Niños jugando al toro. Óleo/lienzo. Colección Fundación Santamarca y de San Ramón y San Antonio. Foto. José Antonio Val.
José Antonio Val Lisa & Daniel Pérez Artigas
Desde el pasado 1 de julio el Museo Goya Fundación Ibercaja cuenta con nuevos Goyas que se suman a su colección permanente. Se trata de la serie completa “Juegos de niños” pintadas por Francisco de Goya entre 1775 y 1785: Niños jugando al toro, Niños buscando nidos, Niños jugando a saltar, Niños jugando a soldados, Niños peleándose por castañas y Niños jugando al balancín. La serie de seis pinturas procede de la Colección Santamarca (Madrid). Tres de las escenas están ambientadas en España, concretamente, en espacios urbanos y de las afueras de Madrid (Niños jugando a saltar), en pueblos de Castilla (Niños jugando a soldados) y también de espacios recreados sobre sus recuerdos de infancia en Zaragoza (Niños jugando al toro). Por otra parte, Niños jugando al balancín, Niños peleándose por castañas, y Niños buscando nidos tienen como fondo ambiental las ruinas clásicas de Roma.

Se trata de unas escenas cargadas de intencionalidad a pesar de su aparente tono divertido y alegre. La gama de colores utilizada por Goya en estas escenas infantiles es la habitual de la época, con tonos blanco-agrisados, ocres y amarillentos, verdes y azules oscuros, rojos y rosáceos. En los cielos, destacan los grises claros, azules agrisados claros y anaranjados. Con respecto a la composición, en tres de las escenas es piramidal y en el resto utilizó un desarrollo en horizontal, con un grupo de niños en el centro y otros dos grupos secundarios a los lados de la escena. Uno de los principales objetivos de Goya con la creación de esta serie fue visibilizar la despreocupación existente hacia la educación de los niños humildes y pobres, la mayoría de ellos, analfabetos. Además de estas pinturas, se incorpora a la colección permanente el Retrato en miniatura de joven caballero con frac azul.

Por su parte, el retrato en miniatura de Joven caballero con frac azul fue pintado por Goya hacia 1803 y puede apreciarse su firma en la parte inferior derecha, sobre el hombro izquierdo del personaje retratado. Se trata de una obra inédita y con una técnica y soporte poco frecuentes dentro de la actividad de Goya como retratista: pintado a gouache sobre lámina de marfil. La identidad del caballero se desconoce puesto que no aparece ningún tipo de información en el reverso.