Pasquín anunciador de la Universidad de Zaragoza. 1588. Colección Universidad de Zaragoza. Foto. José Antonio Val
José Antonio Val Lisa & Daniel Pérez Artigas
Este año se conmemoran los 550 años de la publicación de aquella bula del papa Sixto IV, que avala la creación del Studium Generale.Con motivo del este aniversario, la Universidad de Zaragoza desea celebrar tan significativa efeméride, con una muestra que, además de rendir tributo a ese acontecimiento, repase los hitos más sobresalientes de su historia, con un proyecto expositivo y editorial titulado La Universidad de Zaragoza. 550 años de historia, comisariada por la catedrática Concepción Lomba Serrano y organizado por el Vicerrectorado de Cultura y Proyección Social, con la colaboración de la Fundación Ibercaja, Gobierno de Aragón y Ayuntamiento de Zaragoza.

La exposición se ha organizado a modo de una narración articulada en ocho secciones. Para rememorar estos acontecimientos se han seleccionado valiosos objetos históricos y simbólicos, a través del rico patrimonio artístico, científico-técnico, bibliográfico, documental y fotográfico que conserva la institución, así como de colecciones públicas y privadas que han prestado sus obras. Para ilustrar, aunque sea someramente, estos episodios se incluyen en la muestra los retratos de algunos de sus principales protagonistas- los reyes Juan II y Fernando el Católico, el retrato del emperador Carlos V, Cajal, Servet, Odón de Buen, el definitivo ingreso de las mujeres en las aulas universitarias, que se inicia el 8 de marzo de 1910, con la aparición de estudiantes como Martina Bescós, Lecinda Javierre y Mur, María Dolores de Palacio y Azara; más conocida por su diccionario es María Moliner, que comenzó Historia en la misma facultad en 1918 y se licenció en 1921 con sobresaliente y Premio Extraordinario; María Asunción Martínez Bara, Amparo Poch, Donacina Cano Iriarte, primera alumna de Ciencias y primera licenciada en Química de Aragón-. Entre el buen número de piezas elegidas, destacan: Los primeros Estatutos conservado del Estudio General, un documento que se exhibirá por primera vez. No podemos dejar de mencionar una de las obras más emblemáticas de la colección universitaria, el Atlas Histórico de Anatomía de la Facultad de Medicina, conocido como Atlas de Cajal, en alusión a su autor. Las cuarenta y nueve láminas que configuran el conjunto, y que se reunió con posterioridad como un gran atlas encuadernado, son de considerables dimensiones, que estaban concebidas como demostraciones didácticas para el aula, y están realizadas al pastel y carboncillo sobre papeles azules y lienzos ocres. Las doce primeras han sido tradicionalmente atribuidas a Cajal, pues comparten los mismos rasgos estilísticos y varias están firmadas por el autor. Cronológicamente el Atlas se inicia con las primeras láminas realizadas por Cajal, a las que fueron incorporando posteriormente las elaboradas por otros docentes e investigadores. También destacamos una pieza excepcional que se conserva en el Archivo de Música de las Catedrales de Zaragoza, una versión a cuatro voces del himno Vexilla regis, cuya utilización procesional en Semana Santa está documentada desde el siglo XV hasta mediados del XX, y que constituye una pieza de gran singularidad. Consiste en dos tablas unidas por bisagras de hierro con el Agnus Dei, escudo capitular de la Seo, pintado al exterior de cada una de ellas, y con sendas hojas de pergamino con notaciones musicales mensural blanca, encoladas y claveteadas al interior de las tablas. La peculiar forma de esta pieza, que identificamos con el Libro de fusta que el cabildo encarga en 1473 al carpintero Juan Just y al pintor Tomás Giner, corresponde a su funcionalidad, que era la de cantarse en procesión.

Un poco de Historia
Resulta sumamente difícil, resumir aquí lo que han sido 550 años de una de las universidades más antiguas de la Península. Como todo tiene un comienzo. Hay que esperar a 1474 para que Zaragoza, apoyada por el infante Fernando, el futuro rey Católico, obtuviera del papa Sixto IV la bula por la que el estudio zaragozano se convirtiera en Studium Generale, ratificada dos años más tarde por el mismo pontífice y refrendada por el rey Juan II en 1477. El siguiente y definitivo paso tuvo lugar precisamente en esos años de eclosión monumental gracias al privilegio concedido por Carlos V en 1542, refrendado por la bula del papa Julio III (1554), por el que el Studium Generale adquiría la capacidad de enseñar Teología, Derecho Canónico y Civil, Medicina, Filosofía, Artes y «cualesquiera otras facultades y ciencias autorizadas». De este modo, monarquía, papado y las élites patricias y eclesiásticas forjaron una coalición de intereses mutuos alrededor del Estudio que estaba destinada a perdurar.

