El pintor Mariano Barbasán en las colecciones públicas latinoamericanas

Buen tiempo. 1911. Óleo/lienzo. Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo.

José Antonio Val & Daniel Pérez Artigas

Coincidiendo con el I Centenario de la muerte del pintor aragonés Mariano Barbasán Lagueruela (Zaragoza, 1865-1924), hacemos aquí un breve pero intenso repaso de la obra que de este artista acabó en colecciones públicas en Hispanoamérica, que no es muy extensa, pero sí representativa.

Mariano Barbasán nació en Zaragoza (3/02/1864), aunque al recibir las aguas del bautismo en la parroquia de la Santa iglesia metropolitana de Nuestra Señora del Pilar, recibió el nombre de Blas, -santo del día-. Era el cuarto hijo del matrimonio formado por Mariano Barbasán, -el futuro artista utilizará de nombre artístico de su padre-, y doña Matilde Lagueruela. Sus hermanos fueron: Eduardo, Adelayda Petra y Casto. La familia Barbasán se traslada a vivir a Segovia, donde el padre ejerció de secretario del Gobierno Civil; en el año 1877, cuando el joven pintor contaba con trece años, muere el padre. Mariano Barbasán empezó a regañadientes a prepararse el ingreso en la Academia militar de Segovia; de haber atendido las incitaciones familiares, habría vestido, como su hermano Casto, el uniforme militar, habría vivido con mayor o menor holgura, pero siempre desde el anonimato.    

Noche de la Walpurgis del Fausto. 1887. Óleo/lienzo. Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires.

Sin embargo, la vida le tenía trazado un camino distinto en el campo de las Bellas Artes. Previa autorización materna, el joven Barbasán se matricula en la Escuela de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, ciudad en la que estaba destinado su hermano Casto, entonces teniente de infantería. A finales de siglo XIX, el camino para los alumnos de Bellas Artes se iniciaba en escuelas provinciales, para luego titularse al más alto nivel en las academias de Madrid o Valencia, para acabar emigrando, a menudo sin retorno, a ciudades como Roma o París, con o sin becas institucionales de por medio, donde se encontraban los premios más prestigiosos y el mercado más pujante.  Comenzó su formación artística en el curso 1879-1880, y se dilató hasta el curso académico de 1884-1885, a la vez completó sus estudios en dibujo en el Círculo de Bellas Artes. Durante su estancia en Valencia, trabó amistad Barbasán con el pintor Joaquín Sorolla, una amistad que se mantuvo a lo largo del tiempo.

En los primeros meses del año 1887, se vuelve a trasladar Casto, el hermano de Barbasán, esta vez será con destino a Madrid; domiciliado en la calle Carmen, número 39, piso cuarto. En su modesto alojamiento de la calle del Carmen de Madrid, se prodigaría a lo largo del año en la ejecución de asuntos de género, ambientados hacia el siglo XVII, espadachines y soldados de los tercios de Flandes. A la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1887, se presenta Barbasán con dos obras: Noche de la Walpurgis del Fausto (número 83) y Sitio de Amberes (número 84), no consiguiendo el pintor zaragozano medalla ni mención alguna por parte del jurado. Será está la última participación de Barbasán en certámenes colectivos, hasta su participación en otra Nacional del año 1924.

El Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (Argentina)

Los hermanos Ángel y Pascual Roverano en el año 1878 inauguraron un edificio y galería comercial en la Avd. de Mayo del barrio de Montserrat de la ciudad de Buenos Aires. Hombre de elevados gustos, Ángel Roverano, tenía una impresionante pinacoteca que poco a poco fue donando al Museo Nacional de Bellas Artes. La colección Roverano se compone de un centenar de obras de artistas contemporáneos, siendo la mayor proporción de firmas francesas y españolas. La obra de Barbasán titulada Noche de la Walpurgis del Fausto fue donada al Museo en el año 1910. Según algunos autores, el presente cuadro debe ser una versión reducida (60 x 100 cm), bien como primera idea o como consecuencia del cuadro que se presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1887 (200 x 400 cm). El efectismo de Barbasán es notable: ubica en el centro un asno montado por una figura diabólica y desde allí dispone a los costados dos grupos en primer plano con brujas, homúnculos, grifones, esfinges y demonios, y otros dos más retirados poblados de figuras, en el de la derecha con mujeres desnudas: las jóvenes brujas de Goethe. En el plano inferior se observa el perfil nocturno de una ciudad moderna. Hay detalles de dominio naturalista como las pompas que lanza un diablillo que alivian la composición y relacionan el registro del aquelarre con el de la ciudad.

