Una panorámica sobre la historia del comic 

Jean Giraud. Moebius Cristal Majeur. Ilustración, 1985. Tinta china y acrílico sobre papel. 9e Art Références, París.

José Antonio Val Lisa & Daniel Pérez Artigas 

El ser humano ha narrado en imágenes desde la prehistoria. La forma de expresión secuencial se remonta a las pinturas rupestres y reaparece una y otra vez a través de los jeroglíficos egipcios, la pintura narrativa medieval o los salterios y libros de horas. La historieta tal y como la conocemos eclosiona con los medios de impresión masivos durante el siglo XX y presenta elementos formales que la definen, como son la narración múltiple o su ritmo característico. 

El cómic cuenta hoy con un alcance comunicativo que difícilmente puede lograr otro medio de expresión. Sin embargo, durante décadas su valor cultural y artístico no fue reconocido. De forma paulatina se ha consolidado como una forma de expresión que, emparentada con otras como la literatura, la pintura o el cine, ha conquistado a millones de personas en todo el mundo y ha entrado en las salas de exposiciones y en el ámbito académico. 

La exposición Cómic. Sueños e historia, que puede verse en estos días en el CaixaForum Zaragoza, propone una completa panorámica sobre el nacimiento y la evolución del cómic tanto en Europa como en América. El comic como herramienta ha constituido un espejo de la realidad capaz de reflejar los cambios de la sociedad y, sobre todo, los modelos de imaginación. Al mismo tiempo, ha sido también incentivo de esos cambios y ha aportado anticipaciones sustantivas. 

Richard Felton Outcault. The Yellow King. Ilustración, New York Journal 20/09/1896. Tinta china sobre papel.  9e Art Références, París.

Redescubriendo el comic como potencia artística 

La exposición presenta la obra de los grandes maestros universales y también de clásicos del cómic de nuestro país. Distribuida en ocho ámbitos, el visitante podrá disfrutar de 157 obras originales y una reproducción entre las que destacan decenas de páginas de los dibujantes más célebres de los ámbitos nacional e internacional. La muestra se completa con primeras ediciones de revistas y libros, así como con reproducciones digitales. The Yellow Kid, de Richard Felton Outcault; Little Nemo in Slumberland, de Winsor McCay; Terry y los piratas, de Milton Caniff; Tintin, de Hergé; Flash Gordon, de Alex Raymond; The Spirit, de Will Eisner; distintas obras de Moebius; Corto Maltés o de Hugo Pratt. Además, también se ha querido contar con la colaboración de destacados autores españoles: Paco Roca y de Ana Galvañ, responsable del cartel de la muestra. 

John Romita. The Green Goblin lives again!. The Amazing Spider-Man, nº 136, portada definitiva. Marvel 1974. Tinta china sobre papel. 9e Art Références, París.

La edad de oro del comic estadounidense 

A diferencia de lo que ocurría en Europa, el cómic en Estados Unidos nació en la gran prensa, con el objetivo de atraer la atención de niños y adultos por igual. Trató, además, de potenciar la visualidad para llegar a la enorme comunidad de inmigrantes que todavía no dominaban el inglés. La muestra arranca con The Yellow Kid, obra de Richard Felton Outcault. Considerado el autor del primer cómic moderno, a él se le atribuye ser el primero que usó bocadillos de texto.  

Con el crac del 29 se impuso, además, el sistema de estudios: agencias como el King Features Syndicate, creada por William Randolph Hearst, o el Chicago Tribune Syndicate auspiciaron la eclosión del cómic de aventuras, que posibilitaba la evasión frente a la crudeza cotidiana de la Gran Depresión. Durante ese periodo, el cómic viró hacia lo cotidiano y nacieron algunas series muy populares hasta el día de hoy.  

En el segundo ámbito de la exposición encontramos numerosos ejemplos de ello, como son Popeye (Elzie Crisler Segar), Dick Tracy (Chester Gould), Blondie (Chic Young) o Gasoline Alley (Frank King).  

El género de los superhéroes debe su gran éxito a la aparición de un nuevo formato de publicación: el comic book. Heredero de las revistas pulp baratas en las que podían leerse relatos fantásticos y de género negro, que fueron el crisol en el que se reescribió la mitología occidental y el superhéroe se convirtió en el alter ego de los sueños cotidianos de la población, a través de las distintas fases que definieron su identidad hasta los años ochenta: el desdoblamiento, la doble identidad y la mutación  triunfó en Estados Unidos en la década de 1930, primero con reediciones de tiras cómicas y después con material nuevo destinado sobre todo a lectores adolescentes.  como Jack Kirby (Capitán América, Thor, Los 4 Fantásticos), John Romita (Spider-man), John Buscema (Los Vengadores), Neal Adams (Batman) o Bill Sienkiewicz (Elektra), así como de autores centrales en la renovación radical de los superhéroes a partir de los ochenta, como Mike Mignola (Hellboy).  