Los grandes cambios que han marcado la historia, desde los desafíos de brillantes periodos como el Renacimiento, la Ilustración o la Modernidad, pasando por las guerras o las transiciones políticas, la Universidad de Zaragoza ha sabido adaptarse a ellas e innovar, fiel a su misión de servir a la ciudadanía, educar e investigar.
Durante el siglo XIX la Universidad de Zaragoza experimentó una de las transformaciones más transcendentales y radicales de su historia, integrándose en una administración nacional, homogénea, centralizada y moderna. En 1845, el conocido Plan Pidal redujo el número de universidades a diez: Barcelona, Granada, Madrid, Oviedo, Salamanca, Santiago de Compostela, Sevilla, Valencia, Valladolid y Zaragoza. Las universidades pasaban a depender de los presupuestos del Estado, los profesores se convertían en funcionarios del Estado y los planes de estudio y libros de texto debían ser aprobados por el Ministerio. Para la Universidad de Zaragoza el Plan Pidal supuso la definitiva pérdida de la autonomía, la imposibilidad de proveer del título de doctor y realizar las oposiciones a catedrático y la supresión de la Facultad de Medicina. Aunque el Plan Pidal se llevó por delante la de Medicina en Aragón, también posibilitaría a la postre, junto con la Ley Moyano, el desarrollo de estudios de ciencias. Estos estudios de medicina reabrieron sus puertas como escuela de segunda clase en 1868, tan solo dos años antes que comenzara sus estudios Ramón y Cajal, siendo elevada a facultad en 1876, cuando le nombraron profesor auxiliar interno.
El conjunto de universidades españolas, por lo general, se asoman a los «tiempos modernos» que va a traer el nuevo siglo XX desde la sociedad conservadora y quieta del último cuarto del XIX, en que la Restauración, en la que se había decretado el sufragio universal masculino en 1890, a la vez que se había reforzado su sistemático falseamiento, vivía parsimoniosamente años en los que iba acumulando retraso económico, cultural e intelectual, de lo que se tomaría brusca conciencia con el Desastre de 1898 y a la que dieron potente voz en la opinión pública los mensajes y campañas regeneracionistas de fin de siglo. Existía una común preocupación por conseguir nuevos espacios y construir nuevos edificios para un alumnado al que se le iba quedando escaso el edificio de Ricardo Magdalena en la plaza Aragón, que ya cumplía 40 años, y que convivía más apretado aún en el viejo edificio de la plaza de la Magdalena, donde se alojaban Derecho, Filosofía y Letras, las dos Escuelas Normales y el Instituto de Enseñanza Media. Desde 1933 hay proyectos para la creación de una Ciudad Universitaria en Aragón. Finalmente, el Ayuntamiento cede al Estado uno 150.000 m en el ensanche por el que avanza la Gran Vía. Los arquitectos Borobio y Beltrán proyectan con rapidez el edificio de la Facultad de Filosofía y Letras, que están a punto de finalizar al comenzar la Guerra Civil.
El 17 y 18 de julio de 1936 militares sublevados se levantaron primero en Marruecos y posteriormente en la Península contra el Gobierno de la II República que presidía Manuel Azaña. El ejército quedó dividido entre quienes apoyaron la insurrección y aquellos que defendieron la legalidad. El golpe había fracasado, acababa de comenzar la Guerra Civil española. La vida académica desapareció casi por completo. Durante casi tres años de guerra, muchos estudiantes hubieron de cambiar las aulas por las trincheras, y a su vuelta a las primeras, en el otoño de la victoria, encontraron una Universidad depurada y mutilada en la que los espacios de aprendizaje se habían convertido en instrumentos de adoctrinamiento y de control del Nuevo Estado. Las décadas finales del franquismo fueron, posiblemente las más agitadas de la historia reciente de la Universidad de Zaragoza; son tiempos de dictadura, oscuridad y activismo. La muerte del dictador abrió un largo periodo de incertidumbre para la universidad por su doble condición de foco de activismo político y vector de desarrollo social. En este seno se producirá durante estos años críticos el encuentro entre las inercias del pasado y los nuevos procesos que tendrán su desarrollo a lo largo de la década siguiente.

En la década de los ochenta del siglo pasado, la implantación de las autonomías, tendría grandes consecuencias en la Universidad de Zaragoza. La autonomía de las universidades suponía que, en el futuro, los órganos de gobierno podrían definir su propio proyecto docente e investigador. La autonomía universitaria implicaba también la responsabilidad de la universidad en la gestión de sus recursos, la planificación de las enseñanzas y la definición del modelo futuro. Paso a paso, la Universidad ha ido definiendo su propio proyecto y asentando su personalidad de cara al siglo XXI
A través de la música, el arte, los libros, los personajes y las circunstancias que la Universidad de Zaragoza ha vivido durante 550 años, podemos entrever los sucesos acaecidos en su progresiva consolidación como una institución que ha transitado coexistiendo, influyendo e impulsando el conocimiento.
La Universidad de Zaragoza. 550 años de historia. Paraninfo de la Universidad de Zaragoza. Hasta el 11 de enero del 2025.