Desgranadoras de maíz. 1912. Óleo/tela. Museo Nacional de las Artes Visuales de Montevideo.

Tras esta experiencia, Barbasán se presentó a una plaza por oposición, que la Diputación Provincial de Zaragoza había convocado en el Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza del 9 de diciembre de 1887 para ir a Roma como pensionado de pintura. El artista gana la plaza con la obra titulada Joseph, hijo de Jacob, en la cárcel interpretando los sueños del panadero y el copero (NIG 10118), 1888, óleo/lienzo, Museo de Zaragoza).  A partir del 22 de marzo de 1888, Barbasán disfruta de una pensión de tres años en Roma, con 2.500 pesetas anuales por parte de la Diputación Provincial de Zaragoza. El pintor tenía obligación de entregar una obra que desconocemos y dos cuadros de historia de Aragón, el primero a la mitad de la pensión y el segundo al finalizar. En abril de 1891 Barbasán entrega la primera y única obra como pensionado de pintura Don Pedro III El Grande en el collado de las Panizas (NIG 676). Obra de excelente calidad que constituye un ejemplo paradigmático de la pintura de Historia. Concluida la pensión en el año 1892, Barbasán debía plantearse si regresar de nuevo a España o probar suerte en la capital del Orbe católico; el artista se decantó por la segunda opción. Durante los más de treinta años que Barbasán permaneció en Roma, su producción pictórica debió de ser abundante, a juzgar por la continuidad de cuadros, constante y sin altibajos, y sobre todo, por la gran cantidad de exposiciones que realiza, -en 1891 había expuesto en Berlín y luego en Stuttgart (1892), Múnich (1893), Viena (1894), Zaragoza (1894) en la III Exposición del Círculo de Bellas Artes; Barcelona (1895), XII Exposición de la Sala Pares; Buenos Aires (1898), II Exposición de Obras de Arte de artistas españoles contemporáneos en los Salones Witcomb, donde volverá a exponer en 1905; en las Internacionales de Roma de 1905, 1907 y 1909 o en Múnich (1909). Y luego, en Uruguay (1912), Londres (1914), Zaragoza (1921-1922) y Madrid (1924), última participación en vida en la Nacional de Bellas Artes-.

Al hilo de su obra se pueden distinguir dos etapas de distinta amplitud, a veces entrelazadas. Una primera en la que abunda los cuadros de género o con figuras mayores, más detalladas e individualizadas y menos integradas en el paisaje. Era la pintura que buscaban los marchantes y gustaba a la mayoría adinerada. A partir de los años 1906-1910, se observa un cambio en la técnica pictórica de Barbasán. Su pincelada es más amplia y abocetada, las figuras más sueltas de dibujo y, por tanto, más expurgadas de complementos anecdóticos.

Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo (Uruguay)