Hugo Pratt. Les Celtiques, Corto Maltés, vol. 6, portada, Casterman. 1980. Tinta china y acuarela sobre papel. Galerie Champaka.

El tebeo en España, una historia por descubrir 

La historia en España empieza en el siglo XIX con algunos precursores como Apeles Mestres o Ramón Cilla y se populariza con revistas como TBO —de la que sale el nombre que aún usamos para referirnos a los cómics: tebeos— y autores como Ricard Opisso, Manuel Gago o Eduardo Vañó y su Roberto Alcázar y Pedrín. Pese a la grieta que supuso la Guerra Civil Española, se siguieron publicando revistas franquistas como Flechas y Pelayos. Durante la dictadura nacieron revistas de aventuras como El Guerrero del Antifaz o El Capitán Trueno (Ambrós), la gran comedia humana de Bruguera con Francisco Ibáñez o Manuel Vázquez, y las revistas infantiles que leía toda la población, como TBO o Pulgarcito.  A partir de los años sesenta, nuevas corrientes y autores con la voluntad de llegar a un público adulto socavaron la férrea censura franquista y prepararon el terreno tanto para el estallido del underground y las revistas de los ochenta como para el nuevo aliento narrativo del formato más extenso de la novela gráfica. 

Jack Kirby. Beyond This Planet Earth!, Fantastic Four, nº, 65. Portada. Marvel 1967.  Tinta china sobre papel. Colección particular

La renovación del comic a partir de la Segunda Guerra Mundial 

A partir de la década de los años cuarenta del siglo XX, triunfaron en Francia y Bélgica las publicaciones juveniles, entre las cuales estaba la revista Tintin y Le Journal de Spirou. En torno a estos autores encontramos diversidad de autores, historietas y líneas argumentales. La Comics Code Authority (Autoridad del Código de los Cómics), creada en Estados Unidos en 1954, y la ley aprobada en Francia el 16 de julio de 1949 sobre las publicaciones destinadas a jóvenes vinieron a limitar tanto la disensión política como la presencia de contenidos sexuales o violentos en el cómic. Contra aquellas imposiciones, en la década de 1970 se alzaron en Estados Unidos los comix, o cómics underground, unos fanzines a menudo autoeditados que se vendían en espacios de la contracultura, mientras que en Francia surgieron revistas del estilo de L’Écho des Savanes, Métal Hurlant, Fluide Glacial y (À SUIVRE). Una de las salas de esta exposición está dedicada a figuras como Richard Corben, Frank Frazetta, Jean-Claude Mézières, François Schuiten y, sobre todo, Moebius, del que se expone una doble página original de la serie Arzach, considerada una de las máximas obras maestras de la historia del cómic. 

A partir de los ochenta, revistas punteras como RAW en Estados Unidos aglutinaron a la nueva vanguardia, formada por autores como Art Spiegelman o Charles Burns, antes de que otros muchos colectivos, como L’Association en Francia, contribuyesen al nacimiento de un nuevo tipo de cómic a finales del siglo XX. Así como las experiencias de Chris Ware, Scott McCloud o Marc-Antoine Mathieu han abierto el camino a un cómic-ensayo, una nueva generación de autoras como Ana Galvañ, Laura Pérez, Marta Cartu o Marta Altieri explora todas las posibilidades tanto del papel y los nuevos recursos con nombres como Robert Crumb, Charles Burns o Charles M. Schulz. La exposición finaliza con las nuevas experimentaciones que abren el camino del cómic-ensayo o el cómic expandido, poéticas performativas, etc.  

Esta exposición es la puerta a un mundo fantástico, que cuenta con una reproducción a gran escala de 13, Rue del Percebe, así como con dos estatuas en 3D de los principales protagonistas de Astérix junto a una ilustración de grandes dimensiones creada ex profeso para la exposición para que los visitantes puedan fotografiarse junto a las esculturas. 

Cómic. Sueños e historia. CaixaForum Zaragoza. Hasta el 24 de marzo del 2024. 

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