Tres siglos de historia de la pintura, en la Colección Santamarca

José Antonio Val Lisa y Daniel Pérez Artigas

En nuestro país,  entre mediados del siglo XIX y la Guerra Civil de 1936, la imagen  del coleccionista de obras de arte encarna la de un personaje de prestigio, que da rienda suelta a sus pasiones privadas, con acceso a las élites del poder político, y que a veces contribuye a  salvaguardar y engrandecer el patrimonio del país. Estas grandes colecciones artísticas formadas entre los siglos XVIII y XIX, que contaban con obras de artistas italianos, flamencos, alemanes y holandeses, empiezan a verse despojadas, bien por la falta de sensibilidad o desconocimiento, de  obras de la llamada Escuela Española, estas obras de arte, comienzan a despertar un interés por parte de coleccionistas extranjeros,- no podemos olvidar un nuevo contexto se produce en toda Europa en ese momento, la aparición del mercado, que trae  consigo la figura del marchante, que actúa de puente  entre el artista y el coleccionista burgués-, En los últimos años desde  la óptica de la historia del arte y museística, el estudio del coleccionismo de arte creado  en la época contemporánea, ha sido objeto de gran interés, como lo demuestran el gran número de publicaciones, exposiciones y otros proyectos de investigación, que se han llevado a cabo con este propósito. Una de estas colecciones, que ha sido objeto de estudio y revalorización recientemente, ha sido la colección Santamarca

Historia de una colección.

La colección de pintura Santamarca es una de las más importantes de España de propiedad privada. Fue formada por Bartolomé de Santamarca a mediados del siglo XIX. A lo largo de los años, y como signo de prestigio social, el conde de Santamarca reunió en las casas de su propiedad en la calle Alcalá una importante colección de obras de arte que servían de decoración a su residencia y en la que destacan las pinturas, por su importancia numérica y por la alta calidad de gran parte de ellas. Colección muy amplia, desde el punto de vista cronológico (siglos XVII al XIX). Por lo que respecta a las escuelas, destaca por su importancia la española, seguida de la flamenca y la italiana, estando menos representada la francesa. La colección fue incrementada por su hija Carlota de Santamarca, que falleció en Madrid, en 1914, y estableció en su testamento que se dispusiera toda su fortuna, incluida la colección artística, para la institución de una fundación benéfica para huérfanos de Madrid. Durante la guerra civil, la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico, se hizo cargo de parte del patrimonio artístico de la Fundación Santamarca, almacenando las pinturas en los depósitos establecidos en el Museo del Prado y en el Museo Arqueológico Nacional. Concluida la guerra, fueron devueltas al asilo Santamarca las obras de la colección que habían sido incautadas. Todo ello se volvió a instalar en las dependencias de  la fundación. El conjunto de obras, formado en su mayor parte por pinturas y algunas notables esculturas, muebles y objetos de artes decorativas ha sido poco divulgado. Casi desconocida la colección salvo por unos pocos eruditos y especialistas de historia del arte. Estas circunstancias favorecieron el olvido de la colección, perdiéndose  la memoria de algunas de las obras. Pero sin lugar a dudas, el “redescubrimiento” de la Colección Santamarca tuvo lugar con la magnífica exposición titulada: Colección Santamarca. Pinturas restauradas  en 1983 por la Fundación Banco Exterior, que se celebró durante los meses de febrero a marzo de 1984 en la Sala de exposiciones del Banco Exterior, en el paseo de la Castellana, de Madrid. Zaragoza, tiene la oportunidad  de ver por primera vez,  una exposición antológica de la colección de pintura de Fundación Santamarca de Madrid. La exposición organizada por la Diputación Provincial de Zaragoza, diseñada bajo la dirección técnica y científica del comisario de la exposición, Wilfredo Rincón, historiador del arte y Profesor de Investigación del Instituto de Historia del CSIC. Las obras poseen una cronología que abarca casi tres siglos, desde comienzos  del siglo XVII hasta la segunda mitad del ochocientos. Está integrada por 98 pinturas repartidas por 11 espacios distribuidos por las dos plantas del  Palacio de Sástago. Los temas representados en su amplia temática  destacan la pintura religiosa, los paisajes y bodegones de flores, además de algunos retratos, todos de carácter general. Le siguen en importancia la representación excepcional de Frans Snyders. Se trata  del más prestigioso especialista en la pintura de  caza y naturaleza muerta de su tiempo. Esto le proporcionó estar en los ambiciosos proyectos que se le encargan a Rubens en las cortes Europeas, fundamentalmente en España para el rey y la nobleza de los siglos XVII y XVIII. El tema específico de las caerías de ciervos, como el que figura en esta colección,  está localizado en gran número en el coleccionismo español. Muy interesantes son también los temas bíblicos, de las dos obras atribuidas a Luca Giordano, uno de los pintores decoradores más característicos  del barroco italiano. La pintura de la Resurrección de Lázaro   está emparejada con la otra de la Huída a Egipto. No es posible saber si las pinturas formaron parte de un ciclo iconográfico más extenso, con más lienzos y más temáticas. De las dos obras, probablemente, la primera sea la más extraordinaria, por la variedad de recursos técnicos. La riqueza comienza en la compleja composición que coordina las figuras participantes, entre las que de diversas maneras destacan los protagonistas, ya sea por los efectos lumínicos, por el colorido o la belleza de los modelos humanos seleccionados. En cambio en la obra Huída a Egipto, técnicamente, el autor  procede con la proverbial facilidad y rapidez que ya en su tiempo se le atribuía, sin embargo, no todas las figuras presentan la misma calidad, la misma unidad de ejecución, siendo evidente la flojedad de la secundaria del ángel del lado derecho, que quizá haya sido rehecho en el transcurso de alguna restauración.

