Visiones artísticas de los inmortales libros de Lewis Carroll

George Dunlop Leslie. Alicia en el país de las maravillas. 1879. Óleo/lienzo. Colección de Brighton & Have Museums. Foto. Jesús Molledo.

José Antonio Val Lisa & Daniel Pérez Artigas 

La Fundación “La Caixa” en colaboración con el Victoria and Albert Museum, ofrecen en el CaixaForum Zaragoza la posibilidad de ver la exposición Los mundos de Alicia, Soñar el país de las maravillas. A través de una puesta en escena sorprendente, en el recorrido se propone a los visitantes el juego de convertirse en Alicia y seguir el viaje de la protagonista a través de los textos. La museografía del espacio juega con cambios de escala, color, escenario y formas en las diferentes salas para lleva a los visitantes a un viaje entre lo real y lo imaginario. Esta muestra integra una visión de gran alcance, de 259 objetos, a través de ámbitos como: la literatura, el cine, las artes escénicas y las artes plásticas, que destaca la gran influencia que estos libros han tenido en el mundo160 años después de su creación.   

Historia 

Lewis Carroll era también el reverendo Charles Lutwidge Dodgson. Hombre religioso, organizador obsesivo y lógico, ha sido descrito de diversas maneras como alguien formal, serio, tímido y como un profesor de matemáticas aburrido. Por otro lado, era mago aficionado y un narrador de cuentos aparentemente entretenido que disfrutaba con las marionetas, el teatro, el arte y la literatura y que coleccionaba cajitas de música. Lo conmovía profundamente la naturaleza, sentía fascinación por la ciencia y por la historia natural, coleccionaba e inventaba artilugios, y era muy diestro en el por entonces naciente arte de la fotografía. Sus imaginativas historias fueron en gran medida producto de la época victoriana. A partir de la fascinación por temas como la historia natural, la ciencia y la exploración, Carroll se inspiró en el mundo cultural y político que le rodeaba.  

En el primer volumen, Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, publicado oficialmente en 1866, los intereses enciclopédicos de su autor moldearon múltiples elementos de la novela, desde los personajes hasta su lenguaje, y ello impregnó el libro de unas cualidades atemporales y enriquecedoras. Sin embargo, el principal foco de inspiración de su autor fue siempre Alice Liddell, una de las hijas del decano del Christ Church, a quién llegó a regalar el manuscrito con la historia que le había contado en una excursión en barca a Godstow, -esta estrecha relación de amistad entre un adulto y una niña, en la actualidad, sería objeto de sospecha, pero en época victoriana no se consideraba inapropiada-. Una vez escrito e ilustrado el relato debido a la insistencia de ella, Carroll empezó a considerar la posibilidad de una publicación profesional. Teniendo en mente a su público infantil, Carroll utilizó diversos recursos literarios y experimentó con disposiciones tipográficas para añadir variedad e interés a los libros. Cabe mencionar, entre otros recursos, la poesía concreta (versos dispuestos tipográficamente con la forma de su idea central), los poemas paródicos, los juegos de palabras, los acertijos y los enigmas. 

Trabajó directamente con su ilustrador John Tenniel en la creación de la primera edición del libro con el fin de ofrecer un volumen de gran calidad. El libro acabado fue una fascinante combinación de texto e imágenes, con un encanto nacido de la interrelación entre la obra de Carroll y los dibujos de Tenniel. Desde entonces, Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas A través del espejo, han sido dos iconos que no han dejado de alimentar a otros creadores a trasladar sus ideas a nuevos ámbitos. 

Espacio museográfico de la exposición en el CaixaForum Zaragoza. Foto. Jesús Molledo.

El cine  

A Carroll le habría entusiasmado enormemente el potencial del cine. No solo permitía toda una gama nueva de efectos visuales especiales, sino que además posibilitaba que la obra se viera en todo el mundo por más personas de las que jamás podrían asistir a una producción teatral. Lamentablemente, nunca llegó a ver la primera adaptación cinematográfica, hecha por Percy Stow y Cecil Hepworth, producida cinco años después de la su muerte; ese cortometraje mudo en blanco y negro de 1903 muestra como transportar a los personajes a nuevos mundos en un instante gracias a un montaje inteligente. En ese momento, los libros llevaban circulando más de medio siglo y, como la letra indica, la película daba por supuesto que el público los conocía bien. La versión de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas de 1931 no fue un éxito de taquilla, la Paramount se embarcó en la producción de otra adaptación. La película de 1933 también consiguió ese camino, pero adoptó un enfoque nuevo en cuanto al reparto, como presumía el tráiler oficial de la película. El uso de nombres conocidos del mundo del espectáculo formó parte de una estrategia para sacar mayor partido a la fama tanto de los libros como de los artistas, con lo que se inició una tradición de celebridades susceptibles de encarnar bien a los personajes en la pantalla. Gary Grant y Gary Cooper aparecieron como la Falsa Tortuga y el Caballero Blanco, con Charlotte Henry en el papel de Alicia, tras haber sido seleccionada entre más de seis mil jóvenes aspirantes.  

Richard Norman Shaw. Reloj. 1890. Madera, cuero y latón. Foto. Jesús Molledo.

