes se lograba con acierto y la Escuela de Artes y Oficios, obra de Félix Navarro, en la que hacia presencia la tradición del palacio aragonés, la que sirvió de vehículo para lograr una simbiosis ecléctica entre arquitectura del ladrillo de tradición mudéjar y el clasicismo finisecular tan del gusto de la época.

 La disposición de estos edificios se hizo en función de la distribución espacial de la Exposición Hispano-francesa y de la ubicación en ella de los distintos pabellones provisionales. Esta circunstancia provocó ligeras modificaciones sobre el proyecto inicial de urbanización de la Huerta de Santa Engracia, al fragmentar las manzanas situadas entre la plaza de los Sitios y el paseo de la Mina, alternando el engarce con lo ya construido.

Junto a estos edificios, la Exposición Hispano-francesa de 1908 nos dejó el Kiosco de la Música de José Manuel Martínez de Ubago, actualmente ubicado en el Parque José Antonio Labordeta, y el Monumento a los Sitios, magnífica representación del modernismo escultórico en Zaragoza, obra del catalán Agustín Querol.3

En lo que respecta a las artes plásticas, la exposición estaba dividida en dos partes: arte retrospectivo y contemporáneo. Merced a ella, la ciudad tuvo la oportunidad de contemplar una magna exposición internacional en la que se dieron cita personalidades importantes del arte contemporáneo francés y español, al fin y al cabo, también se conmemoraba el Centenario de los Sitios, desde una perspectiva pacífica y de restablecimiento de las relaciones entre España y Francia. La participación francesa, decidida por su Gobierno,  incluyó a Rodin, Blanch, Thevenot, Rouband y Corot; la inglesa a Maczulzy y Branguyn Lee; la holandesa a Von Bartels, Mesdag y Picters; la belga a Thomas, Viris, Gilsoul y Mennier; mientras que la italiana se redujo a Ciardi. La representación española, instalada en el edificio del convento de La Caridad, no fue tan multitudinaria, a pesar de todo, fue muy abundante y a través suyo podría analizarse el panorama de la plástica española de por aquel entonces. Estuvieron presentes Chicharro, Benedicto, Garnelo, Viniegra, Zubiaurre, Galofre Oller, Mañanos, Sáenz Peña, Martínez Abades, Pablo Uranga, Caviedes, Pepita Teixidor, Tamburini, Vila Prades y Cabrera Canto entre otros. De los artistas aragoneses, acudieron José González, Marín Bagüés, que resultó ser la “estrella” de la exposición, siendo uno de los que presentó mayor número de obras, seis en total, y obtuvo además una segunda medalla, Oliver Aznar, Julio García Condoy, Llanas, el decorador Julio Lafuente, Luis García, Victoriano Balansanz, Abel Bueno,  Elías García, Emilio del Buey, Vicente García Martínez y Luis Íñigo.

Además, se incluyeron algunas obras de los artistas recién fallecidos: Marcelino de Unceta, Bernardino Montañés y Carlos Larraz a modo de homenajes póstumo. Junto a ellos acudieron los escultores Querol, y Mariano Benlliure, considerados como los verdaderos protagonistas, Miguel Luciano Oslé, que obtuvo un gran triunfo con Bohemios, el marqués de Perinat, Torres Clavero, que recibió una mención honorífica por su escultura Dos bustos, Y José Bueno, que logró la medalla de oro. En la sección de Arte Decorativo estuvo presente José Manuel Acevedo, que obtuvo medalla de oro; a la de Escenografía tan sólo concurrió un artista digno de mención, Alarma; y a la de Fotografía acudieron Coyne, Escolá, Manuel Méndez León, Enrique Beltrán Aznárez, José Galiay y Manuel García.4

Ignacio Coyne.Exposición Hispano Francesa. Avenida del Jardín Botánico. 1908.Proyecto GAZA (Gran Archivo Zaragoza Antigua)
Ignacio Coyne.Exposición Hispano Francesa. Avenida del Jardín Botánico. 1908.Proyecto GAZA (Gran Archivo Zaragoza Antigua)

Quizás, el gran ausente, fue sin duda alguna Francisco Pradilla, que declinó participar, ni como jurado, ni exponiendo, y que rechazó el homenaje que le preparaban tanto el Ayuntamiento de la ciudad, como el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en el Casino Principal.