De Goya al paisaje Romántico.

De toda la colección sobresale la serie de cuadros de gabinete con escenas de niños pintados por Francisco de Goya. La colección Santamarca de Madrid, es la única de las posibles series que representan escenas de juegos de niños que está completa, con seis cuadritos. Se trata pues de obras acabadas, las figuras de los niños están ejecutadas con toques sueltos y nerviosos, llenos de vigor, pinceladitas precisas para resaltar los efectos de las luces  sobre esas figuras y objetos, tratadas  como si fueran miniaturas. Por lo tanto no estamos ante bocetos para cartones para tapices, pues  los seis cuadritos tienen el mismo formato y dimensiones. Goya las pintaría no sólo como un divertimento, como una expansión pictórica, en la línea de los asunto jocosos, alegres y campestres que se pedían para los cartones para tapices, sino con la intencionalidad ilustrada y pensado en su venta a particulares, nobles o burgueses, que podían colocarlos en gabinetes de sus casas como adorno, dentro de una ambientación adecuada para tertulias, conversaciones…etc.. Según la investigación del historiador del arte Arturo Ansón Navarro: “De las seis escenas tres están ambientadas en España: Niños jugando a soldados, Niños jugando a pídola y Niños jugando al toro, y las otras tres en Roma, con ruinas clásicas como fondo: Niños peleándose y jugando con un balancín, Niños peleándose por castañas y Niños buscando nidos de pájaros  en las ruinas. Los niños representados en estas escenas pertenecen a familias pobres, de la clase baja o popular. Son niños de Madrid, de pueblos de Castilla, o pobres romanos del Trastevere o del Campo dei Fiori. Los representados en estos seis cuadritos de juegos infantiles son hijos de artesanos y de campesinos pobres o humildes, salvo dos niños que, vestidos con unos uniformes escolares azules, se burlan de los niños que pelean y riñen entre ellos en la escena Niños peleándose y jugando con un balancín. Estos niños más ricos, posiblemente alumnos  de un colegio romano de los jesuitas y de extracción burguesa”.

5-Francisco de Goya Y Lucientes
Francisco de Goya. Niños peleándose por castañas. 1785-59. Óleo lienzo

Un aspecto que aleja de otros coleccionistas  del momento al primer conde de Santamarca,  fue su particular interés, y posible mecenazgo, por algunos de los pintores coetáneos: como los hermanos Antonio y José  de Brugada, Vicente Camarón y Torra y Jenaro  Pérez Villaamil, por citar algunos de ellos. El género utilizado por la mayoría de estos artistas, será el paisaje romántico; Quizás de todos ellos, sea Pérez Villaamil, pionero de los temas “orientalistas” en la pintura romántica española, el autor español de quién más obras se encuentren en la colección Santamarca, seguido de los hermanos Antonio y José Brugada. Quizás sean las marinas de Antonio, las que  mayor interés para nosotros puedan tener,  por ser un aspecto poco común en la pintura romántica española, y del que conocemos  muy pocas representaciones. Como en la mayoría de sus cuadros, la factura del mar es dura en los primeros términos, mientras que  en las lejanías del paisaje esas durezas lineales van cediendo a favor de una suavidad evanescente que se confunde con las brumas de las lejanías. También se conocen encargos que fueron pintados juntamente, y de forma expresa, para la colección del conde de Santamarca. Tenemos los casos de Dióscoro Teófilo De La Puebla, con dos tablas de misma dimensiones e idénticas firmas y fecha, así como  similar técnica. En ambos casos se nos presentan escenas costumbristas inspiradas en una época que pretende ser de finales del siglo XVIII y principios del XIX.  Ángel Lizcano, con tres tablas, que forman un grupo de características similares: poseen las mismas medidas e idénticas características estilísticas y temáticas. De ellas, sólo la titulada Jugadores de naipes está firmada y fechada en 1867. Para finalizar, en lo que respecta a los retratos familiares, destacaremos la  maestría de Bernardo López como pintor al pastel, por  ofrecer las imágenes del padre y la hija, de esmerada destreza y gran finura, lo que se manifiesta sobre todo en este retrato de la joven hija Carlota, y del mismo personaje, ya en edad adulta, un retrato excelente de Moreno Carbonero, siendo considerado como uno de los más prestigiosos de la alta sociedad del Madrid de su momento.

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José Leonardo. Moisés haciendo brotar agua de la roca de Horeb. 1635-40. Óleo lienzo

Una nueva obra atribuida al pintor aragonés José Leonardo.

Dentro de las novedades importantes que se pueden apreciar en la colección Santamarca, nos encontramos con una nueva atribución, a la obra del pintor aragonés José Leonardo (Calatayud, 1601- ¿Zaragoza?, antes de 1653). La obra en sí, se titula Moisés haciendo brotar agua de la roca de Horeb, fechada entre los años 1635-40. La pintura de gran formato, posee un cuidado dibujo, y se relaciona formal y estilísticamente con otra obra maestra del bilbilitano: la Serpiente de metal propiedad de la Academia de San Fernando, obra con la que precisamente se han podido encontrar varias coincidencias de tipos, paisajes o anatomías, que han dado como resultado una nueva obra, para la catalogación del autor aragonés.

Colección Santamarca. Esplendor Barroco. De Luca Giordano a Goya y la pintura romántica. Palacio de Sástago. 10/10/18-06/01/19

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