La versión cinematográfica de Disney 

Con el desarrollo del concepto original en torno a 1933 y el concepto listo en 1939 con la identidad gráfica del artista del estudio inglés David Hall, toda la producción se detuvo debido a la Segunda Guerra Mundial. Aunque la repercusión inicial del film en 1951 no fue tan grande como Disney había esperado, las reposiciones de la década de 1960, junto con otros estrenos de la década 1980 y la llegada del vídeo doméstico, convirtieron a Alicia en el país de las maravillas de Disney en un clásico moderno muy apreciado. La tecnología del vídeo doméstico (VHS) permitía ver la adaptación de Disney siempre que se deseara, con la ventaja añadida de que saber leer ya no era requisito para acceder a la narración. La animación de Disney anunció una nueva época para las historias de Alicia, ya conocidas con más frecuencia sencillamente como Alicia en el país de las maravillas. Además, el merchandising y la venta de artículos contribuyeron a perpetuar la iconografía aliciana (a partir de ese momento su vestido sería azul, por ejemplo, y su pelo largo y rubio). 

Salvador Dalí. Doble imagen con caballo, números e imágenes. Ca. 1960. Óleo/lienzo. Fundación Gala-Salvador Dalí, Figueras. Legado Dalí. Foto. Jesús Molledo.

En el Arte  

En el cuadro del pintor victoriano George Dunlop Leslie de una madre leyendo Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, pintado en 1879 (Colección de Brighton & Have Museums), no solo reflejaba la fama de la novela, sino también el modo en que se había integrado en la vida familiar victoriana. La niña del cuadro (basada en la hija de Leslie, llamada también Alice) es una presencia enigmática que parece embelesada e inquieta por la historia. Ninguna otra obra de ficción ha inspirado tantas reinterpretaciones a través del tiempo, las disciplinas y los lugares.  

El proceso de redefinición de la obra de Carroll se desarrolló a comienzos del siglo XX, en concreto, tras la finalización de la Primera Guerra Mundial. Los surrealistas acudieron a los dibujos del propio Carroll en cuanto a que fue el precursor de sus visiones artísticas. Hasta bien entrada la década de 1940, surrealistas como Max Ernst, Marion Adnams, Dorothea Tanning y Leonora Carrington siguieron dando cauce a los universos carrollianos. El extenso corpus de las obras creadas por estos artistas en respuesta al texto de Carroll es complejo y presenta múltiples capas, lo que confirma su condición de vehículo para explorar cuestiones personales y psicológicas en una sociedad puramente posfreudiana. 

En la década de 1960 las obras de los surrealistas, con sus visiones alucinadas y con una fascinación por los rincones más extraños de la mente, siguieron siendo relevantes en esta época. Un editor de Random House encargo a Dalí que ilustrara una nueva edición de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, que se publicó en 1969. Este fantástico conjunto de doce ilustraciones episódicas refuerza el poder de Lewis Carroll para estimular la imaginación. La vibrante respuesta de Dalí muestra cómo los temas, las ideas y las metáforas del texto constituyen el vehículo perfecto para la experimentación, y en ellas se hace referencia a muchas obsesiones familiares: el característico reloj que se derrite en la mensa de la merienda, el brazo estirado de Alicia que se extiende fuera de la casa, los cerdos y los conejos flotantes que recuerdan al Gato de Cheshire de Tenniel. Esas enérgicas acuarelas están compuestas con múltiples detalles y capas, y ofrecen una interpretación individual que es reconocida al instante como el país de las maravillas. 

En 1970, el llamado “padrino del arte pop”, Peter Blake, acudió a los libros de Alicia con el propósito de crear un tipo específico de arte inglés. En ese momento, sus obras se calificaron de “ruralistas”. La Alicia de Blake ya se ha convertido en reina y se muestra segura de sí misma y asertiva, mientras mira fijamente fuera de la escena, más allá de los dominios del jardín rural inglés. Es moderna, está arraigada con firmeza en la cultura inglesa, pero se encuentra rodeada de un mundo de nostalgia rural: tapias de jardín de casa de campo y setos recortados. El Sombrero Loco de Blake también es sorprendentemente moderno, aunque se hace eco del espíritu de las ilustraciones de Tenniel. El personaje aparece absorto en sus pensamientos, encarcelado y con una boca encadenada a la pierna, en delicado retrato de gran intensidad psicológica en el que resuenan las teorías de Laing. 

Otros artistas, como Paula Riego, Paul Whitehead, Tim Rollins & K.O. S. o Kiki Smith también se preocuparon en buscar la creación de un nuevo lenguaje visual y de hacer “estallar la mente”, produciendo obras multimedia que pretendían alterar las percepciones de los espectadores y crear nuevas realidades. La historia de Alicia continúa siendo fuente de inspiración de numerosas escenas, desde el teatro, la música, la danza hasta la parodia satírica política, pasando incluso por ese escenario paralelo que es la realidad virtual. Ya que la realidad supera en ocasiones los límites de lo imaginable, ninguna metáfora parece tan potente como la de un país maravilloso en el que el sinsentido toma el poder.  

Marion Adnams. La infanta extraviada. 1944. Óleo/tabla. Manchester Art Gallery. Foto. Jesús Molledo.

Los mundos de Alicia. Soñar el país de las maravillas. CaixaForum Zaragoza. Hasta el 1 de marzo del 2026.   

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