José Antonio Val Lisa & Daniel Pérez Artigas
El espionaje es sinónimo de ficción, ya fuese desde el género literario, que, emerge en el Reino Unido en el primer tercio del siglo XX, pasando por los tiempos de los seriales radiofónicos y hasta nuestras series de televisión más actuales, porque juega con el más íntimo y poderoso de los resortes; vivir más vida que la propia vida, cueste lo que cueste.
El cine también escruta esa intimidad y se apodera de nuestro imaginario; conoce nuestros secretos y sabe anticiparse a nuestros deseos para ejercer mejor el control de la puesta en funcionamiento de una historia. Las películas de espías son un espejo de la realidad amplificada, pues hoy está demostrado que, durante las dos guerras mundiales, numerosas estrellas de cine que interpretaban a personajes clandestinos en las pantallas, aprovecharon la notoriedad mediática para comprometerse por patriotismo en el seno de los servicios de inteligencia. El caso más conocido fue el de Marlene Dietrich (nacida en Alemania, pero nacionalizada estadounidense en 1938), que era la Agente X27 en una película de Josef von Sternberg (1931) y que en la vida real espió a viarios dignatarios nazis por cuenta de los Estados Unidos, -a pesar de que Edgar Hoover, el jefe del FBI, mantuvo por mucho tiempo la sospecha de que Dietrich era una agente doble al servicio del partido nazi-. Los documentos desclasificados en el año 2008, aportaron otros nombres de estrellas del celuloide de aquella época como Greta Garbo, Gary Grant y John Ford, que también maniobraron en las sombras por patriotismo para defender su país de adopción.
Top Secret. Cine y espionaje, es el título de la nueva exposición que llega al CaixaForum Zaragoza, fruto de la nueva colaboración entre la Fundación “La Caixa” y la Cinenémathéque francesa. El cine y el espionaje comparten el arte y la técnica de encuadrar, filmar y grabar sonidos e imágenes. Se muestran en la exposición 176 objetos originales en vitrinas, procedentes del ámbito del espionaje; desde una estación de reprografía usada por agentes de la KGB y del Departamento Central de Espionaje Ruso, pasando por minicámaras automáticas ocultas de la Guerra Fría. También un receptor automático usado por agentes de la CIA, monedas con compartimentos secretos para microfilmes de la KGB, tres falsos vinilos hechos con radiografías que permitían transmitir música y mensajes del Este al Oeste, hasta carteles de cine, cámaras, micros y 90 clips de películas. La exposición hace un esfuerzo por incluir títulos de la cinematografía española del género como El Lobo (Miguel Courtois, 2004); Mataharis (Icíar Bollaín, 2007); Estambul 65 (Antonio Isasi-Isasmendi, 1965) y un fragmento del documental Garbo, el espía (Edmon Roch, 2009), entre otros, además de carteles españoles de filmes internacionales.

El ingenio de los espías
Probablemente, si nos ponemos a pensar en un personaje, ficticio o no, que relacione los mundos del cine y el espionaje, ese será sin duda alguna el de James Bond, el agente 007, con licencia para matar. Detrás del número hay un hombre, o más bien, seis hombres. Seis intérpretes que han aportado al personaje amor, peligro y seducción a partes iguales: Sean Connery (1962-1971), el primer Bond en la gran pantalla; George Lazenby (1969); Roger Moore (1973-1985), aportó personalidad; Timothy Dalton (1987-1989), otorgó a Bond una mayor consistencia al dramatismo; Pierce Brosnan (1995-2002), devolvió a Bond a la actualidad tras la Guerra Fría, por último a Daniel Craig (2006-2021) le ha tocado pasar por todas las fases de la existencia: desde musculosos y seguro de sí mismo, hasta el veterano capaz de dudar y abrir su corazón. Desde la primera entrega de la saga Bond, sus enemigos amenazaban al mundo gracias al dominio de la tecnología más avanzada. Para hacer frente a ese peligro, el agente secreto más famoso del celuloide, se enfrenta a sus enemigos utilizando un sinfín de artilugios inventados gracias a la tecnología más avanzada por la ingeniosa mente de Q, sin duda el más célebre maestro armero que ha dado el cine y que ha sido encarnado por Peter Burton; Desmond Llewelyn, John Cleese y Ben Whishaw. Tras el personaje de Bond, llegaron otros espías, con mayor o menor índice de popularidad. En 1965, Sidney J. Furie adapta la novela de espías The IPCRESS File (1962), de Lean Deighton, y dirige el primer largometraje de una trilogía consagrada a las aventuras del impasible agente secreto británico Harry Palmer, interpretado por el entonces joven Michael Caine. Un papel que le dio la oportunidad de crear un personaje interesante. Palmer no comparte gran cosa con el famoso agente 007; proviene de la clase obrera, es miope, cockney, insolente y buena persona; sin olvidarnos del gran éxito de la saga Misión Imposible, para la televisión y el cine, (1966-2023), en estas películas, se ha querido incluir escenas espectaculares que reflejan un futuro en el que los espías dispondrán de máscaras de látex invisibles y de cuerpos aumentados.
Sobre la saga de películas de James Bond, se exhiben desde un traje de esmoquin y zapatos llevados por Daniel Craig en Casino Royale (2006), numerosos carteles originales, dibujos de Ken Adam para James Bond, el traje granate con cremalleras delantero que llevó Hale Berry en Muere otro día (2002), el cocodrilo submarino en el que se ocultó James Bond (interpretado por Roger Moore) en Octopussy (1983), así como un vestido y un collar de la personaje de ficción Vesper Lynd en las películas de Bond, en este caso interpretado por Eva Green.

