El escultor académico Carlos Salas

José Antonio Val Lisa & Daniel Pérez Artigas

El de Carlos Salas, es el caso de un artista casi desconocido al que la historiografía no ha dedicado la atención que su obra merece. Para valorar en su justa medida la obra de este artista y su significado en el arte, aragonés y español, de la segunda mitad del siglo XVIII, la doctora en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza Ana María Muñoz Sancho, especialista en la escultura barroca aragonesa, acaba de publicar en la Institución Fernando el Católico una magna obra en dos volúmenes sobre este artista titulado El escultor Carlos Salas (ha. 1728-1780). Su obra e intervención en la Santa Capilla y el Pilar de Zaragoza. Importante es el capítulo del libro dedicado a la obra pilarista, que constituye uno de los temas principales de esta publicación. Tras el esbozo biográfico, su estudio completo lo aborda la autora dividido en ocho capítulos siguiendo un orden cronológico, aunque relativo en función de algunas dataciones que aún no han sido posible precisar documentalmente. El estudio se complementa con un segundo volumen, que incluye un catálogo razonado, consistente en cuarenta y dos fichas catalográficas correspondientes a cada una de las obras documentadas y atribuidas, incluyendo su descripción, análisis iconográfico, los posibles modelos o antecedentes y su valoración artística.

Carlos Salas Villaseca procedía de una familia barcelonesa de baja posición social y sin antecedentes artísticos. Se habría trasladado a Madrid en fecha indeterminada, ciudad en la que también aparece el núcleo familiar, dependiente económicamente del artista. La documentación muestra a nuestro artista como un hombre de acusado perfil familiar, volcado en su trabajo, permaneciendo soltero durante toda su vida. Pero su posición de artista reputado conllevó la relación con los más destacados del momento, tanto los vínculos con la Academia de San Fernando y la corte, como con los artistas aragoneses, Goya y los hermanos Bayeu. También se relacionó con destacadas personalidades pertenecientes a las élites cultas e ilustradas de la ciudad de Zaragoza, entre las que se encontraban numerosos miembros del clero y de la nobleza relacionados con las obras y proyectos artísticos más importantes de la época. Su actividad profesional se desarrolla entre Madrid, Zaragoza, la provincia de Huesca, Tudela, Tarragona y Barcelona. Sus primeras obras, en Madrid, llevadas a cabo en el Palacio Real Nuevo (1756-1759), fueron positivamente valoradas, logrando con su primer trabajo independiente –una medalla en mármol para la sobrepuerta de la galería principal- una de las tasaciones más altas de la serie. Fue Ventura Rodríguez, el arquitecto que incluyó a Carlos Salas en el reducido grupo de escultores a quienes consideró capacitados para realizar la decoración escultórica de la Santa Capilla del Pilar, la empresa artística más importante de la España de la segunda mitad del siglo XVIII después del Palacio Real.

Los años de la construcción de la Santa Capilla del Pilar de Zaragoza

Entre 1762 y principios de 1765, son los años de la primera fase de la decoración del recinto angélico. Salas tallo nueve de las doce medallas marmóreas de las sobrepuertas y ocho esculturas de estuco sobre las cúpulas de la fachada norte. A esta fase corresponden las esculturas de La Fe y La Esperanza, realizadas a principios de 1765, en madera policromada. La preeminencia de la obra artística de Carlos Salas en el Pilar tras finalizar el trasaltar de La Asunción de la Virgen (1767-1768) lo convirtió, a partir de 1768, en el escultor más cotizado y requerido en Aragón y su zona de influencia en la cercana Navarra, pero también para importantes empresas que se emprendieron en Cataluña. La importancia concedida a esta obra se cifra en su relevancia en el conjunto proyectual de Ventura Rodríguez: con la finalidad de ampliar la nave principal, este gran retablo marmóreo iba a convertirse en el altar mayor del templo, y con él, la propia Santa Capilla, prolongando así el espacio de la nave mayor al trasladar el retablo renacentista de Damián Forment, realizado entre 1508 y 1519, al testero del Coreto frente a aquella. Así, la nueva funcionalidad ideada para la iglesia por el arquitecto contemplaba, entre otras actuaciones, configurar en el espacio central de la nave una estructura simple, transparente y diáfana, conformada por la mesa de altar preexistente más un sagrario que no impidiera la visión del elemento primordial del templo, el tabernáculo de la Virgen. El influjo de esta obra capital de Salas se hará patente en numerosos altares ya de concepción neoclásica que se decorarán casi exclusivamente con un relieve central, por motivos económicos en madera policromada en blanco imitando mármol.

