El poder femenino en el arte 

Busto de Atenea. Mármol. 1-1600 d. C.

José Antonio Val Lisa & Daniel Pérez Artigas 

Diosas, poderosas, espíritus, demonios y santas habitan en el corazón y la mente de las personas en todo el mundo. Ya sean percibidas como generosas y acogedoras o como terroríficas y agresivas, durante miles de años se las ha celebrado y venerado con arte, poesía y relatos. Su presencia e influencia se percibe en todos los aspectos de la vida humana, desde el nacimiento hasta la muerte, en la guerra y en la paz, en fenómenos naturales como la abundancia de la primavera, o en el poder destructivo de las inundaciones y las sequías extremas. 

El predominio de la imaginería femenina sobre la masculina en la cultura material europea parece repetirse, aunque de formas diversas, en periodos tardíos de la historia remota –en yacimientos de todo el continente se han descubierto alrededor de 160 figuras de mujeres, esculpidas o modeladas, entre 38.000 y 20.000 años atrás. Estas esculturas representan a mujeres de todas las edades y en todas las etapas de la vida. Muchas están desnudas y algunas tan vez fueron colgantes. En cambio, solo se conocen unas tres esculturas figurativas masculinas del mismo periodo y de la misma zona geográfica-. La antigüedad de estas diosas y su importancia en sus respectivas religiones ponen de manifiesto el poder fundamental del deseo como guía del comportamiento humano. 

Tocado de Mami Wata, principios de la década de 1900, Nigeria. British Museum. Foto. José Antonio Val

La exposición Veneradas y temidas. El poder femenino en el arte y las creencias, que se puede visitar en el CaixaForum Zaragoza, reúne 162 obras de arte y objetos sagrados laicos de seis continentes, datados entre el 2800 a.C. y el 2022, procedentes de la colección del British Museum, para explorar cómo se han representado a las mujeres en las religiones, la espiritualidad y el folclore. Se divide en cinco temas -creación y naturaleza, pasión y deseo, magia y maldad, justicia y defensa, y compasión y salvación- que, en conjunto examinan la influencia femenina desde el prisma de un extraordinario abanico de experiencias humanas, aportando un diálogo con esculturas, objetos sagrados y obras de arte contemporáneo. 

La influencia espiritual femenina 

La primera sección expositiva explora las creencias que rodean la creación de la vida y del medio natural. Presenta diferentes narrativas sobre el origen y nos aproxima las tradiciones espirituales que han asociado la tierra con lo femenino, los fenómenos biológicos y el paisaje natural. También se presta atención a las diferentes diosas y fuerzas representadas por mujeres, que son veneradas por su poder sobre la abundancia de la tierra y del mar. A menudo son vistas como fuerzas creativas y destructivas que simbolizan la vida y la muerte. Para los griegos, la Tierra era Gea, que emergió del caos y creó a Urano, el Cielo, para que fuera su esposo. En cambio, en la antigua ciudad egipcia de Heliópolis, la tierra fue personificada por el dios Geb, mientras que el Cielo se formó del cuerpo de la diosa Nut, su hermana y esposa. Se decía que, como madre de los cuerpos celestes, Nut daba la luz al Sol (Ra) cada mañana y lo ingería por la noche en un interminable ciclo de creación y destrucción. Un caso curioso y característico es la imagenería actual de Mani Wata, una deidad acuática venerada en África occidental y en América, que aparece representada con una serpiente enroscada en sus hombros o en sus brazos levantados.  

Suzuki Nohzin, máscara namanari. Ca. 1994. Japón. British Museum. Foto. José Antonio Val.

El segundo ámbito explora el deseo sexual y las diferentes formas en que se ha concebido en las distintas tradiciones, como un valor que eleva el alma y une a hombres y mujeres con lo divino, o como un elemento que se relaciona con fuerzas más demoniacas. En la exposición se yuxtaponen representaciones diferentes de la desnudez femenina. La diosa mesopotámica Ishtar, Reina de la Noche (c. 1750 a. C.), relacionada con el sexo y la guerra, aparece representada frontalmente, en posición de dominio, mientras que una Venus clásica se muestra desnuda con fuerte carga erótica. 

El tercer apartado conecta a las mujeres y a la autoridad femenina con un peligro o una amenaza para la sociedad: brujas, monstruos y demonios de distintas tradiciones de todo el mundo. Muchas de sus narrativas incluyen elementos de sufrimiento, dolor y venganza contra la sociedad. Una máscara del Japón, hannaya llamada namanari, que representa a un ogro caníbal del poema épico hindú Ramayana, muestra a una mujer que se transforma por la fuerza de la ira que nace de los celos. 

