Goya se reinventa en el Palacio de la Aljafería 

Don Luis María de Borbón y Vallabriga. 1783. Óleo/lienzo. Museo de Zaragoza. Foto. José Antonio Val.

José Antonio Val &Daniel Pérez Artigas 

La historiografía moderna ha abierto grandes debates en torno a un artista como Goya, comprometido con su tiempo y a su ingente producción. El siglo XVIII es una época de transición en España, que se produce por el cambio de dinastía de la casa de Austria a la de Borbón. Inaugura el siglo Felipe V, que reinó de 1700 a 1746, un monarca que abre las puertas a sus nuevas corrientes vinculadas a ilustración europea.  

 En la España de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, se instaura la corriente artística denominada Neoclasicismo. En ella vemos como poco a poco el barroco va desapareciendo y se va apostando por la sencillez, en géneros como la pintura de historia, la mitología y el retrato. En esta época Bayeu y Goya eran dos pintores innovadores que apostaron por ir mucho más allá de los convencionalismos propios del academicismo imperante. Sus respectivas producciones están basadas en un naturalismo pictórico y en el estudio analítico de sus composiciones, aunque Goya jamás imaginó que se iba a convertir en uno de los principales protagonistas de la historia del arte universal. Aún, así, el de Fuendetodos no lo tuvo fácil, trabajó duro, lidió contra prejuicios e injusticias, llegando a ocupar el cargo más preciado para cualquier artista: pintor del rey. Sin embargo, no alcanzó en vida el merecido reconocimiento, pues la guerra de la Independencia y su sordera le llevaron a sumirse en un mundo interior que se tradujo en una “realidad inventada”. 

Fray Manuel Bayeu y Subías. Aparición de la Virgen del Rosario a santo Domingo de Guzmán. Ca. 1770. Óleo/lienzo. Museo de Zaragoza. Foto. José Antonio Val.

El Museo de Zaragoza fue desde sus inicios la institución aragonesa que se preocupó por conservar, acrecentar y fomentar la obra de Goya. Las colecciones de la obra del artista se han ido incrementando a lo largo del tiempo gracias al patrocinio de particulares y a la colaboración de instituciones públicas que han ido depositando obra como el Museo Nacional del Prado, la Fundación Caja Inmaculada o la Confederación Hidrográfica del Ebro. La reforma del Museo de Zaragoza, dónde habitualmente se muestran esta extraordinaria colección pictórica, constituye una ocasión inmejorable para explorar otra de las virtudes de la obra de Goya: su capacidad de proporcionar nuevas lecturas al cambiar el lugar en este caso la magnífica arquitectura de un entorno de primera magnitud como es el del palacio de la Aljafería. 

Las obras que se exhiben en la exposición Goya, del Museo al Palacio, comisariada por Isidro Aguilera y Marisa Arguis, representan una gran variedad de formatos y técnicas: estampas sueltas, álbumes de estampas nunca hasta ahora expuestos, lienzos, dibujos, esculturas, con un discurso de narrativa cronológica que permite visibilizar y comprender el legado del artista universal en su contexto histórico y artístico, con el acento especial en su faceta de grabador y como retratista real. El discurso museográfico de la muestra, se integra en el recorrido habitual por el palacio de la Aljafería, concretamente en la sala Pedro IV, sala de exposiciones temporales, sala del Tercer Taujel, sala de las Deliberaciones, salón del Trono, sala de Santa Isabel y las salas de los Pasos Perdidos. La exposición está dividida en siete bloques: Goya grabador, antecedentes e inicios, Goya en Zaragoza, Goya e Italia, pintor de Corte, pintor de retratos y pintura religiosa.  

Goya grabador 

El primer espacio expositivo de la muestra se abre con el famoso busto que Mariano Benlliure hizo del pintor aragonés y está dedicado a las estampas del pintor de Fuendetodos. Las estampas representan el punto de partida de Goya en su producción gráfica y evidencian sus comienzos como grabador.  Aquí destacamos sus tres estampas de temática religiosa: La huida a Egipto (Ca. 1771-1774), San Isidoro labrador (1774) y San Francisco de Padua (1780).  Uno de los primeros trabajos que Goya realizó como grabador fueron las estampas que reproducían conocidas pinturas de Velázquez. Estas copias al aguafuerte fueron realizadas en 1778 y su concepción muy posiblemente respondiera a la iniciativa del conde de Floriblanca de difundir por medio de las estampas las principales obras de arte que formaban parte de la Colección Real. Un proyecto que fue apoyado por la minoría ilustrada española, que puso de manifestó la importancia de divulgar el arte y la cultura por medio del grabado. Con este trabajo Goya rendía homenaje a Velázquez, un artista al que admiraba y que influyó en su forma de trabajar. También debemos destacar el dibujo Cabeza de ángel, obra preparatoria correspondiente a la cabeza de uno de los ángeles que decoran la bóveda del Coreto de la Basílica del Pilar de Zaragoza bajo el tema de la Adoración del nombre de Dios, pintada al fresco en 1722. 

Virgen del Pilar. Ca. 1771-1774. Óleo/lienzo. Museo de Zaragoza. Foto. José Antonio Val.

Antecedentes e inicios 

El segundo apartado de la exposición pone el acento en la obra de José Luzán, Francisco Bayeu, y Corrado Giaquinto. De todos se exhiben importantes pinturas. Destacamos los dos estudios para la decoración de la cúpula de la capilla de Santa María del Popolo de la catedral de Cesena (Italia), de Corrado Guiaquinto (Ca. 1750-1752); el boceto para las puertas del armario del tesoro de la sacristía mayor de la catedral de del Salvador de Zaragoza, de José Luzán (1757). De Francisco Bayeu destacamos el Hombre joven con sombrero, y los retratos de su esposa, doña Sebastiana Merklein (Ca. 1780-1785), y el de su hija, Feliciana Bayeu (Ca. 1790). Por último, de Fray Manuel Bayeu, conocido como el “pintor cartujo”, destacamos la Aparición de la Virgen del Rosario a santo Domingo de Guzmán (Ca. 1770)  

Aníbal vencedor que por primera vez mira Italia desde los Alpes. 1771. Óleo/lienzo. Museo de Zaragoza. Foto. José Garrido Lapeña.