El reconocimiento y el aprecio en Uruguay a la obra de Barbasan, donde contaba con un nutrido grupo de admiradores y coleccionistas de su obra, era muy importante. E1 uruguayo don Jose Castro y Pérez -con quien el aragonés mantenía correspondencia desde 1899- viajo a Roma en los primeros meses de 1912 y propuso a Barbasan la celebración de una exposición de sus obras en Montevideo. Llegaba el pintor a la capital uruguaya en los primeros días del mes de junio del mismo año, con sus maletas llenas de obras, pero, sobre todo, de ilusiones. El día 14 del mismo mes en el Salón Moretti, Catelli y Compañía y patrocinada por el Círculo de Bellas Artes de Montevideo, se inauguraba una exposición con obras del artista existentes ya en la capital uruguaya. Un mes más tarde, el día 18 de julio, y en el mismo Salón Moretti, Catelli y Compañía, se inaugura la muestra de 30 obras con las que Barbasan había viajado desde Italia. Y el éxito no pudo ser más rotundo, pues a los cuatro días de inaugurarse la exposición todas las obras estaban ya vendidas. Las dos pinacotecas más importantes de arte español reunidas en Montevideo por los coleccionistas y empresarios Félix Ortiz de Taraco (1866-1940) y Fernando García Casalia (1887-1945). El primero nacido en España, el segundo era montevideano hijo de gallego, las cuales fueron cedidas al Estado en la década de 1940 y hoy forman parte del patrimonio artístico público. Tras la muerte de Taraco en 1940, la familia vendió al Estado el inmueble y decidió donar el mobiliario y colección de arte a condición de que se constituyera en él lugar el Museo de Artes Decorativas, un modo de mantener unido el legado cultural de Taranco. De Barbasán cuatro son los cuadros que provienen de esta colección: Desgranadoras de maíz (NIG 1640, 1912, óleo/tela); Lavanderas (NIG 1641, 1911, óleo/tela); Buen tiempo (NIG 1642, 1911, óleo/tela) y Mal tiempo (NIG 1643, 1911, óleo/tela). Desconocemos si los tres paisajes que conserva el Museo del artista zaragozano: Las hormigas (NIG 726, 1902, óleo/tela), Campiña romana (NIG 1362, 1915, óleo/tabla) y Plaza de Anticoli (NIG 1363, 1901, óleo/tabla), pertenecen a la pinacoteca que donó al Estado Fernando García al morir en 1945.

Mal tiempo. 1911. Óleo/tela. Museo Nacional de las Artes Visuales de Montevideo.

En la primavera de 1922 Barbasán regresa definitivamente a su ciudad natal acompañado de su familia. Probablemente los primeros síntomas de una enfermedad tan terrible para su oficio como la arterioesclerosis debieron influir de un modo inmediato en la disminución de su trabajo y en la posterior decisión de regresar a Zaragoza. A pesar del progresivo deterioro de su estado de salud, Barbasán desarrolla una actividad viajera; en el mes de julio, va a Alhama de Aragón (Zaragoza), a tomar las aguas, después de un corto viaje a Madrid y al Pirineo, donde retomará su actividad profesional, que culminará con una gran exposición en Zaragoza para las fiestas del Pilar, en el segundo piso del antiguo Casino Mercantil. En el año 1924, desde su domicilio en la zaragozana calle Ramón y Cajal, 46 y 48, envía Barbasán dos obras a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, que se inauguró el 29 de mayo: El valle del río Aniene en primavera, y Tarde de primavera. Mariano Barbasán Lagueruela falleció en su domicilio de la calle del Sepulcro, 11, edificio ya desaparecido, a las 23:00 horas del día 22 de julio.

Bibliografía

LOSILLA EIXARCH, J.F., «Aragón pinta mucho en Montevideo: de Goya a Pradilla, Barbasán y Félez», Zaragoza, Heraldo de Aragón, 25/02/2024, p. 39. 

PORLEY, Carolina, «Hispanismo y coleccionismo artístico en Uruguay (1910- 1940). Las pinacotecas de Félix Ortiz de Taranco y Fernando García Casalia», Humanidades: revista de la Universidad de Montevideo, 3, Facultad de Humanidades y Educación Universidad de Montevideo, 2018, pp. 137 y 142.

RINCÓN GARCÍA, Wifredo, «Mariano Barbasán Lagueruela», en, HERNÁNDEZ LATAS, José Antonio (comisario), Mariano Barbasán (1864-1924), (cat, expo; Zaragoza, Caja Rural del Jalón. Obra Cultural, enero-febrero, 1996), p. 20.

VAL LISA, José Antonio, «Mariano Barbasán pintor de Historia», Rolde de Estudios Aragoneses, 189, Zaragoza, 2024, pp. 52-65.

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