Mujeres y poder 

En general, se considera que la guerra es del dominio exclusivo de los hombres, pero a lo largo de la historia ha habido muchas guerreras, reinas al frente de vastos ejércitos y mujeres soldados en regimientos armados. Varias de ellas se han convertido en personajes legendarios y motivo de orgullo cultural, como Juan de Arco o la samurái Nakano Takeko, que lideró su Ejército de Mujeres extraordinarias en la guerra civil Boshin de 1868-1869. Aunque en las páginas de la historia abundan las militares y las gobernantes, en general se las consideran casos aislados. La diosa griega Atenea encarna la fuerza y la estrategia militar, el gobierno civil a través de la justicia y el orden, el crecimiento económico mediante la industria y la elevación de la mente a través del arte, la filosofía y la ciencia. Las representaciones griegas de Atenea (y posteriormente la Minerva romana) la muestran siempre como una mujer joven con armadura y largas túnicas, sobre las cuales usa una singular coraza llamada égida, con flecos de serpientes y con la cabeza cortada de Medusa engastada. 

Bodhisattva Guanyin sentada sobre una base de loto, posterior a 1200. China. Bronce, laca y oro.  British Museum. Foto. José Antonio Val.

La Diosa Madre 

Los fieles se encomiendan a los seres espirituales para obtener fuerza y sabiduría con el fin de resistir y superar las tribulaciones de la vida y sus propias flaquezas humanas, y de esta forma lograr una existencia más perfecta. En este contexto, el amor, el consuelo y la paciencia de una madre o un padre hacia sus hijos se ha tomado como metáfora del amor y la orientación espirituales. Tradicionalmente, a lo largo de la historia muchas culturas han asignado a las mujeres el cuidado de personas más jóvenes y vulnerables, de modo que cualidades como la bondad y el alivio del sufrimiento se consideran intrínsecamente femeninas. Por ejemplo, la diosa Isis, divinidad estrechamente relacionada con la maternidad, aparece en inscripciones que datan de hacia 2500 a. C., grabadas en las paredes de tumbas reales. En la segunda mitad del tercer milenio a. C., el culto a Isis se extendió rápidamente por todo el Mediterráneo oriental, especialmente después de 332 a. C., cuando Egipto fue conquistado por Alejandro Magno y posteriormente gobernado por la dinastía macedonia de los Ptolomeos. Hacía el siglo II a. C., el culto a Isis había llegado a Roma, construyéndose templos en su honor.  

En el seno del cristianismo, María ocupa una posición destacada tanto en el catolicismo como en la iglesia ortodoxa. Se la considera más cercana a lo divino que otros mortales e intercede por los fieles apelando en su nombre a la misericordia de su hijo. En Europa, el culto a la Virgen María se intensificó a partir del siglo XIV. Se le dedicaron iglesias y altares, y su posición y papel en el marco de la fe cristiana se elevó gracias a la incorporación de nuevas doctrinas teológicas, como la de la Inmaculada Concepción y la de la Asunción. Aunque no se convirtió en dogma católico hasta 1950, la Asunción de María se empezó a celebrar desde el 600 d. C. aproximadamente, cuando el emperador bizantino Mauricio instauró el 15 de agosto como día festivo, y se extendió rápidamente por todo el mundo cristiano. La popularidad de María en el ámbito espiritual y la variedad de formas en las que aparece han hecho que su culto se incorpore a otras creencias, más allá del cristianismo y el islám. En la exposición se puede contemplar una gran estatua de bronce de Guanyin, creada después del siglo XIII, muestra a la bodhisattva sentada, con una pierna doblada y la otra con el pie en el suelo en una postura conocida como lalitasana (alivio real). Está sobre una base en forma de flor de loto, un símbolo de iluminación, ya que esta flor crece hacia arriba a travesando el agua tubia y florece en la superficie con la luz del sol. Vestida con finas telas, brazaletes y adornos en el cuello, hace el gesto del shuni mudra con ambas manos, símbolo de la paciencia, y baja la cabeza en señal de meditación; también encontramos un icono ortodoxo oriental, de los más antiguos: la Virgen Odighitria, que significa ‘la que muestra el camino’. Sostiene a su hijo en el regazo, y con la mano apunta hacia él. De esta forma guía a los fieles hacia la salvación. La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, realizada con briznas de paja teñidas de diferentes colores y dispuestas en un mosaico que crea un resultado brillante, reproduce el efecto que produjo la aparición de la Virgen a un hombre indígena, en la ciudad de México, en 1531: le ordenó que construyera una iglesia en su honor, que hoy es el lugar de peregrinación católica más visitado del mundo. 

Austin Camilleri. Leiva, 2021-2022. Aluminio fundido en frío y pintura blanca. Foto. José Antonio Val

Como hemos afirmado anteriormente, al final de cada ámbito expositivo, se presentan obras de artistas contemporáneas que diversos medios y lenguajes -fotografías, vídeo, escultura, performance, pintura o bordado-. Todas están guiadas por el deseo de acompañar la vida, la muerte, la salud, la belleza, la justicia, la compasión y la espiritualidad, una espiritualidad basada en lo divino que habita en cada una de las autoras. 

Veneradas y temidas. El poder femenino en el arte y las creencias. CaixaForum Zaragoza. Hasta el 23 de marzo del 2025.   

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