Mujeres espías. El mito de Mata Hari
Pero, el personaje de Bond, no tiene el privilegio de ser el primer espía en aparecer en la gran pantalla. Margaretha Geertruida Zelle, probablemente este nombre no suene a casi nadie; sin embargo, el de Mata Hari, sí que sonará a más de uno. Esta bailarina de danza oriental, de nacionalidad neerlandesa, que tuvo que hacer de agente secreta durante la Primera Guerra Mundial, una experiencia que pagó con su propia vida. El austríaco Friedrich Feher es el primer director en convertir a este personaje histórico en personaje cinematográfico, representado en diversas ocasiones: Greta Garbo (1931); Jeanne Moreau (1965) o Sylvia Kristel (1985). La exposición cuenta con cuatro fotografías de la famosa bailarina y cortesana neerlandesa, de la que se proyectan parte de sus álbumes personales digitalizados en una pequeña pantalla. También se incluyen polémicos carteles de propaganda del ejército británico donde instan a los hombres a desconfiar de las mujeres atractivas por sus posibles vinculaciones con el espionaje, – estamos en una época en la que el arte de la seducción es fundamental en la concepción del espionaje de aquellos años, y el sexpionaje se convirtió en motor de multitud de narraciones cinematográficas, en su mayoría filmadas solo por hombres como femmes fatales-. En la vida real, muchas mujeres, algunas españolas, arriesgaron sus vidas al trabajar como espías. La mayoría eran jóvenes, inocentes e infravaloradas por los hombres de la época, que no las creían capaces de transmitir mensajes secretos.
Sin embargo, a comienzos de la década de 1930, un cineasta inglés sin contrato ni infraestructuras propias, de nombre Alfred Hitchcock, atravesaba una mala racha; será el productor que le hizo debutar diez años atrás, Michael Balcon, quién le proponga a Hitchcock que, junto al guionista Charles Bennett, dirija cinco títulos trepidantes, de una inventiva visual y sonora desbordantes, atravesados por el irresistible humor negro de Hitchcock, que sentaron las bases del cine de espionaje protagonizado por mujeres capaces de aunar intriga policíaca y amor; rodadas todas ellas en unos exteriores muy atractivos para el espectador: EL hombre que sabía demasiado (1934); 39 pasos (1935); El agente secreto (1936); La mujer solitaria (1936) y Alarma en el expreso (1938). Así fue como nació, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, “el llamado cine Hitchcockniano”.

De la Guerra Fría hasta nuestros días
Una de las particularidades de este periodo fue el constante diálogo ficcional entre el bloque oriental y occidental. Del Bloque del Este, se muestra en la exposición el uso que hacían los espías de la cámara, la fotografía, el maquillaje, los postizos, a través de algunos ejemplos reales utilizados por miembros de la KGB y también a través de los archivos fotográficos recuperados por el artista Simon Menner, procedentes de la STASI. Por el contrario, en el bloque del Oeste, el cine de espías se convierte en el escaparate de una propaganda que no duda en ensalzar la libertad individual y la opulencia de los bienes de consumo imposibles de encontrar en el Este, en una contraposición en ocasiones caricaturesca. Uno buen ejemplo que encontramos en la exposición, es el del actor Sean Connery, qué en la representación del bloque del Este, interpreta el papel del comandante soviético del submarino en La caza del Octubre Rojo (John McTiernan, 1990), y el papel de un editor inglés que colabora con el KGB en La casa Rusia (Fred Schepisi, 1990), rodada en Moscú y basada en la novela homónima de John le Carré, muy bien documentada sobre los servicios secretos de los estados comunistas.
Desde los 70 hasta nuestros días, a evolucionado del contexto geopolítico mundial, los agentes secretos (mujeres y hombres), han cambiado y también la puesta en escena que lo representan. El agente secreto ya no es un héroe unilateral y comprometido; de hecho, el cine de esta época, nos muestra a personajes ambiguos, agentes turbios y espías torturados. El mundo dual de la Guerra Fría terminó engendrando a unos espías miméticamente bipolares. En este ámbito expositivo encontramos un gran número de películas de espionaje construidas como verdaderos thrillers paranoicos, desde La conversación (Francis Ford Coppola, 1974), El Lobo (Miguel Courtois, 2004) o La noche más oscura (Kathryn Bigelow, 2012). Estas películas nos muestran el inhumano engranaje de un vasto sistema donde impera el simulacro, el estupor y la distopía; la realidad más sórdida y brutal del ser humano que experimenta el espectador, basadas en hechos reales.Top Secret. Cine y espionaje. CaixaForum Zaragoza. Hasta el 25 de agosto del 2024.