El mecenazgo artístico del ducado de Villahermosa

Rafael Pertús y taller. Declaración de amor del infante don Juan a Leonor de Escobar y nacimiento de Alonso de Aragón. Ca. 1620. Óleo/lienzo. Museo de Zaragoza. Foto. José Antonio Val

José Antonio Val Lisa & Daniel Pérez Artigas

Las Salas Goya y Saura del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza acogen el inicio de una nueva etapa expositiva del recién creado Vicerrectorado de Cultura y Patrimonio de la Universidad de Zaragoza. Se trata de la exposición titulada Teatro y pintura. Aragón y el ducado de Villahermosa. La muestra, comisariada por la catedrática en Historia del Arte, Carmen Morte García, se articula en torno a la serie de quince lienzos realizados por el pintor zaragozano Rafael Pertús, hoy conservados en el Museo de Zaragoza. Gracias a la Dirección General de Cultura del Gobierno de Aragón, que ha hecho posible que los lienzos hayan sido restaurados y presentados al público en las mejores condiciones posibles. 

A lo largo de los siglos, fueron distintas casas nobiliarias las que dieron empuje a los modelos reales de mecenazgo, sobre las grandes casas aristocráticas con fuerte implantación territorial. De Aragón, a lo largo del Siglo de Oro, fueron Villahermosa, Aranda, Sástago y Quinto, quienes ofrecieron cobijo a artistas para ensalzar su linaje a través de retratos y de historias pintadas para construir la historia de la casa y enaltecer el valor de los héroes guerreros, engalanar palacios, gastando importantes sumas de dinero en capillas, enterramientos, iglesias y conventos y trajeron influencias y gustos del exterior. En el contexto de la proliferación de las representaciones de comedias épicas en la corte hispana en las que las pinturas juegan un papel importante como complemento decorativo e iconográfico y, a la vez, como memoria de lo representado, se sitúan los quince lienzos pintados por Rafael Pertús (Zaragoza, 1567-1648). El pintor, pertenecía a una familia de pintores que desarrollaron su actividad en Aragón y Navarra durante la segunda mitad del siglo XVI y la primera mitad de siguiente. Su dedicación a temas de batallas y sobre todo de paisajes le valió el aprecio de la clientela aragonesa y madrileña. 

Anónimo. Virgen con el Niño. Ca. 1520-1530. Óleo/tabla. Museo de Zaragoza. Foto. José Antonio Val.

Las hazañas de Alonso de Aragón  

El “ideólogo” y mentor del proyecto pictórico y escénico que consistía en dos series de cuadros (veinte en total), con las principales hazañas del fundador del linaje, Alonso de Aragón y Escobar, hijo ilegítimo del rey de Aragón Juan II y de Leonor de Escobar Olmedo, fue Francisco de Guerra Aragón y Borja, hijo del IV duque de Villahermosa. Debió de ser después de 1610 y antes de 1622, cuando se proporcionaba todo el material a Lope de Vega para la comedia Historia Alfonsina y se le encargaba al pintor Rafael Pertús el diseño de la mayor parte de los quince lienzos conservados en el Museo de Zaragoza, con ayuda de colaboradores en la ejecución pictórica. Lope, no debió de escribir la obra porque era irrealizable, al menos no se ha encontrado el texto. Sin embargo, lo que nos ofrece la documentación conservada es probablemente mucho más valioso de lo que habría supuesto una comedia genealógica más. 

En los lienzos del primer grupo, el protagonista absoluto es Alonso de Aragón (se corresponde con la vida de su padre Juan II de Aragón), uno de los cuadros de la serie de mejor calidad es el titulado Declaración de amor del infante don Juan a Leonor de Escobar y nacimiento de Alonso de Aragón, tanto en la acertada distribución lumínica como en el cuidado de todos los detalles. El segundo grupo, compuesto por diez lienzos, relata los últimos años de vida de Alonso de Aragón, al servicio de los Reyes Católicos, quienes le encomendaron la capitanía de la Santa Hermandad, importante fuerza militar que tuvo un papel crucial en la pacificación del reino de Castilla, así como en la lucha contra los portugueses hasta 1479. 

Anónimo flamenco. Anunciación. Ca. 1670-1680. Óleo/cobre. Catedral del Salvador, Zaragoza. Foto. José Antonio Val.

El poder narrativo de la pintura  

Esta serie de pinturas, se concibieron con la intención de hacer una recreación histórica ambientada en la época, más bien se trataba de contar unos hechos del pasado desde aproximadamente el año 1421 hasta 1512, con un lenguaje y fórmulas iconográficas de las últimas décadas del siglo XVI y de las primeras del siguiente, que fueran comprendidas por el espectador. No se le dieron al artista pautas escritas en el encargo de las pinturas de cómo debían ser los vestidos de los personajes y comparsas, excepto cuando se indica que el protagonista debía llevar la cruz de Calatrava, un recurso para identificarlo con facilidad. 

