Luis Ferrant y Llausás. Retrato de Isabel de Aragón. 1854. Óleo/lienzo. Museo Nacional del Prado. Foto. José Antonio Val.
José Antonio Val Lisa & Daniel Pérez Artigas
El retrato es un género fundamental en el desarrollo de la modernidad que se inicia en el siglo de la ilustración. Sin él, los ilustrados carecerían de una imagen de sí mismos, una imagen en la que mirarse y reconocerse, Sin él, no tendrían dónde percibir los valores que se muestran en la figura, en la percepción inmediata de uno mismo.
Tras haberse inaugurado con gran éxito en el CaixaForum Barcelona, llega al centro zaragozano la exposición XIX. El Siglo del Retrato. Colecciones del Museo del Prado, la muestra ahonda en la transformación de la imagen pública de las personas durante el siglo XIX. Son 156 obras, de las cuales 73 nunca han salido del Museo Nacional del Prado, e incluye todas las técnicas de representación sobre esta temática: pintura, escultura, medallística, miniatura, acuarela, dibujo, aguafuerte, litografía, daguerrotipo y fotografía. Se divide en ocho ámbitos: La imagen del poder, El descubrimiento de la infancia y, Identidades. La imagen de la muerte, Retratos y autorretratos de artistas, Effigies amicorum, Imágenes de escritores, músicos y actores y El artista en su estudio. Además, hay tres itinerarios distintos que el visitante puede recorrer indistintamente: técnicas artísticas, la sociedad del siglo XIX y la indumentaria.

El poder de la imagen.
Desde su mismo nacimiento, el retrato estuvo asociando a personajes dotados de un poder económico, social o político, que deseaban mostrar y perpetuar su imagen. El primer ámbito de la exposición «La imagen del poder», muestra cómo el siglo XIX se convirtió en el de las iconotecas institucionales, gracias sobre todo al Estado, que fue el que comenzó a formar galerías de retratos con el protagonismo de reyes, ministros y militares.
A partir de la ilustración, se fue abriendo paso a una nueva mirada sobre la infancia. En lugar de concebir a los niños únicamente como futuros adultos, se estimó que eran importantes en sí mismos. Principalmente a partir del Romanticismo, la infancia comenzó a verse como una etapa privilegiada en la vida de las personas, pues en ellas brillaban las virtudes de la espontaneidad, la gracia y la inocencia. Por ello, no sólo se multiplicaron los retratos infantiles, sino que se abordaron de un nuevo modo que ponía de relieve, precisamente esas cualidades. Un buen ejemplo sería el retrato infantil de Joaquín Espalter Manuel y Matilde Álvarez Amorós (1853, óleo/lienzo).

La imagen oficial de la mujer.
El siguiente espacio pone el acento en las «identidades», primero en las mujeres y luego en los hombres. Aquí, la figura de la mujer cobra especial protagonismo en este momento histórico, pues fue uno de los temas iconográficos preferidos de los artistas, hasta el punto de convertirse en género autónomo en la pintura española desde el Romanticismo hasta bien entrado el siglo XX. A pesar de la invención de la fotografía, competidora oficial del retrato artístico, este, se convirtió en una forma de distinción codiciada entre las personas de la época que podían acceder económicamente a este recurso, que vivió una época dorada en el último tercio del siglo XIX. Las clases altas (aristocracia y burguesía) deseaban retratarse a través de esta técnica, de la que se recogen varios ejemplos en la muestra: La solidez de la tradición del retrato barroco español, se rememora en este retrato de la niña Isabel de Aragón, del artista catalán Luis Ferrant y Llausás (1854, óleo/lienzo), de Federico Madrazo, exponente del retrato romántico, destacamos el de la aristócrata Saturnina Canaleta (1856, óleo/lienzo), de su alumno predilecto, Eduardo Rosales, destacamos el retrato de Concepción Serrano, después condesa de Santovenia (1871, óleo/lienzo), también llama la atención el estudio para el retrato que Philip Alexius Lászlo de Lombos llevó a cabo de Elinor Glyn (1914, óleo/cartón). Esta escritora acuñó el concepto de it girl – que se traduce como joven atractiva e influyente-, con su novela It, de la que se realizó una película protagonizada por Clara Bow. Tiene interés advertir que, junto al retrato aristocrático y el burgués, el de mujeres convertidas en modelos por los artistas por el atractivo o la peculiaridad de su imagen. Es el caso de las campesinas italianas o el de las manolas y majas en España, cuya gracia y pintoresquismo a veces es idealizado por los pintores, pero en otras ocasiones, radica un marcado carácter sensual.
En el siguiente ámbito, «La imagen de la muerte», pueden verse retratos yacentes realizados por los artistas José Nin, Manuel Poy y Casimiro Sainz. El retrato yacente, junto con las mascarillas funerarias en cera, tuvieron gran fortuna en el siglo XIX. Un papel especial lo tienen las imágenes de niños difuntos, registradas en todas las artes. Destacamos aquí el retrato póstumo de Miguelito, que el artista catalán Miguel Blay hizo en recuerdo de su quinto hijo (1919, mármol).

Artistas aragoneses.
Tres son los artistas aragoneses que figuran en esta gran muestra del CaixaForum Zaragoza. El último Autorretrato de Francisco Pradilla (1918, óleo/lienzo), el retrato de José de Madrazo (1851-1855, mármol), del escultor zaragozano Ponciano Ponzano, y por supuesto, Goya no podía faltar, con tres retratos: un estudio preparatorio para la ejecución de su gran retrato de la familia de Carlos IV, Fernando VII en un campamento (después de 1815, óleo/lienzo), y el Retrato del actor Isidoro Maiquez (1807, óleo/lienzo).
El artista coleccionista.
El último ámbito de la exposición, «El artista en el estudio», aporta una serie de representaciones de pintores en el interior de sus espacios de trabajo. En el siglo XIX, la atención objetiva a todos los elementos de la vida cotidiana, junto con la particular reflexión del artista sobre su entono inmediato y las circunstancias de su propia práctica, propiciaron el gusto por la representación de los ambientes de trabajo, es decir, de los estudios. En estas obras era frecuente la inclusión, junto a las propias obras del pintor, de las de otros artistas apreciados por él, del pasado o del presente, de copias realizadas por el propio autor o de imágenes grabadas o fotografiadas. Destacamos: Interior del estudio de Muñoz Degrain en Valencia, de Francisco Domingo Marqués (1867, óleo/tabla), y el Estudio del pintor, de Ignacio León y Escosura (1888, óleo/lienzo).
XIX. El Siglo del Retrato. Colecciones del Museo del Prado. CaixaForum Zaragoza. Hasta el 21 de enero de 2024.