Aunque sí acudiría como visitante, Gárate, por estas fechas regresa de Alemania, triunfante, y participará en la Exposición Hispano-francesa con tres obras, consiguiendo una segunda medalla, por un retrato pintado al óleo y diploma de honor, por su cooperación en el Arte Retrospectivo. Aunque sin quererlo, su participación en el certamen, sería motivo de controversia entre los críticos. Y es que por esas mismas fechas, se estaba celebrando en Madrid, la Exposición Nacional, de aquel año, y Gárate participaría en ella, con tres grandes obras: Los emigrantes, Almuerzo en el olivar y Juventud que se escapa.  

Su buen amigo García Mercadal, se expresaba así en la Revista Aragonesa “Los tres cuadros que envió a Madrid a la Exposición Nacional, deberían haber sido para Zaragoza. Debería haber llenado una sala o, en su defecto, haber presentado los tres grandes cuadros que envió a la nacional. Los tres son un trozo arrancado de la vida con gallardías de maestro; los tres reflejan con escrupulosa fidelidad escenas de un intenso realismo; los tres dicen algo… Son cuadros sinceros, ejecutados con gran honradez pictórica, sin apelar a falsos recursos coloristas, que no entran en los cánones de quién, como Gárate, camina derecho hacia la belleza por el difícil sendero de la verdad. Sea nuestro silencio respecto a sus obras presentadas, como un castigo a su desconsideración con Zaragoza”.5

Tal vez, estos reproches influyeran de algún modo en la realización de su famoso cuadro Vista de Zaragoza, que el artista expuso en el escaparate del La Veneciana en noviembre de ese año, resultando del agrado de la mayoría.

Una visión moderna de la Pradera de San Isidro, de Goya

No habían sido escasas las imágenes artísticas decimonónicas consagradas a la Ciudad de los Sitios, pero frente a la abundancia de dibujos y grabados, hay que reconocer que las vistas pintadas fueron relativamente pocas, tanto en lo que se refiere a panorámicas generales como en la representación de detalles urbanos concretos.

Aunque esto cambió radicalmente en torno a 1908 como consecuencia de la Exposición Hispano-francesa, que tanto elevó la proyección nacional e internacional de la ciudad en los términos de imagen y de autoestima. Quizá la obra más emblemática de esta renovación moderna, sea el cartel de las fiestas del Pilar de aquel año, pintado por Victoriano Balasanz, así como la Vista de Zaragoza de Ceferino Cabañas, de 1904, o la Vista de Zaragoza, firmada por Gárate, en el mismo año 1908. Se trata del cuadro más célebre de su autor, y quizás el más conocido fuera de nuestra comunidad autónoma, pues resume el espíritu de una época de esplendor de Zaragoza.

Gárate, coincidiendo con la efeméride, seleccionó la visión más abarcadora de la próspera capital del Ebro, para plasmar, como síntesis viva del progreso, la industria, la agricultura, la cultura moderna, la cultura tradicional, representada respectivamente, por intelectuales, creadores y por el baile de la Jota.

Es posible que el propio pintor de Albalate del Arzobispo se hubiera inspirado en fotografías semejantes. Aunque no debemos olvidar que estaba muy al día de lo que triunfaba en la escena artística de Madrid, donde los retratos de personajes ante un paisaje típico, de Ignacio Zuloaga eran un fenómeno en alza.6

Dispuso los retratos en dos grupos. El principal, de pie, identificados (de izda. a dcha.) como el laureado pintor, Francisco Pradilla, dialogando con el recién nombrado Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal (el único cubierto con chistera), el dramaturgo y poeta Marcos Zapata (cuyas poesías prologadas por Ramón y Cajal se habían editado pocos años antes). Segismundo Moret, jefe del Partido Liberal, diputado a Cortes por Zaragoza, Ministro de Fomento, presidente del Consejo de Ministros y principal valedor de la subvención de Estado para financiar el Centenario de los Sitios, Basilio Paraíso, presidente  de la Cámara de Comercio e Industria de Zaragoza y del comité ejecutivo de la Exposición Hispano-Francesa, Mariano de Cavia, famoso periodista de la prensa madrileña, y Florencio Jardiel, deán del Cabildo del Pilar, Presidente de la Real Sociedad Económica de Amigos del País y del consejo de administración de la Caja de Ahorros de Zaragoza.