En cuanto a la iconografía principal, que eran los episodios bélicos, se debían de seguir unas reglas, era necesario contar con fuentes visuales en las que el pintor pudiera apoyarse. Rafael Pertús seguramente dispondría de unos modelos de éxito entonces, como eran los grabados de las series con temas de batallas de Antonio Tempesta (1600-1605). Es importante resaltar que, la representación de las guerras, es un género pictórico de escasa presencia en Aragón y, por lo tanto, una fuente inagotable para el estudio. Las pinturas de tema bélico obligaron a Pertús a representar detalles importantes como los caballos, la indumentaria, las armas o la vexilología (banderas, pendones y estandartes). Además, debido a la multitud de figuras que aparecen en esta serie de cuadros, el artista se enfrentaba al problema de “vestir” de la mejor manera posible a todos los personajes para hacer una narración comprensible: los reyes, las compañías de los Tercios, de la Santa Hermandad, personalidades de la Orden de Calatrava, músicos ..etc.. Pertús recreó prendas del último cuarto del siglo XVI y del primero del siguiente, reiterando las habituales del conjunto formado por jubón, ropilla, calzas o calzones y herreruelo (capa). 

Pablo Scheppers. Adoración de los Reyes Magos. Ca. 1575. Óleo/tabla. Museo de Zaragoza. Foto. José Antonio Val.

Historia de la colección Villahermosa  

Estos cuadros, querrían colocarlos en el palacio de los duques de Villahermosa, conocido como las casas mayores en la parroquial de San Pablo, situadas en la calle Predicadores con fachada al río Ebro. Sin embargo, este conjunto de pinturas no adornaría por mucho tiempo las residencias de los Villahermosa, pues en 1694 fue cuando doña María Enríquez de Guzmán y Córdoba, viuda de Carlos Aragón, Guerra y Borja, IX duque de Villahermosa los legó al monasterio de María de Veruela (Zaragoza). Los cuadros permanecieron en el monasterio cisterciense de Veruela hasta que José Antonio de Aragón Azlor y Pignatelli, XIII duque de Villahermosa, a consecuencias de la desamortización de Mendizabal (1835), los donó junto con dos retratos de los reyes de Aragón de la misma época y una Virgen con el Niño de mitad del siglo XVI al recién creado Museo de Zaragoza. Finalmente, a partir de 1910, esta colección, al igual que otros fondos de pintura, se encontrarían en su emplazamiento definitivo en la actual plaza de los Sitios. 

La exposición se completa con una serie de magníficas obras traídas por Martín de Guerra para su esposa doña Luisa de Borja, tras su estancia en Flandes. Como la tabla de autor anónimo de la Virgen con el Niño (Ca. 1520-1530, Museo de Zaragoza); la pareja de cobres que se conservan en la catedral del Salvador de Zaragoza, Pentecostés y Anunciación (Ca. 1670-1680), que formaban parte de una serie de cobres barrocos de los que nueve se conservan en la capilla de San José del Real Seminario de San Carlos Borromeo de Zaragoza. Del lote de más de cincuenta cuadros que la XV duquesa, María del Carmen Aragón de Azlor e Idiáquez, donó en 1894 a la Compañía de Jesús con destino al castillo de Javier (Navarra), se expone otra pareja de cobres flamencos, Imposición de la casulla a san Ildefonso y la Aparición de la Virgen con el Niño a san Antonio de Padua, una Virgen del Pilar, de Antonio Palomino y Velasco (o su círculo) y de Mariano Salvador Maella, una Inmaculada Concepción (Ca. 1790) y cuatro bocetos para las pechinas del Palacio de Villahermosa de Madrid. La exposición se completa con las dos Adoraciones de los Reyes Magos de Pablo Scheppers y Rolán de Moys que conserva el Museo de Zaragoza. Scheppers y Moys llegaron a Zaragoza en el año 1559, de la mano de Martín de Guerra y Aragón, que había acompañado a Felipe II en su viaje por Inglaterra, Italia y los Países Bajos. 

Anónimo. (copia parcial de los retratos realizados por Rolán de Moys). Retratos de María López de Guerra y Juan II de Ribagorza. drch. Luisa de Borja y Martín de Guerra y Aragón. Izda. Pintura sobre tabla. Finales del siglo XVII. Colección particular. Foto. José Antonio Val.

Teatro y pintura. Aragón y el ducado de Villahermosa. Paraninfo de la Universidad de Zaragoza. Hasta el 10 de enero del 2026.  

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