Nuestro escultor, a partir de 1771, y en los años sucesivos, continuó con su tarea en este recinto mariano con las embocaduras de las capillas, arcos y bóvedas de las naves circundantes a la Santa Capilla. Pero no sólo fue el artífice que aplicó las decoraciones de estuco sino que ideó el vasto programa iconográfico que se desplegó en las cubiertas de toda esa zona del templo, basado en las invocaciones de la Letanía Lauretana, plasmado por los pinceles de los hermanos Bayeu y de Goya.

Otras obras dentro y fuera de Aragón

 En los siguientes trece años, además de los nuevos encargos relacionados con el Cabildo Metropolitano, como el retablo de San Vicente Mártir (1766-1767) para su capilla homónima en la Seo de Zaragoza, dirigió la reconstrucción del Panteón Real del monasterio de San Juan de la Peña (Huesca), de cuyo proyecto fue autor, así como de la ejecución de su decoración escultórica. También en tierras oscenses, contrató la realización de la mazonería y la escultura policromada del retablo y del tabernáculo del trasagrario, la talla de un facistol y el ornato de dos sillerías de coro, además de diversos elementos decorativos de estuco en la iglesia de la cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes de Sariñena.

En la década de 1770 Carlos Salas fue contratado para realizar una serie de significativas obras que transcendieron las fronteras aragonesas, en Navarra y Cataluña.  Es autor del retablo de la iglesia del convento de la Inmaculada Concepción y del Corazón de Jesús de las Capuchinas de Tudela (1770-1780), una labor escultórica de extraordinaria calidad en madera policromada en blanco y dorado. Desde Cataluña fue requerido para la realización de tres relieves marmóreos para el altar más otros dos de estuco en los brazos del transepto de la nueva capilla de Santa Tecla de la catedral de Tarragona (1774-1775), espléndido conjunto que marcó un hito en la introducción de las tendencias barroco-clasicistas de carácter académico. El proyecto de decoración de la Casa de Lonja de Barcelona (1777-1780) cierra la biografía de Carlos Salas con su prematura muerte en 1780, dejando inconclusas varias obras que debió asumir su cuñado Pascual Ypas, designado heredero de su taller.

Una última parte del libro está dedicado a las atribuciones de algunas obras en función de información indirecta extraída de la documentación archivística consultada: el dibujo de una lápida para las tumbas del Panteón Real del monasterio de San Juan de la Peña, dos puertas de nogal situadas a los lados del altar del Santo Cristo del Pilar de Zaragoza. Por otra parte, la autora plantea la atribución a Carlos Salas de cuatro alegorías y dos escudos tallados en piedra para el edificio de la Lonja de Barcelona, hasta ahora atribuidos al escultor Salvador Gurri. Otra de las esculturas a la que la autora propone la atribución a Salas es una imagen en mármol de la Virgen Inmaculada (1767-1780)que se conserva en la iglesia de San Miguel de los Navarros de Zaragoza. Sin embargo, para esta obra no existe información ni referencia documental relacionada, si bien sus características estilísticas son concurrentes con el arte de Salas.

Ana María Muñoz Sancho. El escultor Caros Salas (h. 1728-1780). Su obra e intervención en la Santa Capilla y el Pilar de Zaragoza. Institución Fernando el Católico y Prensas de la Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2023, 2Vol, 1146 pp.

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