de izda. a dcha., Francisco Pradilla,Santiago Ramón y Cajal,Marcos Zapata, Segismundo Moret, Basilio Paraíso, Mariano de Cavia y Florencio Jardiel
Detalle del cuadro vista de Zaragoza de Juan José Gárate

El segundo grupo lo forman la pareja sentada en la de la izquierda, que corresponde a Jerónimo Vicente (con bastón), culto poeta zaragozano, coleccionista de grabados, amigo de Cavia y del propio pintor Juan José Gárate, que es el que se sienta a su lado. En el centro y desde la ladera del cabezo, muchachas y gentes del pueblo llano contemplan el baile de la jota.

Juan José Gárate yJerónimo Vicente (con bastón)
Detalle del cuadro vista de Zaragoza de Juan José Gárate

Sin duda, Gárate tuvo presente para esta composición la del boceto de Goya para el tapiz de la pradera de San Isidro, al utilizar como centro de la visión panorámica la figura del hombre con bombín, sentado de espaldas, y poner todo el énfasis pictórico en los efectos luminosos ambientales. Este realismo luminoso, que toma cuerpo a partir de renovados conceptos de luz, será herencia común a una buena parte de la nueva pintura española de esos años, de la que un destacado intérprete e influyente maestro fue el veterano pintor Antonio Muñoz Degrain, especialmente desde la cátedra de Paisaje de la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid.

Los tonos dorados y rojizos de sus cuadros de esta época parecen encontrar  un eco cromático en esta pintura de Gárate.7 La obra fue ofrecida por la viuda del artista, a la Diputación Provincial de Zaragoza, en el año 1951, siendo adquirida por esta corporación,  a través del Real Decreto del 8 de noviembre, por un valor de 10.000 pesetas. Guardada está desde entonces, en dicha institución, como si de un pequeño tesoro se tratara.

Citas:

1:GARCÍA LORANGA, Ana. GARCÍA RAMA, J Ramón. Pintores del siglo XIX. Aragón, La Rioja, Guadalajara. Zaragoza. Ibercaja. 1992. P11.

2-LORENTE, LORENTE, Jesús Pedro. Del Romanticismo al Simbolismo. En  El libro de oro del arte aragonés. Zaragoza. El Periódico de Aragón. 1998. P201

3-YESTE NAVARRO, Isabel. Del centenario de  los Sitios, a la Exposición Internacional del 2008. Ponencia dentro del XIII coloquio de Arte aragonés, titulada La ciudad de Zaragoza 1908-2008. Institución Fernando El Católico, Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza. 2009. P20

4-LOMBA, Concha.  La plástica contemporánea en Aragón (1876- 2001).  Ibercaja, Zaragoza,  2002. P 79-80

5-GARCÍA MERCADAL, José. Los tres cuadros. Revista Aragonesa. Zaragoza abril/mayo 1908. P5

6-LORENTE LORENTE. Jesús Pedro. Zaragoza como tema pictórico 1908- 2008. Ponencia dentro del XIII coloquio de Arte aragonés, titulada La ciudad de Zaragoza 1908-2008. Institución Fernando El Católico, Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza. 2009. P 170-171

7-GARCÍA GUATAS, Manuel. Zaragoza entre Madrid y Roma. Exposición Centro y periferia. En la modernización de la pintura española (1880-1918). Palacio de Velázquez. Madrid, y en el Museo de Bellas Artes, Bilbao 1993- 1994. P 456-457

Ficha: Juan José Gárate. Vista de Zaragoza. 1908. Óleo/lienzo. 106 x 160 cm. Ecma. Diputación Provincial de Zaragoza

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