Goya en Zaragoza 

El tercer ámbito de la exposición está consagrado a la juventud y el aprendizaje del pintor que, por desgracia, no tiene obra ya en Fuendetodos; ya que el altar de las reliquias realizado para la iglesia parroquial de su pueblo fue destruido durante la guerra civil española. Por suerte, el museo zaragozano conserva algunas pocas obras de este periodo como esa Virgen del Pilar (Ca. 1771-1774) cuya escena principal de abre con tres ángeles que portan dos mantos: uno azul símbolo de eternidad y otro rojo, símbolo de martirio. El trazo abocetado le confiere a la obra una atmósfera celestial, en la que destaca la imagen de la Virgen y cuyas proporciones difieren de la que se venera en la basílica. También conserva el museo tres de las pinturas realizadas por el artista para el oratorio del palacio de los condes de Sobradiel en Zaragoza (Ca. 1772). Quizás la pieza más destacada sea El sueño de san José. Esta pintura, fue adquirida en 1928, tras haber sido traspasada al lienzo, por D. Francisco José del Valle y Grao, que la dejó en calidad de depósito en el Museo de Zaragoza hasta 1965. Para poder reunir el dinero necesario para su adquisición se llevó a cabo una suscripción popular en la que se realizaron actividades diversas.  

Goya e Italia 

La aventura italiana de Goya tuvo su arranque en el verano de 1769 al de 1771, cuando se publicaron las bases para el concurso convocado por la Academia de Parma. Para un único premio de pintura se propuso el tema de Aníbal vencedor, que por primera vez miró Italia desde los Alpes. Goya remitió su lienzo a Parma el 20 de abril de 1771, como es bien sabido, el artista no ganó el concurso, sí en cambio recibió una merecida “mención honorifica”. El Museo de Zaragoza conserva el primer boceto que sirvió a Goya para el estudio de la obra definitiva que, actualmente se encuentra en el Museo Nacional del Prado. 

La Virgen con san Joaquín y santa Ana. Ca. 1774. Museo de Zaragoza, depósito de colección particular. Foto. José Antonio Val.

Pintor de retratos 

Goya fue uno de los mejores retratistas de su época. Representó para la posteridad a su entorno más cercano, familia y amigos, pero también retrató a los intelectuales de su tiempo. En la exposición destacamos el Retrato del duque de san Carlos (1815). Goya representa a José Miguel de Carvajal-Vargas y Manrique de Lara, duque de san Carlos (1771-1828) de cuerpo entero, ataviado con un traje de gala de color negro adornado con entorchados y condecoraciones, descansando sobre un bastón de mando y con una postura de un mandatario real. El gesto de los ojos, algo contraídos, forzando la mirada como si estuviera enfocando para ver bien, hace referencia a sus problemas de visión; de hecho, fue su miopía, lo que le provocó la pérdida de su puesto como secretario de Estado. El otro gran retrato a destacar es el de Don Luis María de Borbón y Vallabriga (1783), primer hijo del infante don Luis de Borbón y de doña María Teresa de Vallabriga realizado durante la estancia de Goya en Arenas de San Pedro (Ávila). El niño viste con traje de corte con casaca, chaleco y calzón corto en azul añil. El personaje aparece en una habitación donde destacan elementos cartográficos que desvelan una de las aficiones del protagonista. En ese momento, el modelo se encuentra componiendo el puzle de un mapa. En su mano derecha porta una de las piezas, en las que se reconocen Madrid, el Reino de Toledo y Cuenca, y en su mano izquierda sostiene un compás. Sobre un sillón se apoya un mapa con la inscripción que identifica al niño.  

Pintura religiosa 

En la producción de Goya, por extensión en metros cuadrados, la obra religiosa es la que más ocupa, pero la más desconocida. Las dos salas de los Pasos Perdidos de la Aljafería acogen la obra religiosa; destaca este San Luis de Gonzaga meditando ante un crucifico (Ca. 1798), obra de estética barroca, perceptible en los elementos simbólicos, a modo de bodegón; Muerte de san Antonio Abad (Ca. 1780), copia de mayor tamaño a la primera versión de la misma conservada en la actualidad en una colección privada, adecuada para un pequeño oratorio, con ligeras variantes del gran lienzo de altar de Corrado Guiaquinto para la iglesia romana de San Giovani Calibita (1741-1742), y, por último, La Virgen con san Joaquín y santa Ana (Ca. 1774). Obra realizada entre su viaje a Italia y su posterior traslado a Madrid. La composición está planteada desde un punto de vista bajo, representa a la Virgen María con sus padres y el Espíritu Santo, y se resuelve con una marcada composición triangular. La escena se desarrolla sobre un fondo dorado que incrementa la luminosidad y resalta los matices cromáticos del ropaje y el excepcional modelado de las tres figuras. Cierra la exposición dos audiovisuales y un busto de Goya que realizó Félix Burriel. 

A las puertas de cumplirse el bicentenario de la muerte del artista, la colección del Museo de Zaragoza realiza un viaje dentro de la propia ciudad de Zaragoza, con uno nuevo discurso museográfico adaptado a uno de los sitios con más historia de la ciudad: el Palacio de la Aljafería.  

Goya, del museo al palacio. Palacio de la Aljafería. Cortes de Aragón. 

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